EL ECO DE LA YETERIMRIA.
PERIODICO DE INTERESES MORALES T MATEMALES.
REDACTADO POR
X)oit aMoi^ueC '^iwaiS ij nlVadi^ (Don (3vtau 'Ç'iceiit i|' (Dow âeovtcio (^. ^^affecjo.
SE PüBuICA TRES
VECES
AL MES.PRtíClOS Dû SI!sCU1C!0.\.=!mi Madrid, por un mes,-5 rs. por 1res id 8. En [¡rovincin.s, [lor ircs id. 10 reales ó 22 sellos sencillos del fian.¡neo decartas. Ultramar yestraiigero, por un año, 50.—PUNTOS DE SÜS UIUCION.—Eli Madrid: En la Administración, ra le de los Caños, número 7, cuarto Inijo.—En ¡novincias en tasa de ios corresponsales"en los puntos en que
los hay,
ógirando letra sobrecorreosá favor del Administradorp, Joaquin G.
yMegia, ó bien
áfavor de
la Redacción, sita en la calle deColon,
número 12, cuarto 4."^•No se admite correspondencia (¡ue venga sin
franquear.
ADVERTENCIA.
Desde
lasegunda aparición de El Eco
hasta
lafecha, solo
noshemos cuidado de
cumplir
conlos compromisos
quela tarea impuesta
pornosotros mismos
nosha
acar¬reado; todo género de privaciones, ti ahajo
y
compromisos, lo hemos arrostrado
conalegria
yentusiasmo; tenemos pensamien¬
tos
grandes sobre la publicación de obras
de
Jelerinaria:
puesnuestro objeto solo
es surtir á losprofesores de todas categorías
con obras tan útiles al
mismo tiempo
quesublimes,
quesolo ellas
scin capacesde
po¬ner d
cualquier profesor
<'
aaltura de
su noblemisión.—Vemos
coi,atisfacción
quemuchísimos profesores, l
nosde la mejor
buena fe, acuden, sin
cet ir,á
renovar an¬ticipadamente
su$suscriciones, al paso
que oírosmuchos, olvidan
suscompromisos, sin'
acordarse
de quela Redacción de El Eco
solo se ocupa
de proteger, en cuanto está
ó sus
alcances, todos los intereses de la profesión,
Rsíamos dispuestos á seguir nuestra
marcha
hasta
elfin;
ypara, eilo, lo que nos
sobra son materiales y
capital: pero estén
spy
uros nuestros suscrilures
quenunca es
taremos
comprometidos, con aquellos
que á su debidotiempo
no renueven sussuscri¬
ciones
en laforma
ymodo
que envarios
números
tenemosespuesto.
Los
señoressuscrilores
quehayan hecho
suspagos por
conducto de tos corresponsa¬
les creados en
octubre último, tendrán la bondad
de recordar adichos comisionados
la remisión delimporte de
susabonos;
puesto
que, con rarasescepciones,
nohan
sido recibidos
enlà Adrninislraeion
de El Eco.EL
SIGLO MEDICO Y LA VIGILANTE.
Cuando en el ni'iraero 78 de El Eco inserta¬
mos el
reglamento de la Sooicdad protectora de
ios
profesores de ciencias médicas fifulada la
VrGii.ANTK muy
ajenos
noshallábamos dé
pre¬sumir sin ñera que ese
[tensamiento honroso de¬
jase de
s j-acatado
portodos los hombres de
bien. Pikiiera reconocerse en él mas 6 menos
oportunitlad refiriendo
su¡ilanleamiento ai
ac¬tual estado de divorcio en que se encuentran las
aspiraciones de ios médicos, cirujanos, far¬
macéuticos y
veterinarios
conlas humillaciones
y
véjámenes
quesufren
enlos puehlos, lo cual
vieíie á ser para
la Sociedad
unoiisláculo
pocomenos qnq
insuperable. Mas
suponerrisible el
49G EL ECO
proyecto hasta el punto de hacerlo objeto de
una
fjaceliUa chusca,
comolo ha verificado el
Siglo médico en su número
108, francamente,
no nos habla ocurrido que
pudiese suceder.
Por fortuna no es el Siglo .médico el
intérpre¬
te mas fiel de lossendinientos que
animan á los
médicos,cirujanos
yfiirmacéuticos establecidos
en las
poblaciones:
quede serlo tal, el raomei-to
de una lucha moral fratricida dataria sin
duda
desde laaparición de la gacetilla mencionada.
—Ya en otra ocasión dimos la voz
de alerta á
los veterinarios para que no
fiaran demasiado
en la prensa
aristocrática de la medicina huma¬
na; pero
jamás llegamos á sospechar que su ar¬
rogancia rayaría
enlo gracioso;
nopercibíamos
que
el Siglo médico tuviera el huen humor de
rlioertirse á costade la Veterinaria.
¿Preíeudió,
acaso,el Siglo médico llevar la
desunion á los
profesores
que gananel sustento
á fuerzade sacrificios en su vida
práctica? O
esque
de
veras seconsidera autorizado
parareir
en nombre de la Veterinaria?—Si lo'
primero,
inútil
gacetilla la
suya;el médico,
comoel ciru¬
jano,
comoel farmacéutico,
comoel veterina¬
rio,
cuyamisión
es enlos pueblos la de
conser¬var al hombre su salud y su
riqueza,
novi¬
ven una vida falaz,
seductora
yambiciosa cual
muchos
periodistas, sinó
que, porla naturaleza
de sus faenas, por
la identidad de
sussufrimien»
los, por
el objeto final de
sumisión, tienen unos
mismos goces,
esperimentan iguales necesida¬
des,
se conocenperfectamente
unosá otros, sa¬
ben todos
apreciar
muybien la inmensa distan¬
cia que separa
á
unescritor aristocrático de los profesores
que comenel
amargo pande los pueblos,
ymiran
condisgusto toda máxima
or¬gullosa
quetienda á desatar el lazo de amistad
pura que
los
une,única defensa
queles
esdado
oponer
á las demasías é injusticias de
que co¬munmente son víctimas. Lo que.
hace,
pues-faila á los pi
ofesores
esmejorar
susituación pi'ecaria,
y como unodo los
maspoderosos
me¬dios do
conseguirlo, procurarles union
paradar
les fuerza; no
gacetillas
quelos enemisten
yde
biliten liacióadolos reir. ---Si lo
segundo,
esde-
.cir, si tau lloro es
,cl león
comoel lùismo
se.[iluta,, dcb.emos confesar
queel Siglo médico ha
estado en un-error al escribir su
gacetilla; del
cual no nos seria sumamente dificil sacarle, á pesar
de
que somos veteiinarias, comprendidos
por
tanto
enla gacetilla del Siglo, Pero respete¬
mos nosotros bastante á la ciencia, la amamos de tal
modo,
queespontáneamente
nosconte-
ueiuos en un limite
decoro^, á fin de evitar
cuestiones
desagradables,
yde^ trascendencia,
funestas tal vez.
Y..aunque, realmente la profe-
■sion veterinaria no contase un solo
hijo digno
porsu
ilustración de ingresar
en unaasociación médica,
aun cuando losprofesores todos de
me¬dicina, cirujia
yfarmacia
superasende
una ma¬nera
incomparable á los veterinarios
en conoci¬mientos
científicos,
lo cual está muylejos de aproximarse á
serexacto; aun entonces,deber
era del Siglo médico confesar que
la Veterinaria
esel
punto de partida, inevitable, de la medici¬
na
humana,
yclamar
porel desarrollo
yconsi¬
deraciones de nuestra ciencia en
España,
en vez de ridiculizarla en sus modestas empresas.Nos¬
otros, que no
estamos roídos
porel
giLsunode ninguna precaución ni dominados
porpasión al¬
guna.
hemos declarado
consencillez,
yvolve¬
mos á
consignarlo,
quelos veterinarios españo¬
les somos, en
general,
menosinstruidos
quelos médicos;
pero no noshallamos precisados á prestar
nuestroasentimiento á la posición
en queel gacetillero del Siglo médico le agrade
co¬locarnos. Si a! Siglo le parece otra cosa,
espli-
quese, y nos
entederenios.
Esperamos,
porconsiguiente,
queel
Siglomédico cuidará en adelante ue no escribircon
tanta
ligereza
susgacetillas,
que no, por serchistosas, dejan de plantear ¡iroblemas
cuya re¬solución habría de ser
algo concienzuda.
Viniendo ahora al tema que masnos
incumbe
sobreemitir nuestra
opinion
acercade la Socic-
dad La
ViGiL.ANïE,
pocodlromos
que no se en¬cuentre
implícitamente contenido
enlo
que ya hemos sentado:Aceptamos la asociación, la
con¬ceptuamos
justísima
yllena de dignidad profesio¬
nal; mas ¿es
posible?
¿esamultitud de profeso¬
res ([ue vagan
desamparados de toda protección legal
ysocial, sin
pan quellevar á la b.
cade
sus necesitados
hijos, sin
esperanzafundada de
que su
ciencia ni la moral
masrígida los colo¬
que
al abrigo de la miseria
quelos aniquila, podrán
tenersuasiento
enLa Vigilante? Y si
á esto se agrega
el estado de aberración de los pueblos
quetodos lo
posponená
susintereses pecuniarios,
enla
maneraengañosa
comolos
consideran
¿hay siquiera indicios de
quelos profesores asociados
seanpreferentemente
aten¬didos en las vacantes?—Contesten á estas pre¬
guntas los individuos del comité de Daroca,
cu¬yas
escelentes tendencias
nuncaserán bastante elogiadas:
quecontesten tantos profesores des¬
graciados
quelloran hoy
suheróico afecto á la
virtud.
¡Ah! rubor
causadecirlo,
pero escierto:
la inmoralidad es-la señora del
mundo,
y no existe unaley enteramente protectora
parael
hombre honrado!.... No queremos
estendernos
en reflexionesde esta
especie,
quetorturan el alma,
ydejan
un granvacío
en,dos,
corazones nobles.Así,
veanlos
señoresdel comité de Daroca
qué solución ha de darse á
esadificultad
enormecon que
tropezamos; é inmediatamente
nosten¬
drán de su
parte práeticamente, del mismo
mo¬do que
ahora
nostienen
porsimpatia
enlo
re¬lativo á sus buenos deseos.
Las reformas, para ser
aceptables, han de
serposibles; de lo contrario,
nohacen
mas quetra¬
zar el camino á nuevos
desengaños,
querflíitan
la fé y
ocasionan, andando el tiempo,
unade¬
sesperación cruel.
klgunas reflexione sobre la tisis
enVeterinaria, (t)
Para
probar las proposiciones
queacabo de sentar, despues
deestablecer algunas consideraciones
getie rales relativas ála frecuencia y gravedad de laafec¬
ción, que nos ocupa, pasaremos á hacer mi
estudio
detenido de las causas, analizaremos ei valor respec¬
tivo de los síntomas, estudiaremos las lesiones ana¬
tómicas en todos los
[leríodus de la enfermedad,
daremos á conocer la influencia que este ó aquel
método
terapéutico-ejercen
en su curación; y, por último, recurriremosá laobservación de
loshechos
y álosesperimentos, áfin de concluir si la tisis
esó
liohereditaria y contagiosa, como se
ha pretendido
por muchos.No medetendré mucho en la historia deesta en¬
fermedad tei'iible,
limitándome
á d.jcir que desde los tiempos mas remotos hasido conocida
en algunaclase de animales, y que
desde el principio
de la ere cristiana pudo notarse yala
tisis en lasvacas; mas, á pesardel estudio de
quefué objeto
en aquellos tiempos, hubode confundírsela
con las afcciones crónicas de lapleura
ydel pulmón,
y esclusivamonteá los desvelos y
trabajos de los cientítici-s de
nuestro siglo se debe el hallarnos en la via po-shiva deldiag¬
nóstico, merced á los
preciosos
medios depercusión
y auscultación que hoy poseemos.
Aflige
con harta frecuencia, y mas estraordiñafiamente que á ios demis animales, la tisis pulmoiial al ganado vacuno, reeoaociendo ene^tos individuos por
causa mas especial la gran cantidad de leche que se estrae á las vacas destinadas al efecto.
Las consecuencias funeslas de la tisis, asi como la
impotencia
de nuestros recursos terapéuticos para combatirla, tienen unaesplícacioa
senciila, que sede¬
duce de laestructura,
funciones
y situación del ói- gano afectado ; porque ,situado
est; de modo que- coiitinuamcHte se halla en reigcion con su escitaiitefisiológico
desde el primer momento de la vid.i es-irauterina;
desempeñando uno de losprincipales
pa¬peles,
enel ejercicio dela organización , sin cesar un soloinstante en sujíuncioues;
unido porsimpatías
e.strecha3 á la
piel,
al SiSlema mucoso, al nervioso j â toda la economia en general ; muy sensible,como es, álas influencias atmosféricas, y compuestode
una multitud detejidos,
entre los quepredominan
el sis¬tema vascular y el elemento celular, en virtud de
todas las condiciona.s importantes en que se encuen¬
tra, sus padecimientos tienen que ser do trascen- (I ) Véisoel númure 79 ih; El Eco.
denciasuma parala salud, enestremo rebeldes á lo' diversos tratamientos que contraellos se
emplee.
. Efectivamente: las
simpatías,
que hemos dicho existen en el estadofisiológico,
se hacen mas intimasen el patológico, convirtiéndose asi el pulmón en un centrode
fluxion,
especialmente .sanguíneo; yde
aquí las congestiones que se fijan al rededor de la materia tuberculosa; pasando estas congestiones à ser infla¬maciones
verdaderas,
lascuales aceleran el reblande¬cimiento de los tubérculos, y producen reacciones febriles, cuyas
complicaciones
hacen corr r à laen-lermeJad sus períodos con gran rupidéz. Por otra parte, predominando en elórgano afecta lo el tejido
celular yel sistema vascular, el
primero,
á causadesuinflamación suministraabundantesupuración, que, ab.sorbida por el sistema va"cdar, a-i corno la ma¬
teria tube culosa, es pue.da en con'a.t> confos demás tejidos de la economía.—La absorción de estos lí¬
quidos
perjiidiciales
lleva al seno de los órganos lacausa de su destrucción, recogida en el primitiva¬
mente enfermo, lié aquí cómo tienen lugar esas afecciones tubercubsassecundarias de las
meninges,
del cerebro,
hígado,
m senterio y demás anejos del aparato digestivo; afecciones que, aun-jue secun¬darias, complican á la primitiva y ofrecen por sí bastante
gravedad.
—Olra de las circunstancias que agravan estaafección,
es que la sangre se p.resenta muy serosa y despojada de susprincipios
nutritivos yreparadores,
efecto de la alteración efectuadaenlas dos fuentes de nutrición y
de
vida, la liematosis yla digestion (ésta
de unamodo secundario, aunque importante, aquella de una manera profunda y pri¬mitiva); viniendo
á com¡ilicar tan lamentable estado la demacración general, las diversas liidrope.sfas é hiperlieimas m.-cánicas, las frecuenteshemoptisis,
la espectoracion, los sudores abunJautes, las diarreas colicuativa-^, y,finahn.jnta,
la posir, c ui profundi dl1 sistema nervioso, producida por todas las causas enumeradas y por los dolores continuo!, que abaten y consumen—Es cosa bien sabida de todos que con mayor proulitud mata una gran pérdida de sensibi¬lidad que unahemorragia espantosa.
Si a las consideraciones espue-^tas añadimos que
uuo de losórganos mas interesantes para
la vida
se halla alterado en sus funciones ydesorganizado
ensueslruciiira; que de continuo está e.scitado por su verdadero estíinulanle, sin que sea posible facilitarle algun descanso en sus
funciones,
veremos que el es¬tado morboso que nos Owiipa esde los mas graves, y caíi
imposible
hallaren la terapéuticaunmedicamento queobre
dinámica y materialmente sobre él jirocu- rando su rehabilitación.Comprobada
lagravedad
déla
tisispulmonal,
pasemos ahora al e.xámea de sus causas mas co¬
nocidas.
Los
monógrafos
quemejor
lo han estudiado de¬signan como causas
predisponentes
de la tisispul¬
monal eltemperamento linfático en los
caballos,
el de aquellosque e.-íperimentan un acrecentamiento ydes¬arrollo
rápido
en suorganismo,
recorriendo losperíodos
de su vida con suma prontitud, de prefe¬rencia aun, los que tienen mas ardores que fuerzas
498 EL ECO
físicas; la
conformación de
unpocho aagoslo y vien¬
trelargo y
estrecho; el abuso escesivo do la coîiabi--
tacion.—Entre las oluisas
ocasionales deben
serin¬
cluidas to'as aquellas que
producen
unaescitacion
masó men>s activa en el aparato
respiratorio, tales
que la
inspiración de polvos
y gasesirritantes, las
fuertes contusiones y
viole ici
isesteriores, la aplica¬
ción repentina
del frió.—•De.spue.s de las causas pro disponentes individuales, colocamos en primer lugar
elclima, laslocalidadesy la
alimentación,
porejercer
nn inOiijo mas
directo
enla formación de los tu¬
bérculos. Con efecto, la observación atenta
de los
hechos nos demuedra: primero, que
los animales,
cuando son traslariados de la zma tórrida á
las
re¬giones
sefitentrionales, casi todos
perecenvictimas
déla afocciou lub-j;enlosa; la cual, per
el
oontrano,cuando se desirrolla en e.slos últimos elisias,
des¬
aparece
bajo
laiuüuencia de los pi'imeros
;segundo,
casi todos lo3 antrailesque,
trasportados de difereu-
t-.s climas, soencierran en las casas
da fmras ó
son reducidos al estado domédicD, sufren la inisiiu en fermed.id; tercero, lo.sanimales carnívoros están
mas á salvo de los tubérculos que los
herbívoros:
pues que
de
estosúltimos, los
que sealimentan do
<iierta clase.de
vegetales
quecontienen
uocisp.artl-
cuíis nutritivas adqiieren una
ooiislitucion débil.—
Es indudableque, obrando
sim iltáneamente ó
aso¬ciadasencierto número estascausas, convierten,con el tiempo, en
escrufulosos
ytísicos á animales que
anteseran robustosy
bien constituidos.
(Se continuará.)
AIlB.TRAíllEDAD.
El
digno
ybenemérito profesor don Manuel
Martin ha sido
objeto reciòtitèmeute de tina des¬
atención escandalosa
cometida
porel gobierno
civil de
Pamplona. Mas
esel
caso que nosola¬
mente elseñor Martin sinó que
toda la clase
se ha vistoperjudicada
enla postergación ridicula
(jue
nuestro a¡:reciabie,comprofesor denuncia.
Fuerza es decirlo: so necesita una regenera¬
ción
completa
ennuestra patria, si
undia he¬
mos de ser tan
afortunados,
quela miremos emancipada de
esosaltos funcionarios capricho¬
sos y
í'aiitáslicos, quienes asi juegan con sus
destinos, como unniño
con unpájaro,
enmala
iiora confiado á sus manos'.
Lo
dijimos.ya otro dia:
ennuestra feliz nación
un militar, un
aborjado puede legislar sabiamen¬
te sobra Veterinaria, sabre
toda— Pero
¿enqué quedamos? Es
que,si aspiramos á alguna posi¬
ción honrosa, á ganar
nuestro sustento
condig¬
nidad y
trabajo, hemos de trasformarnos en pé¬
dantes
iuútije.s;
enmiseimbles criaturas?—Por-
({le,
á :1a verdad, el hombre probo, inteligente
y
laborioso está, eontinuaniente sufriendo contra-
l
iéinpos,
queliedpn sin cesar á separarle de los
[)ñn''ipios deda moral
massana. '¿Dónde existe
la virtud
premiada,
■donde la justicia rodeada
de su
inagestad augusta, donde recompensado
el mérito?
¿Qué
sepretende de los veterinarios?
¡Cerrad las Escuelas, oh sacerdotes de la arbi¬
trariedad! Declarad que nos
habéis engañado;
que
las leyes
son unamentira;
quevuestro po¬
der tienederecho á bnriárse de la
humanidad, eslfbpaz de contrarestar, de destruir los axio¬
mas mas santos encarnadosenla
universalidad
de las conciencias!
Pobre
España!tí Eres
untriste ejemplo de la
república de los organistas, del mundo al revés.
Por tolas parles se
encuentran
entu sociedad
un Cristoval Colón,
siendo examinado
porlos
S.iPIKNTÍSLMOS doctores de
Scilamanca!
Pero noes
[)osib!e
queel señoi' gobernador
civilde
Pamplona haya obi'aado
contanta ce¬
guedad,
conabsurdidez tanta, contra
unprofe¬
sor escelente, contra una
clase
y unaciencia,
cuyos
títulos al respeto público, cuya iuiriedia-
ta infl lencia so]3rc ía
riqueza geueral
sonevi¬
dentísimos; es
imposible
quehasta tal punto
desconozca las
leyes vigentes
enla materia des¬
de los años 1800 y
1802,
paraasi violen¬
tar, matar su
e.spiícito sentido. No! El señor gobernador de Pamplona habrá sido sorprendi¬
do indudablemente, acontecimiento á que
están espuestos
coafrecuencia los altos funcionarios;
y
esto
noshace confiar
enque desplegará todo
el
rigor dn la justicia para
connuestro compro¬
fesor
toiqxímente ofendido. Y nosotros que co¬
nocemos
perfectamente las adrnirables dotes
del señor don Manuel Martin, bien se
le consi¬
dere
bajo el aspecto científico, bien bajo el pro¬
fesional ó ya como
hombre privado, no pode¬
mos menos de recomendarle á la
protección del
señor
goboi'iiador civil de Pamplona.
No obstante, para
el
casodesgraciado, aun¬
que no
presumible, de
quesu súplica fuese des¬
oída, aconsejamos al señor I\Iartin
querecurra
al señor ministro del ramo,
pidiendo
que seto¬
men informes dela .Ycademia
central española de
Veterinaria.
Ved
aquí, comprofesores,
enrelieve la debi¬
lidad de nuestros esfuerzos
aislados, la
perspec¬tiva que
ofrece
unaestensa asociación acadé¬
mica.
Copiamos á continuación la esposicion que ha
presentado el señor Martin,
paraqué
sevenga
en conocimiento del suceso que
lamentamos:
M. Y. S.
Don Manuel Martin,
profesor veterinario de 1." cla¬
se y
vecino de Vallierra, á V. S.
Conel debido respeto
espone;
Que e.stablecido hace
ailos en esta[irovlncia
como tal veterinario, se ha
ocupado
conasiduidad
yconstancia encuestionescientíficas refenlesal fomentoy mejora de la cria
caballar
enla misma.
Asi es, que
desde
queel Gobierno de S. M. régla
racivló en los años de 18i7 y
18i9 las disposiciones
necesariasá ese objeto,
planteando
encada provincia
las reformas conducentes, desde luego se
le nombró
para
inspeccionar
comoveterinario las de su distrito, y
en el 1850 sele dió el carácter
de delegado
paravisi¬
tartodas las
casas-paradas,
cuyo cargodesempeñó lle¬
vandoá sus órdenes al áibéitar
don Andrés Agustino.
En el de 18.5'1. recaída la
delegación
endon Javier
María Azcona, fué asociado á este como
veterinario
para estas
visitas,
y en esaforma ha permanecido hasta
el presenteaño.
Cuales hayan
sido los servicios
que en esecometido
ha
prestado,
ycual la asiduidad y celo con que los ha
cumplido, lo acreditan bastantemente la conlirinacion
(]ue en
todos
esosaños h.i merecido en su cargo, y el
testimonioque no teme
invocar de
esemismo G. C. del
citado señor Azcona, y
de la
juntade Agricultura, á quien tiene |)resenlada
unainstructiva memoria sobre
losmedios de mejorar la ciia
caballar.'
Asi es, que se
ha encontrado dolorosamenle
sorpren¬dido, cuando ha
llegado
áentender
que parael
año actual ha sido nombrado, comoveterinario, el
yarjfe-
rido albéitar don Andrés
Agustino
conel delegado
se–or Azcona.
Bajo
cuahiuier
aspectoque semire
esenombramien¬
to, el espolíenle se
halla
enel imprescindible deber de
reclamarcontra él, no menos por respetos
de sí mismo
como hombre cientillco, que por
los fueros de la prole
sion en
general,
yderechos
quedemarcan las reales dispisiciones vigentes.
El su[)liciinteen
lo
queá sí propio concierne, sólo
recordará esos
precedentes
que sedejan consignados,
y deplora, con amargura, que enel hecho de liabersele despojado de
su cargo, que creeha desempeñado dig¬
namente, sedé lugar á
presumir
queóno loha servido
con la e.\.actitud debida, ó ha practicado hechos que
le
hacen desmerecer de la confianza para
dicho
cargo necesaria.Y. S.
comprenderá
cuangrande sentimiento escita
en un
profesor la posibilidad de
esacreencia;
y conla
lealtad que
le
es[tropia
aseguraaquí,
queella
es una de las causas masinfluyentes
enla presentación de
esterecurso.
Y mayor
todavía
sehace
eseinflujo, cuando mirando
por la
profesión
queejerce,
y carrera queha seguido
en estudios especialesse encuent'a con que
el indica¬
do
Agustino, encargado de la misión
que seha dicho
ya, no es mas que un
albéitar herrailor
perosin título
de
profesor veterinario, ni habiendo seguido los eslu¬
dios de la facultad enlasescuelas creadas.
Posponeren esa manera
al cientílico
es tanto como rebajarle en su carrera,asimilándole
áquien,
pormuy entendido que serpueda
comopráctico,
notiene apti¬
tud legal para
el desempeño de
estacomisión.
Los reales decretos de 19 de agostode
1847
ylodefebrero de 18oÍ organizadores de la instrucción del
ramo, establecieron profesoresde 1.'^ clase, cual loes
elesjionente, cuyas
facultades
sedetallan
enlos
artícu¬los 16 y
17; profesores de 2.",
cijya partede ejercicio
esmas,concreta; y
albéitares herradores,
que selimi
tan á lo que su
propio nombre
espresa.Entre las facultades y
prerogativas de los profesores
de 1." clase, figura la
de ejercer la ciencia
entoda
su eslension, no solamente parala
curación,si
tainbienpara la cria
multiplicación
ymejora de las
razas, qnees laciencia,
posteriormente reducida
áreglas deter¬
minadas, bajo
el nombre de
zootecnia: enla cual ha he¬
cho el esponente sus
estudios
yprobado,
anteel tribu¬
nal competente, su
aptitud, logrando
por estemedio
el título de profesor
veterinario de 1.® clase, á la
vezque
Agustino
no cuenta con. eseprecedente
tan aten¬dible.
V. S.en sumlta penetración comprenderá que, como
seha indicado mas arriba, tanto las
preeminencias del profesor
comolas leyes
yreglamentos del
ramo, se re¬sientende la injusta
postergación del suplicante,
que volviendo porellas y por símismo
yapoyado
én sutí¬
tulo, en susserviciosy
trabajos
anteriores, confiaen que Y. S. sabrá hacerjusticiaá lasconsideraciones espues¬tas, y por lo tanto
A. Y. S. Suplica que en justo
desagravio del
inme¬recido grado en que se
le
coloca, se sirva revocar elnombramiento hechoenfavor de don Andrés
Agustino
y otorgarlo
al
recurrente, puestoqueal primero
no leautoriza la ley para ejercer el cargode
visitador de paradas, antesle escluye,
encuyoúltimo
caso no se halla el esponente.Dios guarde á
Y.
S. muchos años.Pamplona 14
defebrero de l8o6.
LEY DE SANIDAD.
PUBLICADA EN LA G,rCETA DEL DIA7 DE
D1C1EMBRE|DE 18,00 (CONTINUACION.)
Art. 80. Con el objeto de prevenir, amonestar y calificar las faltas que cometau los
profesores
en el ejercicio desus i'espeotivasfacultades,
regularizar enciertos casos sus honoraiios, reprimir todos los abu¬
sos profesionalei á que se
puede dar
múrgen en la práctica, y áliu de
establecer una severa moral mé¬dica, se organizará en la
capital
de cada provinciaunjurado médico da calificación, cuyas atribuciones, deberes, cualidades y número
de
los individno.s que lo compongan, se detallarán en unreglamento
quepublicará el gobierno,
oyendo al Consejo
de sa¬nidad.
CAPITULO XIY.
Sahre
espendicion de medicamentos.
Art. 81. Solo los farmacéuticos autorizados con
arreglo á las
leyes
jiodrán espender en sus boticas medicamentos simples ó compuestos, no pudiendohacerlo sin receta de
facultativo,
de aquellos que porsu naturaleza lo
exijan.
Art. 82. Lasrecetas delosprofesores no con¬
tendrán abreviaturas, tachaduras, ni enmienda algu¬
na, y espresarán con la mayor claridad y sin hacer
uso de signos, en
palabras
castellanas ólatinas,
el número, j'eso ómedida
di los medicamentos.Art. 83.
Tampoco
despacharán los farmacéuti¬cos medicamentos heroicos, receladosencantidad su¬
periorá la que
fijan
lasfarmacopeas
ó formularios y àla que laprudente-
prácticaaconseja,
sin consultar antes con el facultativo que suscriba la receta.En caso de que no hubiera
equivocación,
yde
que el facultativo insistiese eu que .sedespachase
la dósis reclamada,pondrá
al pie de la recela, para garantíaI del
farmacéutico, la siguiente fórmula:
500 EL ECO
«Ratiiîcadala receta áinstanciadel
farmacéutico,
despácliesebajo mi responsabilidad.»
(Aquí
sufirma).
Estasrecetas quedarán
siempre
enlas oficinas de
farmacia.
Art. 8i. Se
prohibe la
ventade
todo remediosecreto. Desáe la
publicación
de estaley caducan
yquedan
derogados todos
losprivilegios
ópatentesquese hubieran concedido para su elaboración ó venta*
Art. 83. Todo el que poseyere
el
secretode
un medicamento útil y no
quisiere publicarlo
sin re¬portar algun
beneficio, deberá
presentar la receta algobierno,
con unamemoria circunstanciada de los esperimentos
ótentativas
quehaya hecho
para ase¬gurarse de su
utilidad
enlas enfermedades
á que seaplique.
Art. 86. El gobierno pasará estos documentos
á la Academia Real de medicina, para que, par me¬
dio de una comisión de su seno, se examina el medi¬
camento en cuestión,
oyendo
alautor siempre que lo tenga porconveniente.
Art. 87. Sihechos todos los esp
■rimcntos
nece¬sarios resultase que el
remedio
secreto fuese útil á la humanidad, la Academia, al elevar su informe algo¬bierno,
propondrá
la recompensa con que crea deba premiarse á suinventor.
Art. 88. Si el autorse conforma con la recom¬
pensa que
le
otorgueel gobierno,
se publicará la re ceta y un estractode
losensayos é informe redacta¬do por
los comisionados;
á fin do que el descubri¬miento tenga la
publicidad
necesaria, y pase áfor¬
mar parte de las
fórmulas
de lafarmacopea oficial.
Art. 89. En caso deno conformarse con la re¬
compensa pi'Opuesta pwr
la Academia,
pasará el es¬pediente
alConsejo
desanidad
para que dé su dicta- men antes de la resolución final del gobierno.El
gobierno publicará
á la mayorbrevedad
lasnuevas ordenanzas de
farmacia,
poniéndolas en ar- monia con la presente ley.CA.P1TÜL0 XV.
De los
Inspeetores de géneros medicinales.
Art. 90 Eu las aduanas del reino, que
el
go¬biernocaiifiipue de primera clase, habrá dos
inspec¬
tores de géneros medicinales que serán doctores ó licenciados en la facultadde
farmacia,
en las i'estan- tcs no habrá mis que un inspector.Corresponde el nombramiento
de estosinspectores
al ministro de la Gobernación, dando conocimiento al de Hacienda.
Art. 91. Las
drogas medicinales
ylos productos (juimicos serán reconocidos
y analizados porlos
ins¬pectores,
prohibiéndose
comoabusivos los
reconoci¬mientos en pueblos del tránsito.
Art- 92. Cuando los nombres de los
géneros
medicinales ó productos químicos vinieren cambiados paradefraudar los derechos de
lahacienda,
ios ins¬pectores
lo participarán
álos administradores
delasrespectivas aduanas
paralos efectos
convenientes.Si las
drogas
óproductos
químico?llegasen
falsi¬ficados ó
alterados,
y su aso en la medicina pudieraser
perjudicial
á la salud, losinspectores aconsejarán
su
inutilización;
pero nunca se llevará á cabo esta medida sin consultarse antes porel administrador de laaduana á lajunta
provincial desanidad.CAPITULO XVI.
De los
facuUaltvos forenses.
Alt. 93. Interin se realiza la formación de la clase úcuerpo de los facultativos
forenses, ejercerán
las funciones de tales en los
juzgados
los profesores titulares resilentes en las cabezas de pai-tido: á falta de estos, los profesores queelijan
ios respectivosjueces
de primma instancia, á propuesta delasjuntas municipales
de sanidad, teniendo en cuenta para esta elección los mayores méritos científicos de los quehayan
de ser nombrados para este cargoArt. 94. En las capitales de provincia donde
haya
audiencia senombrará por los gobernadoresci¬viles,
á propuesta delajunta
provincial de .sanidad,unasección consultiva superior de facultativos foren¬
ses, compuesta de tres profesores de medicina y
dos
de
farmacia,
encargada de los dictámenes, reconoci¬mientos y análisis que para el
mejor
acierto en los fallos dejusticianecesitan las audiencias.Art. 95. A los profesores encargados
del
servi¬cio
médico-legal
se les abonarán los derechos que por lasleyes
arancelarias se les señalen; lo mismo quelos gastos dedrogas,
reactivos y aparatos que necesiten para los análisis, esperimentos yviajes
quese les ordenen.
Los honorarios ygastos de los
espresados
profeso¬res se pagarán del prosupuesto estraordinario de graciay
justicia,
para io que se consignará en el mismo la cantidadcompetente.Un reglamento especial, que
publicará
el gobierno,establecerá la organización, deberesy
atribuciones
delos facultativos forenses.
CAPITULO XVI;.
De los baños y aguas
minerales.
Art. 96 Los establecimientos de aguas y
baños
minerales están baj) la inmediata
inspección
yde¬
pendencia del ministerio de la gobernación.
Un
regjarnjnto especial,
que publicaráel gobierno, oyenlo antes alCousrjj de sanida
t, mareará las ba¬ses p irque deban regirse estos establecimientos, su
clasificación,
las circunstancias, calidad y atribució-nes de los
profesores,
asi como lasobligaciones
yde¬
rechos de losdueños de estosestablecimientos.
Art. 97. Hasta laaprobación y
publicación del
nuevo
reglamento,
regirá el de3
do febrero de 1834 jlas di-posiciones
superiores que esténvigentes.
CAPITULO XVIII.
De la
higiene pública.
Art. 98. Las
reglas higiénicas,
á que estaránsujetas
todas laspoblacicnes
delreino,
seránobjeto
Je un
reglamento
especial, quepublicará el gobierno
ála mayor
brevedad oyendo
antesal Consejo de
sa¬nidad.
CAPITULO XIX.
De la vacunación.
Art. 99. Los
ayuntataientos, los delegados de
medicina y
cirujía
ylas juntas de sanidad
ybenefi¬
cencia tienen estrecha
obligación de cuidar
sean va¬cunados oportuna y
debidamente todos los niños.
Art. 100". Los gobernadores civ les
tendrán
es¬pecial cuidado de reclamar del gobierno, cuando
sea preciso,los cristales
con vacuna quenecesiten j
y que distribuirán entro las corporacionesbenéficas
para que seaninoculados gratuitamente los niños de
pa¬dres p
bres.
ARTICULOS ADÍCIONALES.
Art. 101. Q leda autorizado el ministro de la Gobernación para suplir del tesoro
público,
áfalta de
suficientes ingresos por los derechos sanitarios, las
cantidades indispensables que haga
preciso
el servi¬cio sanitario que ,so establece poresta ley.
Art. 102. Quedan
derogadas todas
las leyes, reglamentos y reales órdenes que se hayandado
res¬pectoá
sanidad
yal ejercicio
delas profesiones
mé¬dicas queestán en oposición con lo
prescrito
en la presenteley.
Por tanto mandamos á ledos los gefes, tribunales
y
autoridades
civiles, militares y eclesiásticas,de
cualquiera clase ydignidad
, que guarden y hagan guardar,cumplir
y ejecutar lapresente ley en todassus partes.
Palacio veinte y ocho de noviembre de mil ocho¬
cientos cincuenta y cinco.—YO LA REINA.—El
ministro dé la
Gobeimacioii,
Juliande^IIaelves.
TARIFA UE LOS DERECHOS DE S.ANIDAD QUE SE EXIGEN EN LOS PUEBLOS Y LAZARETOS DE ESPAÑA.
Derechos de entrada.
Los
buques
decabotaje,
mayoresde 20
toneladas, pagarán porcada
una enviaje
redondo,25
céntimos de real.Los buques
procedentes
de los puertos del Medi- tcrráneo, y demáspuertos deEuropa, incluso
ellito¬ral de Africa hasta el paralelo de las Islas Canarias, pagarán por tonelada y
viaje redondo 50
céntimosde real.
Los
buques
de las demásprocedencias satisfarán
en cadaviaje un realpor tonelada.
Derechos de cuarentena.
Los
buques
de todas clases satisfarán 25 céntimos de real por tonelada cada dia de cuarentena,asi
en los lazaretos sucioscomo enlos de observación.Derechos de lazareto.
Cada personasatisfará por derecho
de
estancia en el lazaretocuatro reales diarios.Los géneros que
hayan de
purgarsesatisfarán
por efmismoconcepto:La ropa y efectos de
equipaje de cada individuo de
la tripulación, cinco reales;
La ropa yefectos de cada
pasajero,
diez reales;Los cueros ó pieles de vaca, seis reales el
100;
Las
pieles finas
seis reales el100;
Las pieles de cabra, carnero, cordero y otras ordinarias de animales pequeños, dos reales el
100;
La pluma, pelote, pelo, lana, trapos,
algodón,
li¬no, y cáñamo, un realcada quintal;.
Los
grandes
animales vivos, como caballos, mu- las etc. ocho reales cada uno;Losanimales pequeños, cuatro reales.
Derechos de
patente.
Las patentes se
espedirán
yrefrendarán
grati.s.Advertencias.
Los buques cuarentenarios costearán porseparado
los gastosque ocasione la
descarga
de los géneros,su colacacion en los cobertizos y
tinglados
y su es- purgo.Igualmente
pagarán porseparado
losgastos que ocasione la aplicación de las medidas higiénicas que deban practicarse antes de la partida ó el arribo de lasembarcaciones,
segúndepongan
losreglamento!,
ólo
oxiji
el estado del.buque.Para estas operaciones se proporcionarán á los buques todas las facilidades
posibles,
no haciéndose gastoalguno
sin conocimiento ó intervención del ca¬pitán, patron 6 consignatario.
Las personas que hagan cuarentena en ios lazare¬
tos, costearán los gastos que
ocasionen,
pues que loscuatro reales diarios que á cada una se exijen, no
son mas que un d recho por
la residencia.—Huelves.
VINDICACION.
Tenemos á la vista un comunicado de don José Ve¬
lazquezy
Salinas,
veterinario deprimera
claseéhijo
del profesor de
cirujía
establecido en Ciruelos cuando este pueblo fué invadido por el cólera.El comunicante alude á la especie vertida en el folletín del número 76 de El Eco, en donde se
dijo
que su señor padre
(el cirujano) habla desamparado
de asistencia facultativa al mencionado
pueblo;
y, almismo
tiempo
que ofrece pruebas quedemuestren la absoluta inexactitudde los datospresentados
á esta ledaccion por el señor Caravaca, toma también la ofensiva contra este rofesor ydenuncia indisculpa¬
blesfaltas que le atribuye.
Nos abstenemos de insertar el comunicado del se¬
ñor
Velazquez,
con el objeto de no exacerbar el áni¬mo de loscontendientes; y
advertimos
ahora que niuna sola letra aparecerá mas en El Eco relativa á esta