Li miNimi CiTEffORlii
REVISTA
CIENTÍFICA.
Año II Madrid 30 de Noviembre de 1891. Núm. 44
FISIOLOGIA EXPERIMENTAL.
Hace ya
algún tiempo
queoimos
yleemos continua¬
mente que en
las Escuelas de Veterinaria
debíanpracti¬
carse
vivisecciones,
queéstas
sonel fundamento
de la en¬señanza de la
fisiología,
que no sepractican
porfalta de medios,
quedeben pedirse estos medios á los gobiernos,
y otra multitud de cosas queindican la ignorancia absoluta
que
tienen
enorden á
estos asuntoslos quede ellos tratan, siquiera algunos de ellos debieran
conocerlos á fondo.Cuando leemos los retumbantes artículos en los cuales
se lamentan sus autores
(que bien pudieran
ser¡fisiólogos!
CsicJ que se
desmayaran al
ver unagota de
sangre, se es¬peluznaran al solo pensamiento de mancharse
eltraje
coninmundicias, ó
sehorripilaran de presentarse
ensu casaolien¬
do á
perro), de
que seadeficiente la
enseñanza de laFisiolo- gis-porfalta de medios—y
en cuyosartículos
seolvidan
estos amantes de nuevo cuño de laFisiología de
quehay
unaFisiología general;—cuando leemos
estosartículos, mira¬
mos instintivamente el retrato de C.
Bernard, de
ese gran coloso quetantas vivisecciones practicó sin medios,
y aun sinextremos,
y nos parecenotar
en suslabios
unason¬risa
desdeñosa,
precursorade burlona carcajada ó de in¬
terjección despreciativa al
par quecolérica; recordamos las vivisecciones
que sepracticaron
enla Escuela de
Madridenelcurso de 1886 á
1887, sin medios,
y aunsin extremos,
así como las que se
han seguido haciendo después
enla
mismaEscuela; miramos los
retratos del catedrático señor306 La Veterinaeia Contemporánea.
Alcolea y
de los
quefueron sus ayudantes, señores Gonzá¬
lezPizarro,
Fuente
yFernández, Núñez, etc., etc., y nota¬
mos en
ellos la misma sonrisa desdeñosa; y no pode¬
mos menos
de
pensar,si quien ó quienes tales artículos es¬
criben ó
inspiran
nohabrán entrado jamás en un labora¬
torio, ni habrán practicado una vivisección, ni la habrán
visto hacer,
ni serán
capacesde hacerla aun cuando se les
dieran
todos los medios
yextremos que piden.
Inexacto de
toda inexactitud
esel afirmar que en
nuestras
Escuelas sólo
seda
unaenseñanza teórica de la
Fisiología,
y queno se hacen vivisecciones, pues vivisec¬
ciones se
han hecho
y sehacen en el laboratorio de la Es¬
cuela de
Madrid. Y si tales vivisecciones se hacen para
la enseñanza, ¿con
qué derecho y justicia se dice que en
nuestras
Escuelas sólo
seda
unaenseñanza teórica, y se
ataca un
día
yotro, con mal encubierta envidia, á la Es¬
cuela de
Madrid?
Claro es, y
esto no lo puede poner en duda ninguna
persona
sensata, que con buen material es dable ejecutar
mejor ciertas vivisecciones y hacer otras que sin ellos son
difíciles;
pero estambién innegable que el profesor que no
hace
vivisecciones,
pocasó muchas, es porque no quiere ó
no sabe
hacerlas,
ylo vamos á demostrar.
ííí
¿Hacen falta animales? Se encuentran los precisos á
poco
coste, ó los suministran de balde los mismos alumnos.
Perros,
gatos, conejos comunes, conejillos de indias, ratas,
ratones,
hasta burros
ycaballos, ¡y no se diga ranas, peces
y
pájaros! se hallan en todas las poblaciones á poco precio,
ó se cazan y pescan
á poco trabajo. En la Escuela de Ma¬
drid
faltaban ratas hace dos años y un alumno suministró
en pocos
días más de 100 Además, ¿no se hacen disec¬
ciones y
operaciones quirúrgicas en todas las Escuelas de
Veterinaria? ¡Pues
seaprovechan los animales que han de
servir para
ellas!
¿Instrumentos y aparatos? Ho hacen falta para todas
las
vivisecciones,
y enlas que hacen falta es dable suplir
La Vetemnaeia Contbmpokánea. 307
los muy
costosos
conotros
de escaso 6 nulo valor. Paraprobar este aserto, abí
va unapequeña lista:
VIVISECCIONES EN EL ArABATO DIGESTIVO.
Prehensión de los alimentospor
los solípedos.—^Para de¬
mostrar á los alumnos que
los solípedos la hacen
con loslabios, sólo
se necesitanunaaguja
y uncordonete;
ISÍasticación.—Para
demostrar elpapel
que enella ejercen ciertos nervios
ymúsculos, sólo
sonprecisos
un bisturí y unaspinzas (ó
uncortaplumas
ylos dedos)
y conocimientosanatómicos;
Deglución.—Todas las vivisecciones
queatañen á
ladeglución,
sehacen
con un bisturí y unaspinzas,
quetam¬
bién
pueden suplirse
con uncortaplumas
ylos dedos del
profesor;
Fístulas
salivares.—Todas
ellas sepueden hacer
con unbisturí,
unaspinzas,
unascrinas
ycánulas de metal;
que
pueden suplirse
con unclavo (las crinas)
ycañas de carrizo,
etc., etc.Fístulas
gástricas.—Un bisturí,
unaaguja
y unacánu¬
la. A falta de
bisturí,
unanavaja;
yá falta de cánula (que
cuesta bien
poco),
unacaña, ó
nada.Fístulas
intestinales.—Id.
Id. id.Fístulas
pancreática
gbiliar.—Id. id.
id.Presión intestinal.—Una
caña,
unpedazo de
tubo de goma(ó de intestino)
y unmanómetro (ó
un tubo de vi¬drio,
ymercurio);
Nervios cgue
intervienen
en ladigestión.—Un bisturí
yunas
pinzas (fáciles de sustituir);
Papel del diafragma
yestómago
enel vómito.—Una
ve¬jiga de cerdo (ó pelota de goma),
unbisturí,
unaspinzas, agujas
ycordonetes;
Digestiones artificiales.—Una cazuela,
un baño muría yun
termómetro;
etc.
etc.
308 La Veterinaria Contemporánea.
A'IVISECCIONES EN EL APARATO
CIRCULATORIO:
Velocidad de
la circulación.—Azul de quinoleina, una jeringuilla de inyección (ó una común pequeña), un bistu¬
rí, cordonetes
yvasos.
Cantidadde
sangre.—Agua, un frasco graduado ó una
báscula,
uncuchillo
y unalanceta.
Presión
extracardiaca
ychoq^ue del corazón.—Un tubito
de goma con
una pequeña ampolla en un extremo, un ma¬
nómetro y un
indicador;
Presión
intra-cardiaca.-—El mismo tubo de goma, una
sonda
flexible, ballena ó junco y el manómetro;
Presión
arterial constante
yvariable.—El tubo de goma
con la
ampolla
yel manómetro;
Inscripción de los movimientos cardiacos, de la y^'e^ión
cardiaca,
del jndso, etc., etc.—El tubito con la ampolla, un
tambor
receptor
yun cilindro;
Injluencias nerviosas y nervios vaso-motores.—Un bisturí
y
excitantes de los nervios, cuyos excitantes pueden ser la
electricidad,
unácido, ó simplemente los golpes dados con
el mango
del bisturí,
etc.
etc.
etc.
VIVISECCIONES EN EL APARATO
RESPIRATORIO.
Presiones
intra-torácica é intra-abdominal.—El repetido
tubo de goma con
la ampollita y el manómetro;
Presión en
la tráquea.—Id. id.
Inscripción de los movimientos respiratorios.—Lo mismo
que
queda expresado para los circulatorios;
Injtuencias nerviosas.—Vxí bisturí y excitantes;
Centros
nerviosos respiratorios.—Un punzón;
etc.
etc.
La Vetekinabia Contempoeánea, 309
vivisecciones en el aparato urinario.
Nefrotomias simples ó dobles.—Un bisturí
ycordonetes;
Ligaduras de las arterias
y venasrenales.—id.
Fístula delureter ó de la
vejiya.—Un bisturí, cánulas (que pueden sustituirse
concañas) aguja
ycordonetes;
( Concluirá^)
Un aprendiz de Vivisector.
A.CGIONES VASO-MOTORâS.
(continuación.)
ARTÍÜÜLO III.
Centrosvaso-motores
encefálicos.
Que
yo sepa,Mr. Scbiff
esel primero
quelia hablado
de los centros vaso-motores encefálicos.
Según él, serían los
únicos existentes: los nervios vaso-motores del tronco,
del
cuello y
cabeza, de los miembros, llegan á la médula
es¬pinal,
pero noterminan
enella, sino
queremontándola
van á terminar al bulboraquídeo.
En demostración de este
aserto, aduce el hecho de
que la bemisección del bulboproduce la parálisis de los
vaso¬motores de toda una mitad del cuerpo
(del mismo lado). Y explica los resultados obtenidos
porlas secciones de la mé¬
dula,
no pordestrucción de centros, sino
porsección de
nervios conductores.
(Ya he dicho
que nopuede hoy soste¬
nerse esta
hipótesis).
Admitida en
general la existencia de centros
vaso-mo¬tores
encefálicos,
que nopuede
negarse envista del resul¬
tado de las lesiones accidentales ó
provocadas del encéfalo,
los
experimentadores trataron de averiguar si sólo estaban
en el
bulbo, según las ideas de Scbiff, ó si
seencontraban
310 La Veteeinaeia Contempoeánea.
también en las otras
partes; duda tanto más legítima^
cuanto que
el mismo Scbiff exceptúa á las visceras abdo¬
minales,
cuyosnervios vaso-motores dependerían de
uncentro situado en los
pedúnculos cerebrales 6
enlas
capasópticas.
Owsjannikow (1)
es unode los fisiólogos
quemás han
contribuido con sus interesantes
trabajos al exclarecimien-
to deestacuestión. Sus
experimentos, casi todos efectuados
sobre
gatos
yconejos, consistían
enpracticar secciones
transversales en el
encéfalo, puesto al descubierto
portre¬
panación, procediendo de delante atrás, apreciando los
cam¬bios que
sobrevenían
enla presión sanguínea
pormedio de
un liemodinamómetro
puesto
encomunicación
con unade
las arterias carótidas del animal.
Desde
luego pudo descartar al cex'ebelo de toda influen¬
cia vaso-motriz. Ijas lesiones ó la
extirpación del órgano,
no modifican en nada la tensión
arterial,
y, portanto,
noinfluyen sobre la circulación genei-al ni sobre las parciales.
Tampoco
semodifica la presión
¡xorlos cortes practi¬
cados en las
partes anteriores del cerebro. Sólo cuando la
sección se
practicaba
unmilímetro detrás de los tubérculos cuadrigéminos, la presión arterial cambiaba, disminuyen¬
do;
ysi
sedaba el corte dos milímetros detrás, la disminu¬
ción era
mayor,
De consiguiente, sólo existirían centros
vaso-motores en el
istmo,
enla protuberancia
y enel
bulbo.
Vulpian (2)
yPhilipeauxhan demostrado
con sus expe¬riencias,
quelas lesiones de los tubérculos cuadrigéminos
y
las del istmo determinan trastornos considerables
enla temperatura de los miembros.
Por mi
parte, además de corroborar las afirmaciones de
los tres
fisiólogos citados,
creopoder afirmar
quelos hemis¬
ferios cerebrales y
los núcleos de la base tienen también
una manifiesta acción vaso-motora, por
lo
menos enel
perro.
Al excitarlos
concorrientes inducidas, he creído
ver(1) Ph. Owsjannikow.—Die¿oMÍscAeM midrefleciorisclien Centren der Gefassnerven.
(2) A.Vulpian.—Obras citadas.
La vetenmaria Contemporánea. 311
una modificación circulatoria no sólo en los vasos cerebra¬
les si que
también
enlos linguales
y enla conjuntiva
par-pebral.
J. A.
CSe continuará.)
PATOLOGÍA.
CALAMBEE.—LUXACIÓN
(?) DE LA EÓTULA.
(continuación.)
Tratamiento.—Duro,
muyduro, excesivamente duro
es el
lenguaje
que usael Sr. Morcillo al
ocuparsede
los medios de tratamiento que
han empleado todos ó casi
todos los veterinarios para
combatir el calambre hasta la
fecha en que
publicó
supretendido descubrimiento,
puesse leen en sus artículos frases tan crudas como
rutinarios, irracionales, bárbaros, ridículos, extravagantes, etc., etc. Mas,
¿en
qué
sefunda
paraemplear tales calificativos? Pues
enque
los tales medios consistían
enhacer al animal andar,
ó
trotar, ó galopar, ó
correr,ó
enlevantar el pie bueno
cual si se fuera á herrar al
animal, haciéndole marchar
ental
disposición, ó
enhacerle retroceder. Vamos á demostrar
al Sr. Morcillo que
algunos, si
notodos, de los citados medios,
no sontan ineficaces, rutinarios, irracionales, bár-.
baros, etc.,
etc., comoél
supone,sino perfectamente racio¬
nales y
científicos.
El mismo Sr. Morcillo nos da en su artículoarmas con
las cuales se
pueden combatir victoriosamente
susideas, puesto
queconfiesa paladina ó inocentemente
que«A be-
«neficio de estos
grandes, violentos
ybruscos esfuerzos
«musculares que se
obliga á hacer á los animales, suele
en tilageneralidad de
casosconseguirse
quedesaparezca el
ca-«lambre.»
Luego
saquela consecuencia el discreto
lector.
Por cierto
queá renglón seguido leemos
unpárrafo
quenos
deja confusos
ynoshace dudar si estará efectivamente
312 La Veteeinaeia Contempoeánea.
escrito y
revisado
por unveterinario tan distinguido como
lo es el Sr. Morcillo.
Dice así el tal parrafito: ¿«Por qué
«sucede así? Por la
sencilla razón
que en esosesfuerzos
«musculares
enérgicos
ydesordenados, la rótula adquiere
DfsicJ
susituación normal
ydesde
esemomento está corre- Dffida CsicJ la enfermedad.» Luego, ¿el Sr. Morcillo cree y
afirma que
las lujaciones pueden reducirse haciendo enér¬
gicos
ydesordenados esfuerzos musculares? ¡Buena, pero
buena
lujación será la
que secorrija de tal modo, que al¬
guien
quehablara el lenguaje del Sr. Morcillo calificaría
con
justicia de archibárbaro! ¡Pruebe, pruebe el Sr. Mor¬
cillo, si
pordesgracia—que seríamos los primeros en la¬
mentar—tiene una
lujación
en unapierna á andar, correr,
saltar y
ejecutar
conella movimientos enérgicos y desor¬
denados,
yverá si
sele reduce! O bien cuando vea á un
individuo con un brazo
dislocado, aconséjele
queefectúe
esfuerzos desordenados
No, señor Morcillo: ninguna verdadera desarticulación
se reducede tal suerte,
sino
que, porel contrario, se agra¬
va; y
si el calambre desaparece con la práctica de esos me¬
dios,
es porla sencillísima razón de que no es una luxación
de la rótula. Y como no lo es, y
sí
esotra
cosaque parece
no haber
comprendido
y quele diremos
enel próximo ar¬
tículo, los tales medios
no sonbárbaros ni irracionales.
Es más: aun cnando el
calambre dependiera, según
afirma el Sr.
Morcillo, de
unadesituación de la rótula
hacia arriba y
fuera, sería perfectamente lógico, racional y
científico el hacer andar hacia
atrás á los animales, el le¬
vantarles el miembro sano y
obligarles á andar y aun el
hacerles andar sin levantarles
ninguna extremidad; porque,
en
cualquiera de estos
casos,más
enel de retrogradación,
se hace que
el animal contraiga los músculos extensores y
flexores que
más favorecen
eneste acto á la posición nor¬
mal de la
rótula,
y que serelajen los extensores y flexores
cuya
contracción la mantiene inmóvil en la posición que tiene,
seacualesquiera.
Hagan el Sr. Morcillo
ytodos cuantos lean estos artí¬
culos un
experimento bien sencillo, y quedarán convenci-
La Veterinaria Contemporánea. 313
dos.
Pongan
enextensión
sumuslo, pierna
ypie, bien
es¬tando sentados ó bien manteniéndose en la
estación,
em¬pujen la íótula
conlos dedos,
yverán cuáu fácil
esdesi-
tuarla en todos
sentidos, hacia arriba, hacia abajo, hacia
adentro y
hacia fuera;
pero pongan enflexión la pierna
sobre el
muslo, ó simplemente el pie sobre la pierna,
y yano
conseguirán desituar el hueso,
que semantiene
en unaposición dada. Por cierto
queeste experimento sirve
para demostrar quela rótula tiene
granmovilidad normal,
yque
puede desituarse sin
que seproduzca el calambre.
Mas á fé á fé—como decían nuestros
abuelos,
yaún
dicen
hoy algunos—que el Sr. Morcillo corrobora
nuestras afirmaciones al describirsu tratamiento. Leamos estaparte
de su artículo:
«Dado el caso de que se nos
presente"»—mejor dicho
es¬taría de que nos
presenten, ó de
quetendamos
quecombatir,
etcétera—-«un animal con
calambre,
nodebemos
moverlo ))de laplaza
que ocupa»—que ocupe—«enla caballeriza, ó
»si se
quiere
sacarfuera
porlas malas condiciones del ülocal»—¿en qué quedamos, debe ó
nodebe moverse?—
«porque sea
estrecho ú
oscuro, seatará
enel patio sin ha-
»cerle andar ni
moverlo»-—¿pues cómo
sesacará de la
ca¬balleriza al
patio, sin hacerle andar ni moverlo?;
ysi
semueve y
anda
parasacarlo al patio, ¿qué más da
quedé
un paso
ó dos más?—«un ayudante
cogela cola
conla
»mano derecha y
la cuartilla
conla izquierda, siempre
que»sea el
pié derecho el enfermo,
yviceversa si
esel iz-
»quierdo
»Así está el ayudante hasta
queMorcillo
hace la
redueción,
en cuyo caso«manda al ayudante
que»levante la extremidad y que
la coloque
enla misma
ac-wtitud que se
le
pone paraherrar»—¿actitud
que sele pone?
¿luego
paraherrar
sele
pone unaactitud? ¿Ño estaría
me¬jor dicho, ó escrito,
enla misma actitud
en que sele
pone paraherrarlo?—Prescindiendo de faltas
quealguien lla¬
mará
menudas, hemos de preguntar al Sr. Morcillo:
¿paraqué le sirve la acción del ayudante durante lo
queél de¬
nomina reducción? ¿con
qué objeto manda flejer los radios
óseos de la extremidad una vez efectuada
aquélla?
314 La Veteeinaeia Contempoeánea.
Prescindamos
también,
enhonor á la brevedad, de lo
fácil que es,
según el Sr. Morcillo, la reducción de la rótula;
y no es
poco prescindir, pues ya se podía apostar un birrete
de Doctoren
Zoolatría—que
noesgrano de anís desde que se
dan Doctores
Bolívar—á
que en unaverdadera dislocación
de la rótula no
hacía tan fácilmente la reducción el cons¬
picuo articulista. Prescindamos por último—y esto sí que
yaes
mucho prescindir—de que considere lainfosuracomo
una
afección espasnwdica. Pero nos es imposible pasar en
silencio un caso que
refiere el Sr. Morcillo, y que demues¬
tra la
portentosa
yadmirabilísima moral yji'ofesional de un
Veterinario,
queel Sr. Morcillo sabrá quién es, y que tal
vez sea
considerado
como unmodelo de sabiduría y de
buen
compañero. Allá va el caso, y juzguen nuestros lec¬
tores:
En 1872,
fué
unprofesor llamado para prestar los
auxilios de la
ciencia á
uncaballo atacado de rampa, em¬
pleó los medios que estaban á su alcance, el caballo no
sólo nose curó sino que se puso
peoryjor causa de los imdios
violentos que se
habían empleado, y el profesor no sabía qué
hacer. Se llamó
á
unsegundo profesor, por indicación de
un
amigo del dueño del animal, se presento, vio el caballo, y
á los cinco minutos ya
estaba bueno y se mandó á paseo
—¿quién, el profesor ó el caballo?—Y dice muy satisfecho
el Sr.
Morcillo, después de referir el caso:
«Mis
comprofesores pueden juzgar la sorpresa que esto
«causaría en los que
presenciaron el acto y vieron que, sin
«mover
el caballo de la caballeriza
ysin violentarlo, se
«curó, deduciendo
enel lugar
quequedar—sin duda se
«quiso decir
quequedarían—uno y otro profesor.»
Lo que
deducirán los que esto lean. Sr. Morcillo, es
que
el segundo Veterinario, ó sea el llamado á consulta,
no observó una
conducta
muycorrecta é informada en
una sana moral
profesional; porque jamás, jamás, jamáis
debió dar
lugar á
que sucompañero pasara por un igno¬
rante—á no ser que
quisiera birlarle el parroquiano—
porque su
obligación moral, era llamar á su compañero á
consulta secreta,
informarle de los medios que debía em-
La Veterinaria Contemporánea. 315
plear
paracombatir el accidente,
ydejarle
operar; por¬que
¿Quién sería
eseVeterinario
queasí ponía
en evidencia á sus
compañeros,
en unaépoca
en quesegún
el Sr. Morcillo sólo él sabía poner en
práctica el modo
ra¬cional, científico, rápido é infalible de
curar larampa? (1)
Víctor Lenoir.CSe concluirá.)
*vynqqilr>fii ■
PATOLOGÍA EXPERIMENTAL.
CONTEIBUCIÓlSr AL ESTUDIO DE LA EPILEPSIA.
Es la
epilepsia
unaenfermedad,
que,según
todos los indi¬cios, productos
de la observación yresultados
de tan múlti¬ples
cuanto variadosexperimentos,
tiene su asiento en losgrandes
centrosnerviosos;
yquizás
es tambiénuna de las más terribles y pavorosas por susmanifestacionesyconsecuencias;
de las más estudiadas y peor comprendidas en sus causas
genéticas;
de las másvariables en sus fenómenos aparentesyen sus causas determinantes. Por todo
ello,
es deaquellas
enfermedades que poseen la virtud de aterrar al médico que ha de combatirla enalgún enfermo,
yde atraer,
tanpodero¬
samente como atrae el abismo al atrevido que
á
él se asoma, al hombre de ciencia que asiste á uno de sus tremendos ata¬ques,ó que
siquiera
leeuna solavez sudescripción
enunlibro.He visto
ataques
deepilepsia
en individuos de laespecie
humana y en animalesdomésticos,
y me he estremecido de horror yhe
temblado demiedo,
comohubiera temblado yme hubiera horrorizado al ver un tierno é indefenso niño enpoder de un
tigre hambriento
ó de un lobo rabioso. La he estudiado en los libros yla
he provocadoexperimentalmente
(1) Los Sres.MorcilloyEstradaValoriaquehansido aludidosen estos artículos,puedencontestarenestaEevistaconla
extensión
que deseen, siempre que la réplica sea únicamente cientínca. Es más:LaVeterinaria Contemporáneasemostraráen untodoimparcial
enestacomo en todas las lides
científicas,
y se honrará insertando los escritos detandistinguidos
Veterinarios.La Dirección.
316 La Vetebinaeia Contempoeánea.
enellaboratorio, y me
lie sentido irresistiblemente impulsado
á
seguir estudiándola
yá provocarla de nuevo, de igual suerte
que nos
sentimos impulsados á volver á contemplar, un día y
otro día, sin
experimentar cansancio, hastío, ni mostrarnos
jamás satisfechos, la magistral obra de arte que una vez
nos deleita. Y es que
la epilepsia
es unamagnífica obra de la
naturaleza, aun en
medio de la horripilación que causa, como
son
magníficamente hermosos la erupción volcánica que des¬
truye á
unpueblo, la avalancha de nieve que arrasa una
comarca, ó la
tempestad marítima
queorigina mil naufra¬
gios:
poseela belleza de Luzbel, como diría un poeta.
De
aquí el
quela haya estudiado con cariño, procurando
conocer la
opinión
quede ella tienen los más acreditados
hombres de ciencia,
viendo el
mayornúmero de casos natu¬
rales que me
ha sido dable, provocándola en el laboratorio y
haciendo los
experimentos
encuyosresultados se han basado
las
principales hipótesis emitidas para explicar sus causas,
sitio y
naturaleza. Estos artículos son una síntesis abreviada
de mis observaciones,
experimentos é ideas.
*
* *
La
epilepsia puede afectar al hombre y á todos los anima¬
les domésticos,
si bien revistiendo
en unos y enotros formas
alo^oo distintas. De entre
los animales domésticos,
' esmás fre-
cuente en el perro,
sobre todo
enlos jóvenes, y se parece
mucho á la del hombre. Se
puede
provocarexperimental-
mente, con
particularidad
enel
perro,gato, conejo y conejillo
de Indias.
La gran
generalidad de los autores, admiten que puede
ser hereditariay
adquirida. En este último caso, se desarrolla
porCausa
de violentas conmociones psico-morales, de lesiones
del cráneo,
del encéfalo ó de las meninges, de alteraciones
nerviosas
periféricas, de
vermesintestinales, etc., etc.
Lo mismo en uno que en
otro
caso,la enfermedad se ma¬
nifiesta por^accesos quese
producen
ysuceden con mayor ó
menor
regularidad, casi siempre
conalguna, y que tienen una
duración y una
intensidad variables. Estos accesos se desarro¬
llan áveces sin que
influya, al
parecer, causaalguna determi-
La Veterinaria Contemporánea. 317
naníe inmediata, y otras veces
bajo la influencia de
emo¬ciones bruscas, excitaciones fuertes ó dolorosas,
sensaciones
poco
frecuentes,
etc., etc.Según la intensidad
del acceso, ysobre todo,
quedurante
él
baya ó
nopérdida del conocimiento,
sedividen
encompletos
é
incompletos, dándose también á los primeros el nombre de grandes,
yá los segundos el de
pequeños.Describiremos pri¬
merolos
grandes ó completos:
Por
regla general, el
accesoó
ataque vaprecedido de
una sensacióngeneral
ycompletamente especial,
querecibe el
nombre de aura. Esta consiste en una sensación indeflnible,
á veces dolorosa, otras de
simple malestar, de picazón, de quemadura, de frialdad,
etc., etc., quepartiendo de
unpuntolimitado del cuerpo, parece
seguir
un trayectocentrípeto
mar¬cadopor
los nervios sensitivos, basta invadir los grandes
cen¬trosnerviosos y
ocasionar el
ataque.Así,
porejemplo, si
partede un dedo, avanza por
él basta invadir la
mano,después el
antebrazo,luego el brazo, llega á la espalda, sube
porel
cuello á la cabezay
el enfermo
caesin conocimiento.
Queda
dicbo que enalgunos
casos es unasimple
sensa¬ción de
cosquilleo,
en otrosde picazón ó de quemadura, de
dolor, etc., etc. Pero tambiénpuede
empezar en unórgano de
los sentidos, y
consistir, bien
en unasensación de luz, bienen unruido extraño, ora enun gusto raro
ó
en unolor parti¬
cular,
etc., etc.El aura es muy
variable
en susitio de origen
y en sus ma¬nifestaciones.
Hay enfermos
enquienes comienza siempre
en la misma partedel
cuerpo y conigual manifestación;
otros,en los cuales unas veces tiene por punto
de partida
unaparte del
cuerpo,y'en
otrosataques
partediversa; algunos,
enque
el
aura es enocasiones de dolor,
enotrasde cosquilleo,
y
así sucesivamente.
No es lo frecuente que
el
aura pasesin
queinmediata¬
mente se presente
el ataque
conpérdida de conocimiento,
pero
suele
acaecerqueel ataque
no se presente.También bay
enfermos que conocen por
el
aura, queles
vaá dar el
acceso, yotros
que nolopreveen. De cualquier modo, algunos
recuer¬dan bien
después de pasado las sensaciones
del aiira basta la318 La Veterinaria Contemporánea.
presentación del ataque,
otrossólo tienen
unrecuerdo
vago y muchos norecuerdan nada.Casi
siempre
vaacompañada el
aurade palidez extrema
de la cara, con
disminución de
temperatura en lamisma
re¬gión. Al invadirse los
centros,el enfermo
cae á tiérra como heridopor un rayo,sin conocimiento
ycual
una masainerte;
de donde
pueden originarse accidentes ó lesiones
graves.Al tiempo de efectuarse el
ataque y caerel
enfermo, suele darun
grito agudo
ydiscordante, debido á
unaespiración fuerte,
bruscay
convulsiva,
quearroja la
mayor partedel aire
conte¬nidoen los
pulmones á través de la glotis cerrada
por un es¬pasmo. Se suceden
á seguida convulsiones tónicas
en divei'sas partesdel
cuerpo, ysobre todo
enlos miembros,
cuyas con¬vulsiones son
reemplazadas
muyluego
pormovimientos cló¬
nicos,
rápidos
yconcéntricos. Las convulsiones afectan á los
músculos de losmiembros, de lacara, de los
ojos, de las
man¬díbulas,
de lalengua, de la faringe, de la laringe, del
tronco.Los
ojos están abiertos, entreabiertos ó parpadean
(casomás
raro);las pupilas
muydilatadas; la
caradescompuesta, al principio pálida
ydespués lívida; los labios entreabiertos; los
dientes
apretados,
y porlo común mordiendo la lengua,
que está en partefuera de la boca; fluye de ésta
unasaliva
espu¬mosay
á
vecessanguinolenta (cuando
sehiere la lengua). La respiración
esdifícil,
penosa,sibilosa ó
estertorosa.Los
miembros seponen
rígidos,
perolas
manosestán fuertemente
cerradas. La cara
concluye
por ponerseroja obscura, cianó-
tica, coincidiendo con el aumento de las convulsiones cló¬nicas.
Ó el ataque
termina de
una vez,ó sólo experimenta
una remisión que esseguida de
un nuevo acceso,después otro
y hasta muchos. Cuando va áterminar,
todos los fenómenos mencionadosdesaparecen sucesivamente,
yel enfermo queda
en un estado de estupor que
algunas
veces esverdadero
coma. Este estado
puede durar de algunos minutos hasta
una hora ó más.
Luego
queha pasado, los individuos vuelven
con lentitud al estado que
tenían
antesdel
ataque,sin
recor¬dar nada de cuanto les ha
pasado durante el mismo.
Pero no
siempre termina el
ataque porel citado
soporó
La Veteeixaria Contemporánea. 819
coma, pues
haj enfermos
enlos cuales sigue á la convulsión
un estado de excitación cerebral que se
manifiesta
porgritos discordantes, agitación
muyacentuada, ojos abiertos
yani¬
mados y
delirio maniático más ó
menosviolento.
Por lo
demás,
no en todos los ataquesde epilepsia
seori¬
gina la caída inmediata después del
aura.Hay enfermos
encj^uienes el
acceso se inicia porconvulsiones parciales; otros,
que sienten un
impulso irresistible á
correr enlínea
recta, ycorren desordenadamente hasta que caen;
algunos dan vuel¬
tas sobre si mismos con
rapidez vertiginosa;
porúltimo,
enno pocos
individuos
se presenta comoprodromo del ataque la
excitación maniática, que
puede
tomarla forma de locura
suicida ó la de homicida.
En los accesos
incompletos,
unas veceshay
aura ylas
más no. Casi
siempre
seinician
porpalidez de la
cara, aun cuando en otras ocasioneshay vértigo, tendencia á marchar
en un sentidodeterminado, manías,etc.
Si el individuo afecto
va en marcha cuando se
presenta el
ataque, se parabrusca¬
mente, busca por
instinto
un puntode
apoyo, sele
vepalide¬
cer, sus
ojos
seabren,
suspupilas
sedilatan,
susglobos
ocu¬lares
giran
endiversos sentidos; á
veces sealza rígido,
otrasse doblan un tanto sus miembros;
experimenta convulsiones clónicas,
biengenerales,
y conmás frecuencia parciales;
pierde el conocimiento,
perosólo durante cortos instantes;
por
último, termina el
ataque por unligero estupor ó
poruna excitación
pasajera
y no muyintensa. Vuelto
ensí, el
individuo norecuerda nada de cuantoha
experimentado.
Tanto en los accesos
completos
como enlos incompletos,
los músculos de la vida de relación suelenser ó bien los únicos que se
afectan, ó bien
losmás principalmente afectados. Sin embargo, también pueden serlo los de la vida orgánica,
en cuyo casohay durante el ataque micción de la orina, defeca¬
ción, emisión
de semen,más
raramentevómitos, el corazón
late desordenadamente, con menos
frecuencia, ó
separaliza
durante
algún tiempo al principio
y conmás frecuencia al fin.
V. A.
(
Continuará.)
320 La Veterinaria Contemporánea.
MISCELANEA.
t
R. I. P.
El día 7 de los
presentes
mes yaño lia muerto
enLas Rozas, á la avanzada edad de 71 años, el distinguido Ve¬
terinario D. Juan
Luengo
yGonzález.
Su bondadoso carácter le había
captado las simpatías
de cuantos tuvieron la dicha de
tratarle, así
como suilus¬
tración, acrisolada
por unapráctica de 45 años, el respeto
de sus
comprofesores
yla admiración de
susclientes.
A pesar
de la constante
yardua labor
que suponen 45 años de incesantepráctica de Veterinario, ha muerto pobre
y nodeja á
sushijos otro patrimonio
que su mere¬cida
reputación
y unnombre honrado
ysin tacha.
La redacción de La Veterinaria Contemporánea se
hace
copartícipe del inmenso dolor
queembarga á los hijos
de tan
benemérito comprofesor;
y ya que nole
esdable mitigarlo,
porquehay
penas que notienen alivio posible,
les envía á
todos,
yprincipalmente á D. Braulio Luengo
y
Tapia, distinguido profesor militar
con cuyasincera
amistad se
honra, la expresión de
susentimiento más profundo, deseándoles cristiana resignación.
«
« *
Errata.—Por error de
imprenta apareció
enel nú¬
mero anterior el artículo Acciones Vaso-motofas firmado
con las iniciales P.
A., debiendo estar firmado
porlas
letras J. A.
Alvero.
Imprentade José Crvzado, Divino Pastor, nvmero 9.