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Vista de Una ciudad de la Marca Media: Vascos (Toledo)

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Academic year: 2022

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Los restos del yacimiento arqueológico cono- cido como la ciudad de Vascos, corresponden a una antigua ciudad hispanomusulmana actual- mente despoblada. Se encuentra localizada en la provincia de Toledo, en su parte oeste, muy próxima al límite de la provincia de Cáceres, en el término municipal de Navalmoralejo.

Ubicada en un lugar apartado, que la ha mantenido alejada de las principales vías de comunicación que discurrían por la zona –lo cual, en gran medida, ha contribuido a que el lugar no haya sido expoliado de una manera intensiva–, ha conservado en bastante buen estado un importante conjunto arquitectónico (muralla, alcazaba, etc.), único en su género, que

fue declarado monumento histórico-artístico en el año 1931, por lo que en la actualidad tiene la condición de BIC (Bien de Interés Cultural).

Como la mayoría de las ciudades fundadas por los musulmanes, se encuentra enclavada en una zona de difícil acceso, asentada en un terreno de granitos hercinianos, y rodeada por el profundo y escarpado cauce del río Huso en su parte norte y este, que le sirve de defen- sa natural. Por su lado oeste desciende un pequeño valle por el cual corre, en años húme- dos, el arroyo llamado de la Mora o de los Baños. La parte sur, por la que actualmente se accede al yacimiento, es la que se abre a un espacio más llano.

Una ciudad de la Marca Media:

Vascos (Toledo)

Ricardo Izquierdo Benito *

* Universidad de Castilla la Mancha RESUMEN

Los restos del yacimiento conocido como Vascos corresponden a una pequeña ciudad de la Marca Media de al-Andalus, de la que no se tienen referencias escri- tas, aunque se han conservado importantes restos arquitectónicos. Los resultados de las excavaciones arqueológicas que se han desarrollado en el lugar duran- te varios años permiten establecer, como hipótesis, el sentido de la fundación de esta ciudad, y lo que pudo haber sido su evolución cronológica.

PALABRAS CLAVE:Vascos, ciudad, al Andalus, Marca Media

ABSTRACT

The archaeological remains preserved in the site of Vas- cos correspond to a small town in the Marca media of al-Andalus, with important architectonic structures, altough not mentioned in the written sources. The results of archaeological excavations carried out for some years in the place allow us to pose hipothesis concerning the reasons of their foundation and its pos- sible chronological evolution.

KEY WORDS:Vascos, town, al-Andalus, Marca Media.

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La topografía de su interior presenta muchas irregularidades. Desde la parte sur, la más ele- vada, el terreno desciende gradualmente en dirección norte, con una inclinación de este a oeste, formando, en algunos lugares, acusa- dos desniveles y cuestas muy pendientes. Tras formar una vaguada en la que el espacio queda algo más allanado, nuevamente se eleva en un pequeño cerro, de abrupta caída al río Huso, sobre el que se levantan los restos de la alcazaba.

Los vestigios mejor conservados, y los que dotan al conjunto de su carácter monumental y sorprenden al visitante, son aquellos que constituyen los elementos defensivos y milita- res de la ciudad: la sólida muralla que la cir- cunda y el complejo de la alcazaba. Extramu- ros existen un arrabal y dos cementerios.

El trazado de la muralla de Vascos, que se adapta al terreno bordeando los lugares más escarpados, presenta una forma ligeramente ovalada, con una dirección norte-sur, y delimi- ta un espacio interior –la madina– de unas ocho hectáreas de extensión, en el que se pue- den observar, en superficie, los restos de algu- nas construcciones.

La muralla tiene una anchura media de 1,5 m y se encuentra bastante bien conservada, sobre todo en los sectores oeste y sur y parte del este. Se asienta directamente sobre la roca, sin ningún tipo de cimentación, y solamente presenta, en algunos tramos, pequeños esca- lones de reforzamiento o zarpas en la base. Al exterior, con una distancia de separación muy desigual –debido a la topografía del terreno–, tiene varios torreones de planta cuadrada.

Aunque esta muralla ofrece poca altura en algunos tramos, ello no parece señalar que haya sido desmochada intencionadamente en algún momento para reaprovechar la piedra, sino que su parte superior estaría recrecida con tapial, de muy mala calidad, por lo que no se ha con- servado resto alguno. También es posible que estuviese coronada por almenas, como atesti- guan las que todavía se conservan junto a la puerta sur.

A lo largo de su trazado la muralla presen- ta varios tipos de construcción –unos de mejor calidad que otros– que, más que indicar dis- tintos momentos cronológicos o reconstruc- ciones posteriores, posiblemente se deban a la intervención de diferentes cuadrillas, que tra- bajarían simultáneamente –ante la urgencia de cerrar el perímetro urbano– pero empleando técnicas distintas, cada una de ellas, aunque parecidas.

Se conservan los restos de dos puertas –la sur y la oeste, así denominadas por su ubica- ción– y de cinco portillos. Las puertas se encuen- tran, lógicamente, en las zonas de más fácil acceso, y ambas presentan el mismo esquema arquitectónico: entrada directa, sin recodos, –posiblemente adintelada–, cerrada con puer- ta de dos batientes, y defendida por dos torre- ones exteriores a cada lado.

La puer ta oeste, junto con el tramo de muralla en el que se encuentra inserta, es de construcción más sólida, de sillares bien escua- drados. Su parte superior está derrumbada, aunque por los restos conservados parece deducirse que se encontraría adintelada. Lo destacable es que en los sillares de su cara exterior se talló un arco de herradura, no como elemento arquitectónico sino como elemento decorativo.

La denominada puerta sur, está construida también con materiales sólidos pero de peor calidad, y tiene asimismo completamente derrumbada su parte superior, por lo que no se puede precisar con exactitud si se encon- traba adintelada o rematada en un arco. En el lienzo de muralla próximo a esta puerta se conservan los restos de unas posibles almenas.

De los cinco portillos, dos se encuentran per- fectamente conservados –rematados en su parte superior en sólidos dinteles– y los otros tres están derrumbados pero serían de caracterís- ticas constructivas similares. Estos portillos se utilizarían, entre otras funciones, según su posi- ción, para poder salir a coger agua, para sacar las basuras fuera de la ciudad y para servir de cauce natural de evacuación de las aguas de llu-

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via, aparte de poder entrar y salir por ellos sin necesidad de tener que utilizar las puertas prin- cipales. Todos ellos se encuentran defendidos, al exterior, por un torreón de la muralla.

La alcazaba de Vascos –residencia del gober- nador y de la tropa que estaría a su mando–

se asienta en el pequeño cerro localizado en el extremo noroeste de la ciudad, en una posi- ción estratégica, dominando gran parte de ésta y de los alrededores. Por su lado norte era prácticamente inaccesible, pues se encuentra protegida por un profundo barranco de abrup- ta caída al río Huso. Todo el conjunto de la alca- zaba se excavó entre los años 1995 y 2001, habiéndose recuperado muchas zonas que se encontraban completamente ocultas por derrumbes y quedando al descubierto un com- plejo formado por varios recintos que corres- ponden a diferentes momentos de la amplia- ción del primitivo reducto superior. Nos encontramos así ante uno de los pocos casos de alcazaba andalusí excavada en su integridad.

El recinto principal, y más antiguo, está ubi- cado en la parte más alta del cerro y origina- riamente tuvo una barbacana defensiva en su parte delantera. Es de forma ligeramente trian- gular y tiene una superficie de unos 2.000 m2. Se encuentra rodeado por una muralla, cons- truida de sillares en su cara exterior y de mam- postería en la interior, cuyo trazado, en su mayor parte, todavía se conserva. Es posible que, en algunos de los tramos que dan hacia el río estu- viese recrecida con tapial que ha desaparecido.

Tiene un total de 11 torreones, todos ellos localizados en los tramos oeste y sur, los orien- tados hacia la ciudad. En general, la construc- ción no es de muy buena calidad, especial- mente en algunos tramos, lo que tal vez nos esté reflejando una urgencia de su levanta- miento tras alguna destrucción violenta. En su parte delantera este recinto estaba protegido por una barbacana cerrada, constituida por un alto muro de bloques de piedra, rematado en tapial de buena calidad, el único que en toda la ciudad se ha conservado en parte.

A esta barbacana se accedía por una puer- ta que se abre en el lado oeste, desde la que

arrancaba una rampa que conducía a la puer- ta del recinto principal, al que se entraba tras subir cinco escalones que posiblemente se aña- dieron en un momento posterior. Esta puerta está flanqueada y defendida por dos altos torre- ones, y se encontraría rematada por un arco de herradura –hoy derrumbado–, del cual se conservan los dos salmeres in-situ. En la parte norte de este recinto existe un portillo que, por su ubicación, no serviría tanto para des- cender al río, que se encuentra en un desnivel muy acusado, sino más bien para poder salir de la alcazaba en caso de tener que abando- narla precipitadamente. Se trataría, por tanto, de una salida de emergencia.

En el interior del recinto principal, antes de llevarse a cabo las excavaciones no se obser- vaban superficialmente restos de edificaciones, excepto un aljibe cubierto con bóveda de cañón de sillarejo, que serviría para el almacenamiento de agua de lluvia necesaria para abastecer a los residentes en la for taleza. Tras los trabajos arqueológicos han salido a la luz los restos de diversas edificaciones, bastante degradadas, cuya funcionalidad originaria es difícil poder precisar.

Se trata, en su mayor parte, de pequeñas depen- dencias individualizadas que, al encontrarse en un espacio destinado a desempeñar funciones eminentemente militares, podrían haber servi- do para albergar a la tropa allí establecida y como zonas de almacenamiento de víveres y pertrechos. El complejo que se localiza en la parte central, por su ubicación y su configura- ción espacial con un mayor sentido de casa, tal vez puede corresponder a la vivienda del gober- nador. Por su características constructivas, de sólidos sillares, el edificio alargado que se adosa a la muralla en su tramo sur, pudo haber teni- do un cierto carácter “oficial”, tal vez una sala de recepciones.

El acceso por la parte este se desarrollaba a través de una calle que asciende desde la vaguada y quedaba controlada por una de las torres de la alcazaba. Tuerce hacia la derecha en un tramo en el que la roca ha sido tallada para formar unos escalones. Este tramo que- daba cortado por una puerta que, estando cerrada, impedía el acceso al interior de un recinto formado en su parte este por un muro

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de mampostería, recrecido de tapial, que arran- ca del torreón más oriental de la muralla de la alcazaba. Ese recinto quedaba perfectamente controlado por este torreón. Una vez en el interior del mismo, se constituye un pasillo que gira hacia la izquierda y discurre paralelo a la muralla de la alcazaba, en parte tallado en la roca y en par te protegido por muretes de mampostería. Todo aquel que circulase por él estaba totalmente controlado desde la parte superior de la muralla de la alcazaba. Era, por tanto, un acceso muy vigilado y protegido, para evitar la entrada violenta de un hipotético ene- migo que quisiese acceder al interior del núcleo principal de la alcazaba por aquel sector.

Este pasillo desemboca en otra puerta por la que se accedía a un gran espacio que, como ya hemos señalado, durante los primeros tiem- pos funcionaría como una barbacana y en el que posteriormente se construyó una mez- quita que más adelante describiremos.

La parte oeste del complejo de la alcaza- ba está compuesta por dos zonas diferencia- das que fueron también añadidas con poste- rioridad, aunque al mismo tiempo: un recinto de entrada y un pequeño barrio. En primer lugar se encuentra un recinto de acceso previo a la rampa que conduce a la parte superior de la alcazaba. De tal manera que este nuevo recin- to servía de protección al núcleo principal de la alcazaba: era preciso tener que pasar por él para poder acceder a aquélla. Y, además, había que cruzar dos puertas: la de acceso desde el exterior –que se construyó nueva– y, una vez dentro, la que ya existía de acceso a la rampa y a la barbacana/mezquita. Es de señalar que este recinto estaba completamente colmatado de piedras procedentes de derrumbes de la parte superior y su limpieza supuso su total recuperación, así como la de las dos puertas señaladas que se encontraban completamen- te ocultas.

Al norte de este espacio se encuentra otra zona, protegida por una muralla de mampos- tería, que muy posiblemente corresponde a un barrio anejo a la alcazaba, aunque no parece que tuviese conexión directa con ella. Esta zona también estaba completamente cubierta por los

derrumbes que se habían producido desde la parte alta de la alcazaba. Una vez que se pro- cedió a su limpieza y excavación, se pudo com- probar que en aquel recinto se conservaban los restos de algunos edificios que tampoco parecen corresponderse estrictamente con viviendas, pues no tienen los consabidos patios.

Son simplemente habitaciones rectangulares, algunas exentas y otras adosadas. Muy posi- blemente se trate de los lugares de alojamien- to de la tropa que, por un aumento de la misma, en un momento de máxima necesidad defensiva, no habría tenido cabida en el recin- to principal, por lo que fue necesario levantar este pequeño barrio, que también se protegió con una muralla, para acoger a aquel contin- gente militar complementario.

Como todos los cementerios de las ciuda- des musulmanas, los dos cementerios de Vas- cos se localizan extramuros, no muy alejados y se distinguen por los restos de muchas sepul- turas que todavía se pueden observar en super- ficie, entre los que destacan los cipos, es decir, las piedras alargadas colocadas verticalmente en las esquinas de algunas tumbas. El cementerio de la zona sur parece de extensión considera- ble, aunque está en gran parte destruido por las labores de arado. El de la zona oeste es más reducido, pero, al localizarse en una zona de difícil acceso, los enterramientos se encuentran mejor conservados. Desde la ladera del cerro en la que éste se ubica se divisa la ciudad. Por las inmediaciones de ambos cementerios pasa- rían los dos principales caminos, hoy perdidos, que conducirían a las puertas de ésta.

Los baños de Vascos se encuentran en el arrabal, muy cerca de la puerta oeste, junto al denominado arroyo de la Mora que origina- riamente les surtiría de agua. Antes de comen- zar los trabajos de excavación solamente eran visibles en superficie los restos de dos peque- ños recintos adosados y abovedados, hundida la bóveda de uno de ellos. Aunque aquellos res- tos –conocidos popularmente como “el baño de la Mora”– no se sabía con exactitud a qué podían corresponder, su excavación nos pro- porcionó la planta de unos baños típicamente musulmanes, con las dependencias caracterís- ticas de este tipo de establecimientos: vestua-

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rio (bait al-maslaj) con un banco de piedra alre- dedor, sala del baño frío (bait al-barid) cubier- ta con techumbre de teja, sala del baño tem- plado (bait al-wastani) abovedada, sala del baño caliente (bait al-sajun) también abovedada y con el suelo hueco y la leñera con los restos del horno. Aparte de todas estas dependen- cias, imprescindibles en los baños islámicos, también existe otra pequeña habitación –cuya exacta función desconocemos– a la que se accedía desde el vestuario a través de un estre- cho pasillo.

Muy posiblemente nos encontremos ante los restos de unos modestos baños públicos, loca- lizados en el arrabal de la ciudad y junto a una de las puertas de acceso a la misma. Una ubi- cación similar también se ha observado en otros baños de otras ciudades andalusíes. Los principales usuarios serían los habitantes del arrabal, aunque cabe pensar que también serí- an frecuentados por los viajeros que llegasen a Vascos y que, antes de entrar en la ciudad y acudir a la mezquita, se lavarían, descansarían y purificarían en estos baños. Su proximidad a un arroyo está, evidentemente, en relación con el imprescindible abastecimiento de agua.

No sabemos si en el interior del recinto amurallado habrían existido otros baños, lo que sería difícil dado las dificultades de aprovisio- namiento de agua que podrían haber tenido.

Por ello, es posible que estos baños hubiesen sido los únicos de Vascos y, por tanto, que la mayor parte de su población los hubiese fre- cuentado, convirtiéndolos así en uno de los recintos de mayor actividad social de toda la ciudad.

De las dos mezquitas excavadas en Vascos, una, de pequeñas dimensiones, se encuentra en la vaguada al pie de la alcazaba, junto a una serie de edificios que allí se levantaron, y la otra –a la que ya nos hemos referido–, de amplitud mucho mayor, en el recinto delantero de la alcazaba que previamente pudo haber consti- tuido una barbacana defensiva.

La mezquita pequeña presenta una planta cuadrada/trapezoidal, compuesta solamente por dos dependencias, de parecida superficie, comu-

nicadas entre sí por una puerta interior, abier- ta en la parte central del muro de separación de ambas.

La dependencia situada al norte, a la que se accedía desde la calle, es de planta irregu- lar y estuvo cubierta con un tejado de tejas.

No sabemos la función que este espacio pudo haber desempeñado originariamente, si fue simplemente un recinto previo de acceso a la sala de oración principal –en el que se reali- zasen las abluciones– o si también se utilizó como lugar de oración y, por consiguiente, como una segunda nave de la mezquita. Desde ella, y por la citada puerta, se accedía al espa- cio que correspondía a la sala de oración, también cubierta con tejas. Esta es de planta rectangular, con una longitud interior de 6,40 m y una anchura de 2,80 m. En la parte cen- tral del muro sur, la qibla, el vano del mihrab está delimitado por dos bloques verticales de granito, a modo de jambas, estando la parte inferior en parte tallada en la roca. El mihrab tiene una forma semicircular, sobresaliendo al exterior.

Dadas las pequeñas dimensiones de esta mezquita, no cabe duda de que se trata de un lugar de culto secundario, un oratorio, quizás asociado al barrio en el que se encuentra, y tal vez fruto de una fundación piadosa como solía ser frecuente en el mundo andalusí. En cuan- to a su cronología, dadas sus toscas caracte- rísticas constructivas –un zócalo de piedras muy irregulares recrecido con muros de tapial– todo parece indicar que se debió de levantar en los primeros momentos de ocupación de la ciu- dad, posiblemente en el siglo X.

La otra mezquita, de mayores dimensiones y de mejor calidad constructiva, se encuentra dentro del complejo de la alcazaba, en el espa- cio frente al recinto principal que anteriormente pudo haber estado ocupado por una barbaca- na. Su sorprendente hallazgo se produjo cuan- do se desescombró toda esa zona. Se compone de tres partes: un pequeño zaguán, un patio para las abluciones y la sala de oración. Todo el conjunto, de forma ligeramente trapezoidal, tiene una longitud máxima de 20 m y su anchu- ra aumenta desde los 7 m de su lado este hasta

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los 10 de su lado oeste. Su superficie total es aproximadamente de unos 130 m2.

El acceso a la misma se hacía por una puer- ta ubicada en su extremo noroeste, que se abre al pasillo en rampa que asciende hacia la puerta de entrada al recinto principal de la alcazaba. Pasada la puerta de la mezquita, se entraba en una pequeña pieza, a modo de zaguán o de vestíbulo, que posiblemente ser- vía para que los fieles se descalzasen. Desde ella, se podía acceder directamente a la sala de oración por una puerta que se encuentra a mano izquierda. Este vano se podía cerrar con una puerta de dos hojas, como se puede com- probar por las huellas de las quicialeras que se han conservado. También, antes de entrar en la sala de oración, se podía acceder a otro espacio, por una puerta que se encuentra fren- te a la de entrada –que también se podía cerrar–, en el que se conserva parte de unas piletas, hechas con cal a nivel del suelo, y que servirían para realizar las imprescindibles ablu- ciones. Desaguaban al exterior por un canali- llo que se abre en el muro oeste. Desde este recinto, que se encontraba a cielo abier to actuando como patio, se podía pasar directa- mente a la sala de oración ya que estaba comu- nicado con tres de sus naves longitudinales.

La sala principal o de oración, estaba cons- tituida por 4 naves longitudinales y otras tan- tas transversales, configurando 16 espacios inte- riores, separados por columnas de granito en la parte central –de las que se han conserva- do algunos fustes– y pilares adosados a los muros norte y sur (en éste en huecos abier- tos en el tapial). Estas columnas y pilares sos- tenían arcos de herradura fabricados en ladri- llo, que presentaban un falso dovelaje pintado en blanco y rojo. El mihrab, de planta semicir- cular, se encuentra tallado en el tapial del muro sur, y originariamente habría estado decorado interiormente con molduras fabricadas con cal.

Es de señalar que no ocupa una posición cen- tral en la sala de oración, aunque sí con res- pecto a la longitud de todo el muro de la qibla, si se le añade el espacio ocupado por el patio de las abluciones. Todo el interior de la mez- quita debió de estar recubierto de cal y en algunas zonas –como en los zócalos– pudo

haber presentado alguna decoración pintada en color rojizo. El suelo también era de cal. En el muro este se conservan los restos de una puerta tapiada que, originariamente, pudo haber funcionado como entrada directa a la sala de oración por aquella parte.

Cuando se excavó todo el conjunto y se lim- pió el suelo de la mezquita se pudo compro- bar que en algunas zonas estaba cortado por lo que parecían ser fosas que, aparentemente, podían corresponder a enterramientos. Una vez excavadas se constató que, efectivamente, se trataba de tumbas. Se localizaron un total de siete enterramientos que, por las caracte- rísticas de las fosas, la orientación y la coloca- ción de los cuerpos, parecen corresponder a un ritual cristiano. Pertenecerían, por consi- guiente, a un momento de ocupación cristia- na de la ciudad –o solamente de la alcazaba–

en el que la mezquita se habría convertido en templo cristiano, y de ahí la presencia de estos enterramientos en su interior. Lo que no se puede precisar es a qué momento cronológi- co pueden corresponder; si a una fase inme- diatamente posterior a la ocupación cristiana de la ciudad o a una fase ya algo posterior de un intento de repoblación.

Muy posiblemente se trate de un edificio levantado en el siglo XI, para atender a las necesidades de culto de la población en aumen- to que se concentraría en la alcazaba. Momen- to en el que, aparte de otras remodelaciones, también se construiría el barrio de la parte oeste para acoger a los nuevos contingentes militares.

HIPÓTESIS SOBRE

LA FUNDACIÓN DE VASCOS

Sin embargo, contra lo que pudiera pensarse a la vista de este impresionante yacimiento que tanto ha llamado la atención de los arqueólo- gos y de los historiadores que se han acerca- do al mismo, son muchos los interrogantes que todavía sobre él se ciernen. En efecto, a dife- rencia de otros casos conocidos, y de una manera un tanto sorprendente, las fuentes documentales escritas islámicas apenas aportan

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datos acerca del momento de fundación y aban- dono de esta ciudad, de su función y sentido originarios, de las gentes que la habitaron y hasta de su auténtico nombre. Todo lo cual ha supuesto que hayan sido muchas las hipótesis que a este respecto se han elaborado, algunas no exentas de cierta dosis de inverosimilitud.

Por lo que respecta al momento cronoló- gico de su fundación y los motivos que lleva- ron a levantarla precisamente en aquel lugar, ante la falta de referencias documentales pre- cisas son varias las interpretaciones o hipóte- sis que se pueden señalar a este respecto. Es posible que la fundación de Vascos se hubiese llevado a cabo durante el gobierno de Abd al- Rahmán III. No obstante, no conviene olvidar- se de esa ciudad de nombre desconocido, seña- lada en algunos textos, que se construyó o reconstruyó en la frontera de Toledo durante el mandato de su sucesor al-Hakam II y de la que se conoce el nombre de su arquitecto (Ahmad b. Nasr b. Jalid). Es posible que Vas- cos, como madina, se fundase entre el año 930 y el 950 aproximadamente. En cualquier caso, lo que parece evidente es que se trata de una fundación omeya, con un sentido “oficial”, aso- ciada al poder cordobés, como parece trans- mitir, con un sentido simbólico, la calidad de la construcción de la muralla en algunos tramos.

Ahora bien, ¿cuales fueron los auténticos motivos que, desde Córdoba –donde se gene- raría la iniciativa–, impulsaron a los Omeyas a levantar una ciudad precisamente en aquel lugar aparentemente inhóspito? Desgraciadamente los desconocemos y, como en otros plantea- mientos, aquí tenemos también que entrar en el campo de las hipótesis, no siempre fáciles de demostrar. A este respecto consideramos que, para los intereses omeyas, podían haber entrado en juego tres posibles supuestos, deter- minantes en la elección del lugar, que se com- binarían entre sí: uno de carácter estratégico, otro político y otro económico.

El motivo estratégico habría que ponerlo en relación con la necesidad defensiva de la línea del Tajo –en especial en su curso medio–, polí- tica que inició el propio Abd al-Rahmán III y luego continuaron sus sucesores, con la forti-

ficación de diversos núcleos a lo largo del río.

Se trataba, por consiguiente, de controlar los principales pasos naturales hacia los cuales se habría de orientar cualquier incursión cristiana como ya había ocurrido en los años anterio- res. En las inmediaciones de Vascos existía un vado en el Tajo, al que desde antiguo confluían diversas vías de comunicación. Se trataba, por tanto, de un punto estratégico del que se hacía absolutamente necesario su control. En princi- pio, parecería que lo más oportuno hubiese sido haber levantado la ciudad junto al mismo. Sin embargo, ello no se hizo así, y la ciudad –por causas que desconocemos– se construyó algo más alejada, aunque no a mucha distancia, en un paraje retirado. Para el control del vado se levantarían sendas fortalezas, a ambos lados del Tajo, de las que no se han conservado sus restos, aunque la toponimia actual, de clara raíz árabe, nos está señalando su existencia en las localidades toledanas de Alcolea y Azután (Bury al-Sultan). Estas for talezas dependerían, evi- dentemente de Vascos, donde se organizaría su sistema de vigilancia. De tal manera que, desde este enclave, a pesar de su relativo ale- jamiento, se procedía al control de este impor- tante paso, y de ahí la función estratégica que estaba desempeñando en el dispositivo fron- terizo de al-Andalus, en esta zona del Tajo, y que bien pudo haber sido uno de los motivos que, junto a otros, coadyuvaron a su fundación.

El supuesto político que podría haber inci- dido en la fundación de Vascos vendría señala- do por la situación de inestabilidad que en los primeros años del siglo X todavía continuaba presentando esta zona. En ella, desde pronto, se habían establecido gentes de origen bereber, pertenecientes a diversas tribus, entre las cua- les la de Nafza debió de tener un mayor pro- tagonismo. En general, los bereberes de al-Anda- lus no aceptaron de buen grado la imposición del poder omeya y se sublevaron con frecuen- cia. El propio Abd al-Rahmán III, estando en Toledo tras haber conseguido su pacificación en el año 932, tuvo que enviar tropas a la zona de Talavera donde se habían vuelto a sublevar los Nafza. Ante aquella situación nos podemos plan- tear algunas preguntas aunque tienen, hoy por hoy, muy difícil respuesta ¿Pudo haber sido ese contexto de inestabilidad política el que propi-

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ciase la fundación de Vascos, como un enclave omeya desde el cual controlar una zona hostil a su autoridad? ¿Fue fundada la ciudad con la finalidad de recoger en ella a los miembros de la tribu Nafza, los más rebeldes? Si este supues- to político hubiese existido, no cabe duda que también se combinaba con el supuesto estra- tégico ya señalado, pues era evidente que desde Vascos se controlaba una zona de implantación bereber, conflictiva, y un punto concreto signi- ficativo como era el vado del Tajo, del que era necesario prevenir su control ante posibles pene- traciones cristianas.

En cuanto al supuesto económico, éste hay que ponerlo en relación con lo que tradicio- nalmente se ha venido señalando sobre Vas- cos: que fue un centro metalúrgico de cierta envergadura, en el que se trabajaban metales –especialmente preciosos– procedentes de las minas de los cercanos Montes de Toledo. Es cierto que en los alrededores de Vascos exis- tieron minas abundantes y que las excavacio- nes nos han proporcionado algunos elementos que nos indican una cierta actividad metalúr- gica en el lugar : escorias, martillos mineros, moldes, etc. Sin embargo, hasta el presente, no son lo suficientemente significativos como para considerar que sean el reflejo de una acti- vidad de cierta envergadura y menos relacio- nada con el trabajo de metales preciosos. Más bien parecen relacionados con una explotación de hierro. No obstante, no descartamos que el lugar haya podido estar asociado, desde muy antiguo, con actividades minero-metalúrgicas proseguidas en etapas sucesivas. Con lo cual, en aquel lugar, en un punto que hoy descono- cemos, se pudo haber desarrollado una infra- estructura metalúrgica de cierta envergadura, que, en tal caso, los musulmanes no hicieron nada más que aprovecharla y continuarla. Lo único que éstos, en vez de mantenerla en un contexto reducido, la ampliarían integrándola dentro de una ciudad para así mejor controlar la producción, máxime si la zona era conflicti- va. En tal caso, la obtención de hierro habría sido uno de los motivos que llevaron a los Omeyas a fundar Vascos en un enclave que ya contaba con una tradición minero-metalúrgica.

Ese metal se podía llevar a Córdoba por la vía que pasaba por las inmediaciones.

Estos son los tres supuestos que, con la debida cautela, consideramos como más razo- nables para explicar las causas del origen de Vas- cos. Resulta imposible saber si fue solamente uno de ellos –y cuál– el único prioritario. Lo más probable es que fuese una combinación de todos ellos –unidos tal vez a otros que se nos escapan– lo que determinó a los Omeyas a fundar precisamente allí la ciudad: el control de una producción metalúrgica que se podía fácilmente encauzar hacia Córdoba por una vía cercana; el control de un territorio no siempre sumiso al poder omeya y el control de un paso natural del Tajo, cada vez más necesitado de vigilancia ante la creciente presión cristiana.

Mientras la ciudad desempeñase estas supues- tas funciones que estaban en su origen, podía pervivir; pero si las circunstancias cambiaban, la ciudad podía dejar de tener sentido y, por tanto, desaparecer, como de hecho ocurrió.

En cuanto al nombre originario de Vascos, la tendencia más generalizada entre algunos arabistas, desde que don Félix Hernández lo señalara por primera vez, es a identificar este enclave –a pesar de la acusada diferencia lin- güística de ambos nombres– con la ciudad de Nafza, principal centro de asentamiento de la tribu bereber del mismo nombre a la que ya nos hemos referido por su actitud levantisca frente a los Omeyas.

En un texto de Ibn Galib que publicó Joa- quín Vallvé se señala que, la cercana ciudad de Talavera (de la Reina) tenía tres distritos, uno de los cuales era el de Basak, que, por la seme- janza del nombre, se tiende a identificar con Vascos. De ser esto cierto, lo cual es muy fac- tible dada la proximidad de Vascos a Talavera, tendríamos la primera referencia documental sobre Vascos, aunque no como ciudad sino como distrito de otra; no obstante, cabe supo- ner que el distrito llevaría el mismo nombre que la ciudad.

De ser así, habría, por tanto, que desechar su identificación con Nafza. No obstante, de cara a conjugar ambos topónimos, cabría establecer la siguiente hipótesis: el nombre de la ciudad fue Nafza y el del distrito Vascos (Basak). Una vez que se despobló la ciudad, su nombre ori-

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ginario cayó en desuso hasta el extremo que se olvidó, pero no así el de su territorio que terminó por quedar vinculado a la ciudad aban- donada, a la que terminaría por dar su nom- bre actual. Sería deseable que, en el futuro, algún hallazgo epigráfico nos pudiese aporte algún dato definitivo para resolver este dilema.

SECUENCIA CRONOLÓGICA

Ante la sorprendente falta de referencias documentales precisas sobre Vascos y para intentar concretar algunos aspectos con un mayor rigor histórico-arqueológico, se hacía preciso realizar excavaciones arqueológicas en el lugar. Éstas, con el objetivo de resolver algu- nos de los enigmas que se ciernen sobre el yaci- miento, a la par que procurar conseguir una gra- dual puesta en valor del mismo, se iniciaron, bajo nuestra dirección, en el año 1975, sub- vencionadas hasta el año 1983 por el Ministe- rio de Cultura y, desde entonces, por la Con- sejería de Educación y Cultura de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

Al comenzar por primera vez los trabajos arqueológicos el planteamiento fue de excavar, en sucesivas campañas, en distintas zonas del interior de la ciudad, para comprobar la secuen- cia estratigráfica de cada una de ellas y poder así establecer la existencia de posibles elemen- tos diferenciadores entre las distintas zonas excavadas, a la par que se obtendrían una serie de resultados que podrían proporcionar los pri- meros elementos fiables sobre la ciudad –tales como los momentos iniciales y finales de acti- vidad en el yacimiento–, los cuales, a su vez, ser- virían de punto de referencia a la hora de pla- nificar los trabajos a realizar en el futuro. Además, también interesaba conocer otros aspectos de interés tales como sus características urbanísti- cas, la organización espacial de sus viviendas, la calidad y funcionalidad de los diversos objetos conservados, etc., es decir, el sistema de vida de sus habitantes así como las actividades a las que se pudieron haber dedicado.

También se ha excavado en algunas zonas del exterior, en espacios más concretos, que podían presentar un especial interés arqueo-

lógico por los restos visibles en superficie (cementerios, baños, tenerías). Hasta el momen- to, las excavaciones se han realizado en ocho puntos diferentes: cuatro en el interior y tres en el exterior de la ciudad, más aparte el con- junto de la alcazaba que se ha excavado en su totalidad.

Las excavaciones no han proporcionado ele- mentos muy precisos de datación que nos pudiesen servir para encuadrar cronológica- mente, con cierta exactitud, los límites de pre- sencia humana en el lugar. No obstante, tenien- do en cuenta las características de los materiales aparecidos y de los restos arquitectónicos exhu- mados, se puede establecer la siguiente secuen- cia cronológica, diferenciada en fases, al menos provisionalmente, mientras futuros hallazgos no la rectifiquen:

Fase preislámica:

Época del Bronce: en el cerro que ocupa la alcazaba está atestiguada la presencia de un poblado en época del Bronce. Han sido bastante los materiales encontrados, algu- nos de ellos in-situ, correspondientes a esa época. Algunos son de cierta calidad, por lo que se podría señalar que el asentamiento debió de ser de cierta importancia.

Época romana: los hallazgos numismáticos parecen indicarnos que, en esta época, al menos desde el siglo I d.C. y hasta el siglo IV se constata la existencia de un pobla- miento, muy posiblemente asociado a un enclave de carácter metalúrgico, donde se trabajarían los minerales procedentes de las minas cercanas. Las abundantes escorias que se encuentran por todo el yacimiento, tal vez sean un reflejo de esta actividad. El material cerámico correspondiente a esta época es, sin embargo, muy escaso –exiguos fragmentos de terra sigillata y de tégulas–, lo cual parece indicar que la población sería también muy reducida. Este material aparece disperso por todo el interior de la ciudad, pues en todas las zonas excavadas siempre se ha encontrado algo, aunque descontex- tualizado. Por ello, no podemos precisar en qué zona concreta podría haber estado con-

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centrado este poblamiento en época roma- na. No parece que estuviese en el cerro de la alcazaba, como se ha comprobado en las excavaciones. Es de señalar que también han aparecido varias aras –alguna conser- vando restos de una inscripción–, y la basa de una columna de mármol, lo cual nos puede estar indicando la existencia de un lugar de culto cercano.

Época visigoda: las excavaciones han pro- porcionado algunas hebillas de cinturón que parecen corresponder a esta época. Ade- más, en uno de los muros de la mezquita que se localizó y excavó en la parte exte- rior de la alcazaba, se encontró, reutilizado, la mitad de un tenante de altar también de época visigoda, con sus cuatro caras talla- das. Este hallazgo es muy significativo, pues nos permite corroborar lo que, a falta de elementos ciertos intuíamos: la continuidad y presencia de un poblamiento en el lugar en el momento de la aparición de los musul- manes. Cabe pensar que esta pieza no puede proceder de muy lejos, por lo que nos estaría señalando la existencia de una iglesia cercana levantada en aquella época.

Al haberse encontrado en la zona de la alcazaba podría pensarse que allí se pudo haber levantado esa supuesta iglesia y que también allí pudo haberse concentrado un poblamiento en época visigoda, que tal vez fuese una continuación del mismo que pudo haber estado establecido ya en época roma- na. Sin embargo, las excavaciones que se han realizado en la alcazaba no permiten con- firmar este supuesto ante la falta de hallaz- gos precisos, por lo que cabe pensar que la zona de asentamiento se encuentra en otro lugar.

Fase islámica:

Etapa emiral: a esa población ya estableci- da de antiguo se pudieron añadir algunos elementos musulmanes llegados a la Penín- sula en el siglo VIII, que muy probablemen- te serían de origen bereber. Aunque toda- vía habrá de ser confirmado, consideramos que en época emiral, en el siglo IX, debió de haber un poblamiento asentado en el

cerro de la alcazaba. No sabemos si formado por contingentes musulmanes o por una población hispanovisigoda islamizada, aunque una parte pudo haber continuado como cristiana. En cualquier caso, parece que esta población se protegió mediante una mura- lla, con lo cual, lo que se vino a constituir fue como un hisn, enclavado en lo alto del cerro. Parte de esta muralla –que es de téc- nica constructiva muy sencilla, simplemen- te de mampuesto– se ha conservado, pues se encuentra reutilizada en el interior de la muralla principal que posteriormente se levantó en la alcazaba. Algunos tramos de ésta se han caído y han dejado al descubierto la muralla anterior.

Para intentar explicar este fenómeno de for- tificación del lugar, se podría aplicar el mismo proceso que se viene señalando en otras zonas de al-Andalus. Por una parte, la reac- ción de muchas poblaciones, que se nega- ron a asumir y cumplir las exigencias tribu- tarias cuando se instauró el poder omeya, por lo cual abandonaron sus primitivos asen- tamientos estableciéndose en lugares apar- tados, de difícil acceso, como es el caso de Vascos, ubicado en un paraje aislado y un tanto escondido, ¿intencionadamente?

Por otra parte, habría que tener también en cuenta la situación que se produjo en al- Andalus durante la segunda mitad del siglo IX, la que algunos historiadores vienen deno- minando como la primera fitna y que corres- ponde a la crisis del Emirato. Debido a la situación de aguda inestabilidad política que entonces se produjo, y que se manifestó en las numerosas revueltas que abarcaron a la mayor parte del territorio andalusí, muchas poblaciones rurales se fortificaron, aprove- chando la topografía de sus emplazamien- tos. Fueron muy numerosos los husunque entonces se levantaron en al-Andalus –de construcción muy sencilla–, unos a iniciati- va de la propia población rural y otros bajo la tutela del mismo poder omeya, orienta- da a proteger a aquellas poblaciones fieles a su autoridad y evitarles la ingerencia y las exigencias de cualquier personaje subleva- do en las inmediaciones.

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Es muy posible que en ese contexto haya que encuadrar la fortificación del cerro de la alcazaba, para proteger a la población que en aquellas circunstancias allí se estableció, procedente de algún punto que considera- mos cercano. Sería entonces cuando se levantaría la muralla de mampostería, aun- que no podamos saber si por iniciativa de los propios pobladores allí concentrados o del mismo poder omeya, con la intención de protegerlos pero también, evidente- mente, de controlarlos. En cualquier caso, si estas premisas se cumpliesen para el caso de Vascos, y los argumentos expuestos con- sideramos que pueden ser aceptables, ten- dríamos el ejemplo de otro hisn–de super- ficie reducida–, y la confirmación de un asentamiento islámico ya en época emiral, aunque todo esto habrá de ser ratificado arqueológicamente.

Etapa califal: la siguiente etapa correspon- dería a época califal, que sería en la que se levantaría la ciudad. Cuando Abd al-Ramán III llegó al poder, se encontró con un al- Andalus desde hacía tiempo sublevado, al que tuvo poco a poco que pacificar. Para ello, entre otras medidas, mandó destruir muchos de los husun que se habían levan- tado en los años anteriores, pero otros, los que servían a sus intereses, los siguió con- servando. Entre ellos, es posible que este de Vascos. Sin embargo, en este caso, se iba a producir un hecho significativo y es que a partir del hisn, y tal vez por los tres moti- vos anteriormente expuestos, se fundaría toda una ciudad. No sabemos en qué momento preciso, pero el hecho es que el poder omeya decidió levantar allí un encla- ve de entidad urbana.

Para ello, el punto de partida fue precisa- mente el cerro donde estaba ubicado el hisn, en el cual se levantó un nuevo recin- to que iba a ser la imprescindible alcazaba de la nueva ciudad. Se amplió su superficie y, en parte, se aprovechó la anterior mura- lla de mampostería que quedó englobada dentro de la nueva, de mejor calidad cons- tructiva, en la que se empleó sillería, más acorde con las pretensiones ideológicas de

manifestación del poder omeya. Y, a partir de la alcazaba, una vez garantizado el sumi- nistro de agua para la futura población, se trazaría el perímetro que iba a ocupar la ciu- dad y se empezaría a levantar la muralla, con distintas cuadrillas trabajando al mismo tiem- po en tramos diferentes. De esta manera, se podría decir que Vascos pasó de hisn a madina.

Etapa de la segunda fitna: otro momento sig- nificativo para Vascos pudieron haber sido los años conflictivos, de crisis política gene- ralizada en al-Andalus, que se vienen cono- ciendo como la segunda fitna (finales del siglo X y primer tercio del siglo XI), que ter- minaría con la dinastía omeya y, por ende, con el Califato cordobés. Es muy posible que la ciudad, que no en balde era un cen- tro vinculado al poder omeya, hubiese sido escenario de conflictos violentos, que hubie- sen conllevado destrucciones de edificios en su interior, como en algunas zonas exca- vadas se deja entrever, especialmente en la alcazaba que debió de resultar en gran parte destruida dado su significado político. Los muertos que en ella se produjeron, unos cin- cuenta, fueron enterrados en la misma alca- zaba, en el nivel de destrucción que se ori- ginó, como han puesto de relieve las excavaciones.

Época taifa: la siguiente y última fase de ocu- pación islámica correspondería al siglo XI, es decir, a la época de las taifas. Una vez superada la fitna se constituyó la taifa o reino de Toledo, en el cual Vascos quedó integrado, en su extremo más occidental, en una posición estratégica relevante. En efec- to, este enclave adquirió entonces un doble carácter fronterizo, por lo que su significa- do militar quedó reforzado. Por una parte, siguió conservando el control del cercano vado del Tajo, en unos momentos en los que la presión cristiana en aquella zona comen- zó a hacerse cada vez más insistente. Y, por otra, se convirtió en una avanzadilla frente al vecino y próximo reino de Badajoz, con el cual las relaciones con los toledanos nunca fueron muy cordiales. De ahí ese doble carácter fronterizo que entonces Vascos

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adquirió, y de ahí la importancia que el con- trol de la plaza tenía para el reino de Tole- do y para la dinastía de los Di l-Nun que lo gobernó, por su indudable valor estraté- gico en la nueva coyuntura política.

En esta época Vascos debió de llegar al máximo de su crecimiento demográfico, habiendo estado el interior de la madina posiblemente ocupado por completo, ado- sándose edificios a la muralla sobre espacios anteriormente despejados. Tras la superación de la fitna el lugar se volvería a repoblar y los edificios afectados por las destrucciones se reconstruyeron –como se ha observado arqueológicamente, sobre todo en la alca- zaba– y se pudo haber producido incluso una cierta reurbanización de la ciudad en algu- nas zonas. Cabe pensar que, debido al refor- zamiento de su carácter estratégico, la pre- sencia de efectivos militares aumentaría, quedando entonces al mando de un gober- nador nombrado por los reyes toledanos cuyos intereses tenía que defender. Por ello fue necesario ampliar el recinto principal de la alcazaba hacia su lado oriental, lo que supuso tener que establecer un nuevo acce- so controlado por aquella parte.

Es posible que en el aquel contexto, Vas- cos, y en especial su alcazaba, hubiese adqui- rido un cierto carácter de ribat, al que acu- diesen voluntarios musulmanes con el objetivo de defender –bajo los plantea- mientos de la guerra santa– aquel punto fronterizo de cualquier incursión cristiana que se pudiese producir. Para acoger a aquel numeroso contingente de soldados, se levan- taría entonces el pequeño barrio fortifica- do, anejo a la alcazaba en su parte oeste, lo que también conllevó el reforzamiento del acceso a ésta por aquella parte con la cons- trucción de un recinto previo. De igual mane- ra, también a este momento corresponde- ría la construcción de la mezquita levantada en la zona de la barbacana, de dimensiones amplias, para dar cabida a una tropa nume- rosa, que cabe suponer imbuida de un celo religioso-militar intenso y necesitado de un lugar de culto inmediato. Por su ubicación, en el complejo de la alcazaba, consideramos

que esta mezquita estaría solamente para el uso exclusivo de los ocupantes de ésta.

Durante el tiempo que Vascos perteneció a la taifa de Toledo, aparte de su función estratégico-militar, es muy posible que en ella se hubiese seguido practicando la supuesta actividad minero-metalúrgica de etapas ante- riores. En cualquier caso, lo que es induda- ble es que el enclave, por la posición en la que se encontraba, representó un especial significado para la dinastía de los Di l-Nun, por lo que no es sorprendente que proce- diesen a incrementar su población y a refor- zar su carácter militar con la reconstrucción y ampliación del complejo de la alcazaba.

Fase cristiana:

Reinado de Alfonso VI: desconocemos el momento exacto en que se produjo el paso de Vascos a poder cristiano. Siempre habí- amos considerado que tuvo que coincidir con el momento en que el rey castellano- leonés Alfonso VI ocupó la ciudad de Tole- do, y su taifa, en el año 1085. Afortunada- mente, estas suposiciones han quedado confirmadas por el hallazgo, en las excava- ciones de la alcazaba, de varias monedas correspondientes al reinado de este monar- ca. No hay duda, por consiguiente, que entonces la ciudad ya estaba en manos cris- tianas y que esas monedas habrían perte- necido a los soldados que allí se estable- cieron. Ahora bien, ¿cuando se produjo el acontecimiento? ¿fue el año 1085 o unos años antes?

Planteamos estos interrogantes porque, en el año 1080, el rey toledano al-Qadir, para hacer frente a los graves problemas políti- cos internos por los que estaba atravesan- do, buscó la ayuda de Alfonso VI. Éste se comprometió a prestársela y, a cambio, reci- bió algunas fortalezas, entre ellas la de Can- turias, que se encontraba junto al Tajo, entre Vascos y Talavera. Esta circunstancia nos lleva a considerar que Alfonso VI ya controlaba esta zona del río y que muy bien pudo tam- bién entonces haber controlado Vascos hacia

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el año 1080. En cualquier caso, la cercana presencia de tropas cristianas pudo haber conllevado un gradual abandono de la ciu- dad por muchos de sus habitantes, lo cual habría facilitado su ocupación por parte de aquél. Lo que es evidente, es que Vascos, al margen de la fecha precisa, fue ocupada durante el reinado de Alfonso VI, aunque no sepamos si con la intervención directa y personal de éste.

Lo que sí parece constatado por las exca- vaciones realizadas es que no se debió de producir una ocupación violenta de la ciu- dad, que se hubiese materializado en des- trucciones y en incendios de los edificios.

Por lo cual cabe pensar que, o la ciudad capi- tuló y se entregó sin resistencia, o que sus habitantes musulmanes ya la habían aban- donado cuando se produjo su ocupación por las tropas cristianas. Éstas se establecerían, evidentemente, en la alcazaba y muy posi- blemente señoreaban sobre una ciudad com- pletamente despoblada. No obstante, desde aquella posición se podía controlar también todo el territorio circundante y las princi- pales vías de comunicación. En cualquier caso, en aquellas circunstancias no parecía todavía muy propicio iniciar una repobla- ción cristiana dada la cercanía de los musul- manes. Es posible que, mientras se mantu- vo esta presencia militar en la alcazaba la mezquita que allí se había levantado se hubie- se adaptado al culto cristiano y se hubiese convertido, por tanto, en una iglesia, como parecen confirmar los enterramientos que en ella se excavaron.

No obstante, esta presencia cristiana pudo haber durado poco tiempo, por la inmediata llegada de los almorávides a la Península.

Éstos, en varias ocasiones a finales del siglo XI, atacaron Talavera, y en sus incursiones tuvieron que pasar por las inmediaciones de Vascos. Cabe suponer que entonces el enclave ya no contaría con una presencia cris- tiana y se encontraría abandonado. No pare- ce tampoco, al menos no se ha constatado arqueológicamente, que pudo haber esta- do en poder de los almorávides. De haber sido así, su presencia hubiese sido efímera

–una pequeña tropa acantonada en la alca- zaba– y no ha dejado huella perceptible.

Una vez pasado el peligro almorávide, no sabemos si Vascos volvió a contar de nuevo con una presencia militar cristiana –que tam- poco sería muy duradera– o si ya quedó defi- nitivamente abandonado, como parece lo más probable. Pretender repoblar el lugar presentaría muchas dificultades, dado su emplazamiento, en una zona un tanto aisla- da y, por tanto, poco atractiva. Además, es posible que su sistema de abastecimiento de agua hubiese quedado inutilizado, al igual que la supuesta infraestructura metalúrgica que pudo haber existido en la ciudad. En tales circunstancias era muy difícil que una pobla- ción se decidiese a establecerse en el lugar, por muy protegida que pudiese sentirse al amparo de la muralla que seguía en pie.

Además, no hay que olvidar que se trataba de un espacio urbano relativamente exten- so, con lo que su completa ocupación se hacía todavía más dificultosa ya que se reque- rían numerosos repobladores.

Por todo lo cual, al dejar de tener, en el nuevo contexto político cristiano el senti- do originario que había tenido para los musulmanes, Vascos, que ya no se encon- traba en una zona de frontera ni tenía que defender especialmente nada, quedó defi- nitivamente abandonado. Repobladores cris- tianos sí acudieron a la zona, pero prefirie- ron establecerse en las vegas del Tajo, más aptas para los cultivos agrícolas, y no en esta zona aislada, en la que los recursos económicos solamente se podían sustentar en una actividad pastoril.

Toda esta secuencia cronológica se ha podi- do elaborar gracias a un análisis interpretativo de los resultados arqueológicos proporciona- dos por los trabajos que se han venido reali- zando en el yacimiento y que, aparte de su pro- visionalidad, suponen un apor te significativo dados los escasos datos que anteriormente se tenían sobre el mismo. Esperamos que las exca- vaciones que se realicen en el futuro, nos depa- ren nuevos elementos que nos permitan con- firmar o modificar los planteamientos aquí

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señalados, y así poder ir, poco a poco, desve- lando algunas de las muchas incógnitas que todavía se ciernen sobre esta misteriosa ciudad.

BIBLIOGRAFÍA

En esta relación bibliográfica presentamos los estudios que se han publicado desde que comenzamos los trabajos arqueológicos en Vas- cos. Anteriormente fueron muy pocas las refe- rencias bibliográficas sobre el lugar.

Trabajos realizados por nosotros:

"La ciudad hispanomusulmana de Vascos", en Historia 16, nº 29, p. 66-72.

"Avance de las excavaciones realizadas en la ciudad hispa- nomusulmana de Vascos (Navalmoralejo, Toledo)”, en Actas del XV Congreso Nacional de Arqueología, p. 1161-1172.

"Excavaciones arqueológicas en la ciudad hispanomusul- mana de Vascos (Navalmoralejo, Toledo). Campañas 1975-1978", en Noticiario Arqueológico Hispánico, nº 7, 1979, p. 247-329.

"Vascos, une ville berbère en Espagne?", en Bulletin d’Arché- ologie Marocaine, XIV, 1981-82, p. 331-345.

"Ciudad hispanomusulmana de Vascos (Navalmoralejo, Toledo). Campañas 1979-1980", en Noticiario Arqueológi- co Hispánico, nº 16, 1983, p. 289-380.

"La cerámica hispanomusulmana decorada de Vascos (Toledo)", en Homenaje al Prof. Martín Almagro Basch, IV, 1983, p. 107-115.

"Los baños árabes de Vascos (Navalmoralejo, Toledo)", en Noticiario Arqueológico Hispánico, nº 28, 1986, p. 193-242.

"Tipología de la cerámica hispanomusulmana de Vascos (Toledo)", en Segundo Coloquio Internacional de Cerámica Medieval en el Mediterráneo Occidental, 1986, p. 113-125.

"La cerámica común de Vascos. Estudio estadístico", en Actas del II Congreso de Arqueología Medieval Española,II, 1987, p. 711-718.

"Una ciudad de fundación musulmana: Vascos", en Cas- trum (Guerre, fortification et habitat dans le monde médi- terranéen au Moyen Age), nº 3, 1988, p. 163-172.

"La vivienda en la ciudad hispanomusulmana de Vascos (Toledo). Estudio arqueológico", en La casa hispano-musul- mana. Aportaciones de la Arqueología, Granada, 1990, p.

147-162.

"Excavaciones de Vascos: resultados y planificación", en Actas del Primer Congreso de Arqueología de la Provincia de Toledo, Toledo, 1990, p. 433-457.

"Los cementerios de la ciudad hispanomusulmana de Vas- cos", en Actas del III Congreso de Arqueología Medieval Espa- ñola, II, 1992, p. 391-396.

Ciudad hispanomusulmana Vascos (Navalmoralejo, Toledo).

Campañas 1983-1988, Servicio de Publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Toledo, 1994.

“Unas tenerías excavadas en la ciudad hispanomusulma- na de Vascos (Toledo)”, en Arqueología y Territorio Medie- val, 3, 1996, p.149-165.

"Los trabajos arqueológicos en la ciudad hispanomusul- mana de Vascos (Navalmoralejo, Toledo)", en Castellum, 2, 1996, p. 123-130.

“Aspectos de la vida cotidiana en la ciudad hispanomu- sulmana de Vascos a través de los hallazgos arqueológi- cos”, en Toletum, 36, 1998, p. 9-43.

“Nuevas formas cerámicas de Vascos”, en Arqueología y Territorio Medieval, 6, 1999, p. 191-206.

Vascos: la vida cotidiana en una ciudad fronteriza de al- Andalus, Servicio de Publicaciones de la Consejería de Edu- cación y Cultura de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Toledo, 1999(catálogo de la exposición celebrada en Toledo en el mes de junio de 1999).

La ciudad hispanomusulmana de Vascos. Nalvalmoralejo (Toledo), Toledo, 2000.

Trabajos realizados en colaboración con Ger- mán Prieto Vázquez:

"Los sistemas hidráulicos de la ciudad hispanomusulmana de Vascos" en I Coloquio de Historia y Medio Físico, I, Alme- ría, 1989, p. 469-486.

“Una pequeña mezquita encontrada en Vascos (Naval- moralejo, Toledo)”, en Cuadernos de la Alhambra, vol. 29- 30, 1993-1994, p. 21-38.

Trabajos de otros investigadores:

COSIN CORRAL, Yolanda: “Un ejemplo de minería islá- mica: la ciudad hispanomusulmana de Vascos (Navalmo- ralejo, Toledo)”, en Arqueología e Historia de la minería y metalurgia, Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas, Madrid, 1996, 106-119.

COSIN CORRAL, Yolanda – GARCIA APARICIO, Cons- tantino: “Minería y metalurgia en Vascos (Navalmoralejo, Toledo): ¿cambio tecnológico o continuidad material”, en IV Congreso de Arqueología Medieval Española, 1994, III, 891-897

COSIN CORRAL, Yolanda - GARCIA APARICIO, Cons- tantino: “Alquerque, mancala y dados. Juegos musulma- nes en la ciudad de Vascos”, en Revista de Arqueología, 201, 1998, 38-47.

JUAN ARES, Jorge de: “La alcazaba de Vascos: aproxi- mación a su evolución y características”, en Entre el Cali- fato y la Taifa: mil años el Cristo de la Luz, Toledo, 1999, 307-315.

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Lámina 1.Vista de la ciudad desde el lado sur

Figura 1. Planta de la ciudad sobre la topografía de l cerro

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Lámina 2.Lienzo de muralla en el tramo oeste

Lámina 3.Tramo de muralla en la zona sur

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Lámina 4.Puerta oeste

Lámina 5.Puerta sur

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Lámina 7.Vista de la alcazaba desde el interior de la ciudad Lámina 6.Portillo de la zona oeste

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Lámina 8.Entrada al recinto principal de la alcazaba

Lámina 9.Torreón de la alcazaba

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Lámina 11.Restos de los baños Lámina 10.Vista del cementerio sur

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Lámina 13.Mezquita de la alcazaba Lámina 12.Vista de la

pequeña mezquita

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