Chapitre 2. Etat de l’art : Adéquation BIM/Rénovation ? Niveau
2.5 Aides à l’implantation du BIM
2.5.7 Modèles de Maturité (MM)
2.5.7.3 Modèles, contenus et sources d’inspiration du BiM²FR proposé
AI relatar este viaje, el cronista Gomes Eanes de Azurara hace referencia a «un alarbe» que el navegante había traído de Portugal del que dice que «era siervo del Infante» (Azurara: 72). EI cronista dice también que en el momento de entablar conversación con algunos cautivos, un hombre y una mujer, capturados por el navegante Antão Gonçalves, con cuya expedición se había encontrado Nuno Tristão, el 'alarbe' no se había entendido con los cautivos de Antão Gonçalves: «Y aunque hablaron los tres, como el lenguaje de uno y otros estaba muy alejado, no se pudieron entender» (Id., ibidem).
Sin embargo, Ia comunicación sí se llegará a establecer, cuando sea capturado otro «caballero» de nombre Adahu. EI relato de Azurara refiere que Adahu “andara outras terras onde aprendera a linguagem mourisca e portanto se entendia com aquele alarve, ao qual respondia a qualquer cousa que lhe perguntavam “(Id.: 76).
Quiere esto decir que los navegadores habían presenciado, lo que hoy llamaríamos, un acto de interpretación. Las informaciones de Azurara aparecen también en otras fuentes, en Ias cuales el nombre del 'caballero' surge del modo siguiente: en Diogo Gomes, (Adavu), en João de Barros (Adahu) y en Jerónimo Münzer (Adamu). En resumen, de todos los relatos, podemos sacar Ias siguientes conclusiones: el 'caballero' azenegue (tribu morisca del Sahara), al que Münzer llama etíope, conoce el árabe y, por ello, puede entenderse con el moro que navegaba en compañía de Nuno Tristão. Adahu es traído a Portugal, donde continuará trasmitiendo informaciones en una lengua que no es su lengua materna. Y de ahí, tal vez, procedan Ias 'falsedades' que algunos cronistas señalan en su habla.
Por su parte, el esclavo árabe es referido por João de Barros como «moro lengua», lo que nos permite admitir que el personaje se ha incorporado ya a Ia expedición con estatuto de 'intérprete'. Siendo así, estamos ante el primer lengua/intérprete embarcado con una tarea definida de antemano: Ia de servir de intermediario en Ia comunicación entre portugueses y nuevas gentes.
Entre todos los relatos de los cronistas, debo realzar el de Jerónimo Münzer, por ser el que se refiere a Ia enseñanza que recibirán los esclavos capturados en esta expedición. Es ésta, en mi opinión, Ia primera noticia de que disponemos sobre una decisión que se le imputa al Infante don Enrique. Dice el cronista:
Os portugueses aprisionaram 13 e embarcaram de novo. Havia entre eles um etíope nobre, chamado Adamu. Regressaram a Portugal cheios de alegria. O rei mandou ensinar a esses negros a língua portuguesa e mais tarde eles informaram- no de que na terra não comiam pão, alimentando-se de peixe seco ao sol, e de que, em vez de casas, tinham tendas (...).
(Münzer: 72)
1442. Antão Gonçalves y el caballero alemán Baltasar. Río de Oro.
Esta expedición es relatada sólo por Gomes Eanes de Azurara, que Ia coloca siguiendo a Ia anterior. En este relato vemos confirmado que lo que interesa es capturar gente de raza negra. Con este fin son llevados algunos elementos de Ia expedición anterior para poder ser canjeados por negros. Y cuando el autor se refiere al agente de canje, es cuando nos aparece, una vez más Ia figura del intérprete. Veamos lo que Azurara nos cuenta:
(...) Antão Gonçalves recebeu, por preço de seus dous cativos, dez negros entre Mouros e Mouras, de terras desvairadas, sendo tratador entre eles um Martim Fernandes, que era alfaqueque do Infante. E bem parecia que havia grande sabedoria da linguagem mourisca, pois entre aqueles era entendido (...).
(Azurara: 88)
Es muy posible que esta vez nos encontremos ante un personaje portugués, una vez que se dice que Martim Fernandes es alfaqueque del Infante don Enrique. Y ésta es una información relevante, porque atestigua el
'empleo' de alfaqueques en Ia empresa de los descubrimientos y su existência en una época ya muy distante a Ia de su introductor en toda Ia Península: Alfonso X el Sabio.
Hay que destacar que todas estas expediciones son Ias que conducirán a Ia de 1444, comandada por Lançarote y conocida por ser Ia que, después de su llegada a Lagos (Algarbe), da lugar al primer reparto de esclavos. Aunque en esta expedición no se señale Ia presencia de cualquier intérprete, no puedo dejar de poner de relieve Ias palabras del cronista Azurara sobre Ia „formación‟ dada a los esclavos, una vez llegados a Portugal, que son testimonio de Ias prácticas relatadas por Münzer, como antes hemos referido:
(...) tanto que estes haviam conhecimento da linguagem, com pequeno movimento se tornavam Cristãos; e eu que esta história ajuntei em este volume, vi na vila de Lagos moços e moças, filhos e netos daquestes, nados em esta terra, tão bons e tão verdadeiros Cristãos como se descendessem de começo da lei de Cristo, por geração, daqueles que primeiro foram baptizados.
(Azurara: 124)
1444. Gonçalo Afonso de Sintra. Arguim.
Nuestras dos únicas fuentes, Gomes Eanes de Azurara y João de Barros, nos dan cuenta de Ia presencia de «un mozo azenegue como trujamán el cual de nuestro lenguaje sabía grande parte» (Azurara). EI „turgimão‟ de Azurara se transforma en „língua‟ en Ia obra de João de Barros, el término preferido por Ia totalidad de los cronistas de los siglos XV y XVI: «un moro azenegue que llevaba consigo [Gonçalo Afonso de Sintra] para que le sirviera de lengua». Los dos cronistas relatan Ia fuga del intérprete, así como Ia revelación que éste hará de Ias costumbres de los portugueses a los habitantes de Ia isla de Arguim. Con Ia fuga del intérprete no podía dejar de plantearse Ia cuestión de Ia fidelidad. La 'formación' a que habían aludido Jerónimo Münzer y João de
Barros no constituye garantía suficiente de fidelidad. Ello es ejemplo de cómo Ia pertenencia cultural y territorial no es facilmente olvidable, incluso después de dicho proceso de 'formación'. «Gran cautela» es lo que recomendará Azurara a todos áquellos quienes tengan que lidiar con trujamanes de «tierra extraña» (Azurara: 136).
1444. Antão Gonçalves, Diogo Afonso y Gomes Pires. Río de Oro.
Es ésta Ia primera de Ias expediciones en que João Fernandes, escudero del Infante don Enrique y del Infante don Pedro, aparece en compañía de navegadores. Tanto Gomes Eanes de Azurara como João de Barros refieren que el escudero se quedó con los azenegues por su libre voluntad, con Ia finalidad de «ver Ias cosas de aquel territorio alejado de Ia costa en que habitaban los azenegues» (Barros: 39). EI escudero será recuperado por Ia expedición de Antão Gonçalves, realizada un año después. Volverá a partir en 1446 en Ia expedición de Gomes Pires y en Ia de Diogo Gil, ese n-úsmo año o un año después, volviendo a quedarse de nuevo entre los
azenegues. No sabemos, sin embargo, cuánto tiempo duró esta permanencia y
con quién regresó a Portugal.
1447. Valarte y Femando Afonso. Cabo Verde.
En esta expedición, el Infante don Enrique envía a Fernando Afonso, caballero de Ia Orden de Cristo, «el cual iba a modo de Embajador al rey de Cabo Verde» (João de Barrros: 63). Azurara y Barros coincidem a Ia hora de informar de que lo acompañaban «dos naturales de aquella tierra como trujamanes» (Azurara: 396), aunque el relato de Barros es más explícito al decir que llevaba «dos negros como lenguas». Azurara refiere también (id.:
405) que uno de estos trujamanes se llamaba Alfonso, lo que indica que ya había recibido bautismo cristiano, dado que ostenta nombre propio portugués.
1455 y 1456. Cadamosto. Gambia.
Cadamosto, en el relato que el mismo nos dejó sobre sus viajes, refiere explicitamente Ia presencia de intérpretes (turcimani) venidos de Portugal, sin aludir, en todo caso, a ningún nombre en particular (Cf. pasaje citado supra).
1456. Diogo Gomes. Gambia.
A cerca de esta expedición nos servimos apenas del relato que hizo el rnismo navegador. Según Diogo Gomes (1898: 18), el intérprete presente en esta expedición era enviado por determinación del mismo Infante don Enrique: « Jacob, indio que el señor Infante mandaba, para que en el caso de que llegásemos a Ia India, nos sirviese como lengua ».
Podemos admitir que Jacob estaría presente en los tres encuentros que mantuvieron el navegador y los señores negros Batimansa, Nominans y Beseghichi, con los cuales llegó a establecer relaciones comerciales. Magalhães Godinho (Documentos sobre a Expansão Portuguesa, vol. I: 110) coloca Ia hipótesis de que este indio fuera abisinio.