U líTiliflIA
REVISTA
CIENTÍFICA.
Año III Madrid 31 de Agosto de 1892. Núm. 62.
ALTEE ACIÓN DEL HÍGADO EN ÜN CERDO.
DEDUCCIONES
FISIOLOGICAS.
(continuación.)
Opinamos
que es portodo extremo absoluta
esta ma¬nera de ver; porque,
ni está probado
queexista
esa com¬pleta descamación
ó caída de todo elepitelio intestinal
encada
digestión, ni
aun unadescamación parcial
constante yprecisa,
yáuu cuando
seprobara
sedemostraría
conello que
la bilis
eraimprescindible á
su verificación. Pare¬ce que
debe
serlógico
suponer, conefecto,
quesi la ab¬
sorción y
áun el trabajo digestivo exigen
una renovación incesante en elepitelio, ó ésta debe
existir también en laboca, estómago, etc., ó
enéstos
no se verificaríanaquellos actos;
y enel primer
casopuede efectuarse perfectamen¬
te sin bilis.
e.—Se ha creído también ver en la bilis un
agente
que
impide la descomposición pútrida de los principios
alimenticios.
Pero lasexperiencias demostrativas
llevadas á cabo poralgunos fisiologistas
nohan confirmado
estaopinión,
ysólo algunos han creído
ver queobraba deter¬
minando la absorción
rápida de las sustancias fermentes-
cibles(Stolnicoff.)
En resumen: no
puede
asegurarse enabsolùto
el pa¬pel
quela bilis está llamada
ádesempeñar
enel aparato, digestivo;
perocasi puede
asegurarse,sin temor á incurrir
en error, que
cumple ó contribuye á cumplir más de
unacto. Unicamente por
deducción más ó
menoslógica,
y en210 La Veterinaria Contemporánea.
vista de los
resultados obtenidos
envarias experiencias,
se
puede presumir y suponer—en modo alguno asegu¬
rar—que
algunos de sus principios constitutivos quizás
no
tengan más papel que el de ser arrojados al exterior;
que
algunos otros puede ser que contribuyan á la diges¬
tión de
principios grasos; y que toda la bilis, en sustancia,
pudiera
muybien favorecer la absorción de estos mismos
principios, si ellos son absorbidos en estado de emulsión, lo
cual es muy
dudoso. De consiguiente, creemos que lo menos
dudoso es
suponerla
unhumor digestivo.
B.
Glucoyénesis.—Es hoy bien sabido que se debe al
eminente
ñsiologista francés, M. C. Bernad, el importan¬
tísimo
descubrimiento de la glucogenia hepática. Experi¬
mentando con
objeto de
verlas modificaciones digestivas
de los
principios feculentos, y sobre todo de los azucara¬
dos, descubrió (1848)
que enel hígado existía azúcar con
independencia de la alimentación. Se le objetó que esta
azúcar estaba
allí almacenada desde las digestiones ante¬
riores;
yal hacer otra nueva serie de experiencias para
demostrar á sus
adversarios, más evidentemente aún de lo
que ya
lo habia hecho, que se formaba en el tejido hepá¬
tico á expensas
de los principios albuminoideos, descubrió
(1857) la materia
queél llamó glucóyena y otros autores
almidón
animal. Después (187G) demuestra la existencia,
en el
hígado, de
unfermento diastásico, que aisla, al cual
se debe la
conversión de la glucógena englucosa.
La teoría más
generalmente admitida en la actualidad
sobre el
papel del hígado en la formación del azúcar, es la
siguiente:
A. El
hígado
esel órgano formador de la materia glucó¬
gena.—Cuando la alimentación es normal y completa, la
glucógena proviene de los principios alimenticios, por este
orden:
1.° Ee los
principios azucarados y feculentos que, cual
es bien
sabido,
sonabsorbidos
enestado de glucosa. Se
trataría,
pues, eneste caso de una simple deshidratación
glucosa,
menos aguaigual glucógena
çejjaoe _ H'-Q =
C8H'°0»,
La Veteeinaeia Contempoeánea. 211
pero como se
sospecha
quetambién pueden
serabsorbi¬
dos los azúcares combinados con la sílice y
la maltosa,
hace falta
averiguar si solamente los
que seabsorben
en el estado deglucosa pueden darle origen, ó también estos
y enqué forma. Por otra parte,
no esdecisiva la
expe¬riencia que
consiste
eninyectar glucosa
enla yugular,
que se
elimina
porlos ríñones
y porla
venaporta ó
unade sus ramas, que se cree se
transforma
englucógena;
porque muy
bien pudiera suceder
que enel segundo
casola
glucosa
quellega al hígado
nobaga sino oxidarse é im¬
pedir así la oxidación de la glucógena allí existente,
que,como no se
destruya, existe,
como esnatural,
en mayorproporción;
ysi así fuera, el mismo efecto tendrían todos
los demás azúcares.
2.° De los
principios albuminoideos.-—Parece perfecta¬
mente
demostrado,
enefecto,
quealimentando animales
con
principios azoados
puros,la glucógena
nodisminuye,
absorbe y aun
puede aumentar. Pero
eneste
caso, como en elanterio, hace falta averiguar si
sonsólo los principios
quese absorben en el estado de albuminosas ó
peptonas, ó los
que pasan
á la
sangreformando albuminatos de
sosa ypotasa, ó los
quelo hacen sin sufrir modificación alguna,
ó todos á la vez. A nuestro
juicio, estos principios
sonsi no los únicos que
dan origen á la glucógena, los
quelo
hacen en
proporción mucho
mayor quetodos los demás.
3.° JDe los
principios grasos.—Algunos fisiologistas
yquímicos niegan este origen de la glucógena,
entanto
que
otros lo admiten. Para
nosotros,pudiera
muybien
suceder que
obraran sólo
comoconservadores de ella, oxi¬
dándose é
impidiendo así
sudestrucción;
yáun
se nosocurre
preguntar:
¿nopodría provenir de la glicerina puesto
enlibertad
enla saponificación de las
grasas, y absorbida comotal, toda
vez que no seha podido averi¬
guar
todavía qué
sehace de este principio?
{Se continvMvá.)
'212 La Veterinaria Contemporánea.
TERAPÈUTICA.
LÂ
MEDICACIÓN DEFERVECENTE.
Importancia entrañan las cuestiones y los medios de-
refrigeración
que enlos artículos anteriores hemos dado á.
conocer, pero
el interés
esextraordinario tratándose de los
agentes farmacológicos que con dicho fin se emplean.
La verdadera
medicación defervecente
no seha usado
en todas las
épocas,
puesnuestros antecesores, no dando-
valor absoluto, y no
tratando de llenar las indicaciones-
sintomáticas,
claro
seestá
que conel calor no habían de¬
formar una
e.xcepcióu de la regla general.
Quizá todos los antitérmicos
queusaban quedaban re¬
ducidos á la
quina,
quedan aún algunos á título de febrí¬
fugo, cuando
ennuestro concepto no puede en modo algu¬
no,
la quina
enpolvo, producir la verdadera y enérgica
refrigeración intraorgánica que los estados febriles recla¬
man en todos los casos.
Muchos son los
agentes terapéuticos que como anti¬
térmicos
podemos
usar, ycomo en estas notas no hemos-
de pasar
revista detallada de los mismos, vamos á comen¬
zar este
punto dando
unaidea general de ellos y termina¬
remos con la
descripción de los más importantes.
MEDICACIÓN DEFERVECENTE.
El
conjunto de agentes que forman esta raedicación,„
están todos ellos
destinados
ácombatir los estados piréti¬
cos de la economía.
En
primer lugar, conviene indicar que en este lugar
no
comprendemos ni los agentes refrigerantes locales ni
los medicamentos que
denominan los terapeutas temperan¬
tes,
refrescantes ó acídulos: estos agentes tienen más inme¬
diata
aplicación
enotro orden de indicaciones completa¬
mente diferentes á las
reclamadas
porlos estados febriles.
La medicación que nos ocupa, una
vez en el organismo,.
La Veterinaria Contemporánea. 213
disminuye de
unmodo poderoso la termogénesis 6 sean
los fenómenos que
dan
margená la temperatura general
■del
oi'ganismo. De modo
que eneste concepto, la medica¬
ción defervecente no va, como supone
la generalidad de los
autores, á determinar
undescenso de temperatura,
consu¬miendo ó
gastando
unacantidad dada de calor,
no;los
me¬dicamentos antitérmicos lo que
hacen
esengendrar ó
pro¬vocar una serie de fenómenos que
traen
como consecuen¬cia
inmediata, la disminución de las acciones de oxidación,
■ó sean las acciones
químicas del oxígeno
conlos demás
materiales
orgánicos,
que son enúltimo resultado las más
giotentes termógenas.
De suerte que
la medicación
que nos ocupa nocomba¬
te la
temperatura del paciente, sólo
se oponeá
suproduc¬
ción en alto
grado. Los agentes higiénicos
queestudiába¬
mos en el artículo anterior son los que
verdaderamente
■obran robando
calor, haciendo
quedisminuya el calor exis¬
tente.
No faltará
quien
sele
ocurra que,si los agentes de la
medicación defervecente no determinan un descenso
de temperatura
ysí
unadisminución
enla producción, habrá
necesidad en todos los casos de recurrir
á
los dosórdenes
defactores,
paraimpedir
que seproduzca calor en el un
caso, y para
librar al
serdel
que ya posee, yque induda¬
blemente,
esel
que nosda el estado febril
yel
quedirec¬
tamente mantiene al
paciente
enel aplanamiento que
la fiebre determina.Para desvanecer esta creencia nos
bastará indicar lo
•que
á ninguno de nuestros lectores
sele oculta, lo que ya
hemos dicho en artículos anteriores:
los
cuerpos, envirtud
■de las
leyes de radiación,
porconductibilidad, por modifica-
•ción en otros
movimientos, etc., pierden tan repentinamen¬
te el calor de que se
hallan poseídos,
quebastan acaso muy
pocosminutos
para queel calor de
un cuerpo,que no tie¬
ne
generador térmico,
seequilibre
conlos objetos que le
rodean: no
ha}'' más
querecordar lo
que pasacon un hierro
que
calentamos
ydejamos después abandonado; basta re¬
cordar lo que
sucede al
ser quedeja de existir; pues lo
214 La Vetbeinaeia Contempoeánea.
mismo el hierro
enrojecido
queel cadáver de
un ser,pier¬
den sn
temperatura
con unarapidez, siempre grande,
pero- ma^mr6
menor,según
su masa,la temperatura del medio,,
la» corrientes de
aire,
etc.Este solo hecho nos servirá para
comprender
que con tal queataquemos la producción,
contal
quedetengamos-
las
oxidaciones, la temperatura animal descenderá rápi¬
damente.
Ahora
bien; el hecho
serealiza, la termogénesis pato¬
lógica disminuye considerablemente
conel
usode los fe¬
brífugos;
pero¿cuál
es sumecanismo de acción, qué serie
de fenómenos acarrea en el
organismo
yde qué naturaleza
son, para
ocasionar
unadisminución
enlas oxidaciones?
¿Será
quela presencia del medicamento
se opongaquímicamente á la acción del oxígeno?
¿Será
quedichas sustancias disminuyan los movimien¬
tos
respiratorios
y porlo tanto aminoran la entrada de oxígeno?
¿Podrá
ser unfenómeno de acción circulatoria exclu¬
sivamente?
¿O será
acasoesencialmente nerviosa la
manerade-
obrar de los defervecentes?
Desde
luego debemos sentar
comoconclusión
que,sea
cualquiera la
manerade obrar de estos medicamentos,
provocan una
disminución
enlas cantidades de oxígeno-
que
entran
enel organismo.
Ahora veamos cómo se realiza el fenómeno.
La acción
química del medicamento sobre los
com¬puestos de la
sangre creemos que nopueda ejercer
una acciónmarcada, puesto
que sonsustancias,
que en su ca¬lidad de sales necesitan encontrar
compuestos incompati¬
bles de gran
poder
paradescomponerse
y pasarlas bases,
que son en
este
casolas sustancias activas, á formar
com¬puestos
conlos ácidos orgánicos
yejercer de esta suerte
influencia
química.
Los medicamentos
febrífugos
nopueden,
porsí
ydi¬
rectamente, modificar la respiración;
por cuyohecho tene¬
mos que
desechar la idea
ybuscar la
causa enotra parte.
La Vetebinaeia Contempoeánea. 215
Cuando se administran los antitérmicos se observa un
cambio notable en las acciones
circulatorias;
parececeder
la tensión
sanguínea, desde luego los ángulos esfigmográ-
ficos aumentan de
grados
yde altura; el pulso,
en unapalabra,
senormaliza. Pero esto nada
nosexplica, debe de
ser efecto
secundario, puesto
quelos medicamentos
porsí
no
disponen de
unafuerza mecánica
que se opongaá la
fuerza de tensión
intravascular; antes al contrario, la
pre¬sencia del
agente medicinal
enunión del vehículo,
porpequeña cantidad
que sea,al entrar
enlos
vasossanguíneos
obrará
mecánicamente,
poracción de presencia, determi¬
nando un aumento de
líquido dentro de los canales circu¬
lares y como
consecuencia inmediata será
mayorla fuerza
de
presión;
causa porla
que nopodemos admitir
quelos
medicamentos antitérmicos provoquen
el descenso de temperatura obrando directamente sobre la
sangre y su actividad circulatoria.La causa es otra: basta recordar la causa de la
hiper- génesis térmica patológica (1)
paravenir
enconocimiento
de la manera de
producir
suacción los antitérmicos.
En el momento de
penetrar, los agentes terapéuticos
que nos ocupan, en
el organismo,
vanseguramente á obrar
en los centros
nerviosos, modificando
sufuncionalidad
yespecialmente
enla
masacerebral
ybulbo.
Esta modificación en la acción
nerviosa, localizada
en el cerebro ybulbo mencionado,
secaracteriza
poruna
falta de actividad dealgunos centros,
cuyohecho
creemos que notiene nada de particular;
puesasí
comola estrig-
nina localiza su acción en la
médula, estimulándola, lo
mismo
pueden los alcaloides defervecentes obrar sobre
ciertos
puntos de los mismos centros, anonadando la acción
ó haciéndola disminuir
grandemente.
De
cualquier suerte
que sea,los medicamentos
que nosocupan ponen en
acción al pneumogástrico,
qv.etiene la propiedad de disminuir
yáun anular si
sequiere las contrac¬
ciones
cardíacas, provocando lo
queha dado
enllamarse
(1) Consúltese el artículo Temperat,ura patológica de la Termome-
triaClínica porAlvero.
216 La Vetekinabia Contempobánea.
acción vaso-dilatadora del
órgano central de la circulacióo.
Dominado de esta suerte el
corazón, lo
restante delaparato circulatorio sigue la misma suerte; la relajación
de los vasos se
inicia, el
corazón modera sus revolucionesbajo el poder paralizador del pneumogástrico,
yel torren¬
te circulatorio
general sufre
unaespecie de éxtasis, tanto
más marcado cuanto mayor esla acción indirecta del
agen¬te iniciador delfenómeno.
Ahora
bien;
cuanto acabamos de decir parecenotener
conexión con los fenómenos de
termogénesis;
pero nopue¬den ser más estrechas las relaciones existentes entre uno y otro hecho.
Hemos
dicho,
ysi
nolo repetimos ahora,
quela
can¬tidad de calor
producido está
enrazón directa del oxígeno gastado;
y comoel torrente circulatorio
esel
que provoca el aumento ódisminución, según
suintensidad, de dicho material, claro
se está quetodas las
causas quecontribu¬
yan
á paralizar la circulación traerán
como consecuencia inmediata la disminución en Ja entrada deoxígeno, la
ve¬rificación más lenta de las oxidaciones y
el descenso de temperatura
por unahipogénesis térmica.
Josá M. Alvero.
fSe
continuarn.JLOS MEDICAMENTOS HEROICOS.
En las enfermedades sucede
igual
que enel orden de
las cosas;
llega
unmomento
en que pareceimposible des¬
viar de su fatal derrotero los
acontecimientos; la enferme¬
dad
llega á
unperíodo
en que seresiste á todo
tratamien¬to, sigue
sumarcha, presenta
susperíodos, llega al estado álgido,
yel profesor tiene
que cruzarsede brazos
aguar¬dando el funesto
desenlace,
que no en pocos casostiene
que
presenciar.
Cuando
llega á estos
casos nole queda al veterinario,
como al
médico, más
recurso queapelar á la medicación
La Veterinaria Contemporánea. 217
decisiva, á los agentes
quelos terapeutas han llamado he-
niicos con
justísimo motivo.
Por lo que
á nuestra parte concierne jamás
noshemos
cruzado de
brazos,
en la certeza de la muerte,sin
antes haberquemado el último cartucho, si
se nospermite la frase.
Claro se está que no
podemos
eneste lugar detallar
re¬glas generales,
puescada
casoreclama tratamiento dife¬
rente;
perorefiriéndonos á las enfermedades
queterminan
por
atonía, las
quedeterminan la muerte
por undecai¬
miento
orgánico general, hemos obtenido escelentes resul¬
tados con los
enérgicos excitantes vitales;
conlos
com¬puestos de estricnina.
Esta
sustancia, bien
seael alcaloide,
ora sussales, ejer¬
cen en la economía tan
poderosa influencia,
que, por esca¬sa que sea
la vitalidad
quereste á
unindividuo, la estrig-
nina la acentúa
más, la hace palpable, ocasiona
una revo¬lución en las
funciones, presta energía al organismo,
yel enfermo,
cuyavida
seveía extinguirse
pormomentos,
re¬cobra
fuerzas, resiste á la acción
destructora de losagentes morbígenos,
sereanima, lucha,
y, no en pocos casos sele
observa vencer ese
período de amortiguación general,
so¬breviniendo la crisis favorable que nos
anuncia la mejoría,
ó cuando menos el estacionamiento de la marcha
galopan¬
te de la dolencia.
A todo el mundo se le alcanzará que
esto
nosucede
en todos los casos; pero es
lo cierto,
que,entre
cruzarsedo
brazos y esperar
impávido la muerte del paciente, ó
procu¬rar, por
estos medios extremos, detener la corriente de la enfermedad, preferible
esesto último; al
menos,si
no con¬seguimos nada,
nosqueda la satisfacción de haber puesto
en
juego cuantos
recursosla terepéutica moderna
nos pro¬porciona.
Al menos este es nue.stro humilde parecer, que se
ha¬
lla en armonía con el de
prácticos eminentes -de nuestra época.
JosK M. Alvero.
218 La Vetebinaeia Contemporánea.
CIENCIA RECREATIVA
FOB
JOSÉ M. ALVEEO.
DOS AVENTUREROS. MATRIMONIO QUIMICO. LA GOTA DE
AGUA. CONFIDENCIAS MUTUAS. VIAJE INESPERADO.
Dentro del radio de atracción de nuestro
globo terrá¬
queo,
algunos centenares de metros sobre la superficie del
terreno y
envueltos
por unaatmósfera densa
ycargada de
nubes
tempestuosas, podemos
ver,si
enello fijamos nues¬
tra
atención, dos pequeñas porciones ó átomos de mateiáa,
que por
llamarles de algún modo, les llamaremos oxígeno
al uno é
hidrógeno al otro.
En el continuo vaivén y
agitado torbellino de las mo¬
léculas
aeriformes,
no esfácil describir ni deternliuar los
caracteres y
formas del movimiento
queanima á los áto¬
mos que
hemos señalado: bástenos decir
que,siguiendo di¬
ferentes
derroteros, chocándose
conlas partículas atmosfé¬
ricas, empujados
unas veces en unsentido
yotras
enotro, contrayendo
sutenue
masaá impulsos de la opresión
ve¬cina, ó extendiendo
susdelicadas partecillas cuando las
re¬laciones decontacto se lo
permiten, seméjanseá intranqui¬
la ave de
rapiña
quebusca
su presa,á aventureros incan¬
sables que con
tesón
yahinco buscan los medios de satis¬
facer sus naturales deseos, y
misteriosas inclinaciones.
En
efecto, el oxígeno,
que pareceanimado
ydestina¬
do á la constante
intranquilidad,
sele
ve comoimpelido
por
satánico esfuerzo, pudiendo, merced á esta cualidad,
abrirse paso por
entre las
masas,ir
yvenir, buscar
conla intranquilidad del individuo desesperado,
yotropellar
cuanto se opone
á
su pasoó puede perturbar
susdescono¬
cidas intenciones.
En uno de esos
giros ó desituaciones ejecutadas
por nuestro átomo deoxígeno, encuéntrase
caraá
cara conel
La Veteeinaeia Contempoeánea. 219
hidrógeno,
yseparados solamente
por unapequeña capa
deaire;
enel primer momento, cuando
por vezprimera
se divisaron nuestrosprotagonistas,
unsigno de desprecio pareció dibujarse
en sussemblantes; el hidrógeno intentó
la
huida,
pero nopudo realizarlo
porla multitud de
mo¬léculas que
le oprimían; el oxígeno,
cosasingular, quedó parado cual si misteriosa influencia hubiese cortado todos
sus medios de
acción, todas
susenergías intra-atómicas.
La
presencia del hidrógeno, trocó
enabsoluto el orden
de sus ideas.
Una fuerza de afinidad lo arrastraba bacía la
molécu¬
la de
hidrógeno; quería saludai-la
y noacababa de llegar;
quería abrazarla, sentía vivos deseos de oprimirla entre
sus invisibles brazos, peroalgo extraño lo impedía.
Obstáculos exteriores.
Dos ó tres veces intentó el
oxígeno llegar hasta
sucompañera
yotras tantas quedó inmóvil, sin poder fran¬
quear
la pequeña distancia
queles separaba.
De
pronto,
unavibración rapidísima agitó aquellas
masas
moleculares;
unruido atronador, acompañado de
destellos de
luz, dejóse oir
enel mismo instante; el orden
de las cosas
cambió; las
masas sechocaron
enel continuo
vaivén de las
vibraciones;
unacorriente,
unadesituación rapidísima, venció las resistencias é hizo
quela molécula
de
oxígeno
seprecipitase sobre el átomo de hidrógeno
que la recibió con los brazos abiertos Pero cosa extraña,bajo la influencia de aquella amistad, de aquel abrazo
y deaquel
excesode movimiento perdido
porel choque,
nuestros
protagonistas cambiaron de carácter, juráronse
fidelidad eterna, se
fundieron mutuamente
yapareció,
por
medio de esta extraña unión, de esto
que nos vamos átomar la libertad de llamar matrimonioquímico,
unsólo
individuo en
apariencia macroscópica,
pues enrealidad,
ambos
cónyuges guardaban
ensí
y serespetaban sus con¬
diciones, cualidades
ycaracteres individuales.
¿Qué había sucedido? lo diremos
endos palabras.
La fuerza de afinidad entre el
oxígeno
yel hidrógeno
hizo que
ambas moléculas
seuniesen entrando
encombi-
220
nación
química; al principio rehusaban la combinación
pol¬la falta de
condiciones; venidas
estas,uniéronse
conrapi¬
dez, pasando cá formar
unamolécula de
agaa\el hidrógeno
no
podía entrar
enconflicto
porfaltarle
uuaatomicidad,
pues
teniendo dos el oxígeno
senecesitaba la misma
pro¬porción
parapoder realizar la combinación: hubo necesidad
de una
enérgica influencia
para queel hidrógeno, apropián¬
dose ó hermanándose de una nueva cantidad de su misma
sustancia, pudiese corresponder á los deseos de unión de
su vecino el
oxígeno.
Realizóse al fin el fenómeno y como
resultado quími¬
co
inmediato, sobrevino la formación de
un cuerpo nuevo, de unagota, de
unamolécula de
agua(O. H.^)
Una vez verificada tan extraña
unión,
nuestros con¬sortes, animados
por unatemperatura agradable
ymecién¬
dose en los sublimes brazos de la
inmensidad, parecían
go¬zar su
dicha, demostrando
su mutuo contento porlas ín¬
timas afinidades de su alma
química.
—No me abandones nunca-—decía el
hidrógeno.
—He
jurado
sertuyo eternamente—contestaba el oxí¬
geno—y
grande ha de
serla
causa quede tí
me separe;sólo temo
¡ay!
que undía
eseinsólente habitante de los
mundos
materiales, el carbono,
nossorprenda;
puestal
essu
potencia
yel odio
que meprofesa,
quesiempre
que me encuentra reñimos mortalbatalla, concluyendo
por ven¬cerme y
aprisionarme;
pero notemas, si tal sucediera,
yome libraré de su
opresión
yte buscaré donde quiera
que te halles.—Desgracia sería
ygrande;
y¿cómo
melas arreglaré
yo para procurar que rae
halles
casode
que unaforzosa separación sobreviniese entre ambos?
—Muy sencillo;
conozco yo unlugar del cual sé todos
los
rincones,
enel
que contoda seguridad te encontraré
en muy pocos
segundos.
—¿Y cómo
sellama
eselugar? ¿Dónde está?
—Está allá
abajo,
enla superficie de la tierra,
y se llamaorganización viviente;
contal
quelogres entrar
ensu intrincado laberinto allí iré yo
á buscarte;
pero no pen-La Vetekinakia Contempopanea 221
sernos en
ello,
gocemosde nuestra mutua felicidad
ydes¬
echemos tristes
presentimientos.
En tanto que
nuestros protagonistas sostenían
suani¬
mada
conversación, la temperatura había subido algunos gi-ados,
ysin
queellos supiesen darse cuenta del fenóme¬
no, sus
partecillas constitutivas
sedilataban de
unmodo
extraordinario, ocupaban
mayorespacio
y,empujados de abajo arriba, subían lenta
ygradualmente, atravesando
ca¬pas gaseosas y
gozando del maravilloso
panorama quedi¬
visaban desde sus etéreas
regiones.
Ya se
proponía el oxígeno establecer
enaquellas deli¬
ciosas
regiones
susreales,
y yael hidrógeno
por suparte
había concebido la esperanza
de
pasar suluna de miel
entan puras y
deliciosas alturas,
pero nolo permitió el
destino.
Una
ráfaga de aire hizo sufrir tal desituación á
nues¬tras
pequeñas moléculas,
quefueron á poderse
reponerde
la sorpresa
á larga distancia del sitio donde
seencontraban;
y no
fué esto lo
peor,sino
que enel punto de parada ha¬
bía tal descenso de calor que
la gota de
agua vaporosa su¬frió una contracción ó retraimiento tan intenso que sus
partículas quedaron agrupadas
enreducidísimo espacio
ytomaron la forma cristalina.
Ño fué este cambio el que
molestó á los cónyuges,
antes al
contrario,
seaproximaron más,
seaumentó el ín¬
timo contacto y con
él creció la pasión amante de los (|uí-
micos
personajes: lo
que puso en graveaprieto á nuestros
héroes fué un brusco movimiento de descenso que se
ini¬
ció en la
pequeña
masa,el Cual amenazaba estrellarla
con¬tra la
superñcie del terreno.
—Únete
á mí—decía eloxígeno siguiendo
suvertigi¬
nosa carrera.
—¿Dónde
mearrastras?—decía la partícula de hidró¬
geno
acongojada—á mí
quesiempre
meha)\ gustado las
alturas, á mí
quenadie pudo sepultarme
enel abismo,
que,siempre he estado
porencima de todas las tribus materia¬
les; ¿dónde
meconduces? detengámonos. '
.—-No
puedo—replicaba hl ,oxígeno
condesesperación
222 La Veteeinaeia Contbmpobánea.
—nos arrastra un
poder superior;
vamosá visitar sin
que¬rerlo á nuestros
enemigos,
vamosá encontrarnos
conel carbono,
conla electricidad,
conNo
pudo concluir;
una capade aire, sumamente fría, dejó helada la palabra
en suslabios; las partículas constitu¬
tivas se habían
oprimido tan fuertemente,
queambos
seres sólo formaban un todo continuo yde extraordinaria dure¬
za;
la gota de
agua sehabía convertido
en unapiedra,
enun
granizo.
Desde este momento cesaronlas
lamentaciones; el frío
embotó todas las
energías de nuestros viajeros;
suexisten¬
cia sólo se manifestaba por
el papel de presencia,
susfa¬
cultades se hallaban reducidas á la
nulidad, á
cero, esde¬
cir á hielo.
Pero si nuestro grupo
viviente había desaparecido
como tal por
haber perdido
suscondiciones de forma
y es¬tado, allí estaba
como cuerpo, como masa, comoentidad química
y como masafísica.
En este último
concepto,
comotal
masa sehallaba
su¬jeta á las condiciones generales de todo
cuerpo,pesaba
más que
el aire desalojado,
yla fuerza de gravedad le hacía
descender con marcha uniformemente
acelerada, la cual
no cesaría hasta encontrar lasuperficie del terreno: nuestros
héroes iban á estrellarse
irremisiblemente,
y con unafuer¬
za
centuplicada, contra la insensible superficie de alguna
roca de
granito. ¿Sucedió así? Si el lector
escurioso
quenos
.siga al artículo siguiente. José M. Alvero.
MISCELANEA.
Según aviso oficial, queda abierta la matrícula
enlas
Escuelas de
Veterinaria, desde el 1.° al 30 del
mesde
Septiembre.
En Veterinaria bien será el 15 cuando se comience á
despachar
yadmitir solicitudes.
*
• *
La Vbteeinaeia Contempoeánba. 223
El
fomento de la cría caballar en España ha presenta¬
do el programa
de las
carrerasde caballos que se han de
celebrar en Madrid en
los días 20, 22, 27
y28 del pró¬
ximo mes de Octubre.
*
* *
La
naftalina ha recibido
unanueva aplicación terapéu¬
tica. En las toses
pertinaces da
muybuen resultado eva¬
porar
á fuego lento una porción de naftalina, la cual,
saturando la atmósfera
confinada, obra produciendo cierto
adormecimiento en las
acciones nerviosas
yhaciendo que
cese la tos; asegura
el autor de la noticia,
querepitiendo
la
operación varias veces, no sólo se calma la tos, sino que
se
consigue hacerla desaparecer
enabsoluto.
Conviene evitar una brusca
elevación de temperatura,
pues en
tal
caso sedesprenden vapores corrosivos suma- '
mente irritantes.
En
ensayarla, daremos á conocer á nuestros lectores
los
resultados; entretanto, aconsejamos
nodesperdicien la
ocasión de poner en
práctica tan interesante, útil y senci¬
llo
medio terapéutico.
*
* *
Sucedáneo.—Según afirma Thomas Drapes, la bipeca-
cuana
sustituye al cornezuelo de centeno como agente ute¬
rino; administrada
encocimiento
enla especie humana,
provoca
contracciones periódicas de las fibras de la matriz,
sin traer
consigo la tetanización
quetan común es en el
uso del cornezuelo.
*
* *
Moussenina.—Este
alcaloide, obtenido de la moussina antielmítica, planta de la familia de las leguminosas, su¬
pera,
terapéuticamente hablando, al Kousso; usado dicho
alcaloide en
pequeñísimas dosis, se triunfa casi siempre de
las belmintiasis más rebeldes.
Se
tratade librarlo al
co¬mercio dosificado.
224 La Veteeinvmy Contemporánea.
La sociedad
belga de Grynecología
yObstetricia ha
fundado un congreso
permanente de las cuestiones de
suespecialidad; las sesiones
secelebrarán
cada cuatroaños,
siendo la
primera
enlos días 14 á
19del próximo Sep¬
tiembre.
MATADEEO.
Eese.s
degolladas
enel Matadero de Madrid
en el año 1891 á 92.Vacas. Terneras Carneros Corderos Cerdos.
Eeses .
72.903 27.507 70.037 70.290 34.180
307.093=kil. 20.452.814.
%
*
La
(jumaca Veterinaria
quetendíaos el gusto de
cer á nuestros lectores desde el
presente número,
y queseguirá publicándose
enlugar de Va, Influenza,
quetermi
en el
próximo número, ha de
serdel agrado de los profe¬
sores y
de los alumnos; de éstos,
porquetendrán
unlibro
en querecordar las explicaciones de
suscatedráticos;
yaqué¬
llos,
porquehallarán
enla
nuevapublicación cuanto
con¬viene saber de los
agentes químicos,
conaplicación exclu¬
siva á nuestros
particulares estudios.
La obra no lleva
pretensiones de ningún género, lo
cual
quiere decir
queadmitiremos de ||buen grado las ob¬
jeciones
quesobre ella
se noshagan
enbuena ley.
José M. Alvero.
MADKTD: 1802.- DE JOSK Cií-VZApO, !DlVí^O PASTOU, NCMEKO 0.