LA mmm\k WEiPOiiANEA
REVISTA
CIENTÍFICA.
Año III, Madrid 31 de Mayo de 1892. Num. 56.
PATOLOGÍA Y TERAPÈUTICA.
EAUX-AUX-JAMBES.
¿FIMATOSIS?
Las diferencias de
apreciacidn de los datos clínicos y
las distintas
opiniones
queentre los prácticos existen, dan
margen
á
unacontinua confusión entre enfermedades más
ó menos similares.
La enfermedad que nos
entretiene
sehalla en este
caso: todavía no se
ha deslindado de
suscongéneres ni
se han descrito sus síntomasseparadamente, razón por la que
nos hemos decidido
á escribir algo sobre ella.
Queremos designar
conel nombre de fimatosis á la
enfermedad que se
presenta
enlas extremidades de los
solípedos
concaracteres parecidos al arestín, y que los
franceses denominan
eaux-aux-jamhes.
Esta
enfermedad, puramente local,
esde naturaleza pa¬
rasitaria, según Renier,
yal decir de otros autores obedece
á
simples cambios de nutrición de las partes enfermas. Las
circunstancias que concurren en
la afección parecen apoyar
esta última
idea;
perolos caracteres de que la enfermedad
se reviste y
el hecho de ceder al simple tratamiento anti¬
séptico demuestran lo contrario: las marcadas diferencias
que
tiene
conel horsepox, el cow-pox y el arestín, parecen
indicar que se
trata de
unaafección puramente físico-quími¬
cay en manera
alguna microbiana; á menos que de la alte¬
ración
propiamente dicha dimanen despues los parásitos
obrando como concausas.
114 La Veteeinabia Contempoeánea.
De un modo ú
otro,
enla enfermedad liay alteración
de los
tejidos cutáneos de las extremidades
yformación de
un
producto morboso
que no seproduce
enlas condicio¬
nes
normales,
cuyosdos hechos puede decirse
que sonlos
característicos.
A fin de que
podamos formar acabado concepto de
la
enfermedad, sin confundirla
conel arestín ó la viruela,
diremos que sediferencia de aquéllas
en que,lo mismo el
arestín que
el horsepox del caballo
y cow-poxde la
vaca,son enfermedades que
invaden á la economía de
una ma¬nera
general,
pormás
que susmanifestaciones
sean pura¬mente
locales,
en tanto queel eaux-aux-jambes de los franceses,
es unaafección puramente localizada,
y que porgrandes
que seanlos
progresos quehaga
nuncallega á
ge¬neralizarse.
Con el arestín es con
quien más
sesuele confundir
esta
enfermedad;
perobasta tener
encuenta las diferencias nosogénicas, etiológicas
yel carácter clínico,
para com¬prender desde luego
que sondos afecciones diferentes
yde
diagnóstico diferencial relativamente sencillo.
Además, si admitimos
queel horsepox
yel
cow-poxson alteraciones microbianas y
ésta
no,dicho
seestá
que
tal dato constituye
unprincipio de diferenciación,
que
será tan
seguro comoseguridades tenga lo primero.
La facilidad con que
cede al tratamiento,
esotro dato
que nos
puede servir de guía
parala diferenciación.
Síntomas.—El cuadro sintomático de esta enferme¬
dad
puede decirse
que esinvariable,
puesá excepción de
los casos en que
sobreviene alguna complicación, los
ca¬racteres que
presenta
soniguales
entodo el transcurso
de la dolencia.
Ocupa ésta
unaextremidad,
aunquelo regular
es que invada elbípedo anterior ó el posterior,
y veceshay
en que sepresenta á la
vez enlas
cuatroextremidades,
ysiempre ocupando desde las regiones carpiana
ytarsiana
para
abajo.
Comienza por
erizarse el pelo; la epidermis
seagrieta,
adquiriendo
sumáximum de intensidad
enla parte
pos-La Vbterinabia Contemporánea. 115
terior de la
región cuartillar: la
capadermética de la piel
se
tumefacta,
yá los dos ó tres días comienza
unaexuda¬
ción
especial
queaglutina los pelos,
se reseca yhace
que laparte tome el mismo aspecto
que enlos
casosde
ares¬tín y en
ciertas dermatosis.
Si en este
primer período
nollegan los agentes far¬
macológicos á modificar la marcha del
proceso, avanza este,la tumefacción
sehace más marcada, el dolor
esmás pronunciado, lu exudación
esmás intensa,
yá tal grado puede llegar
quedetermine
unamodificación completa
de los
tejidos cutáneos
yconjuntivo laxo hipodérmico,
cuyo
resultado
essiempre la formación de úlceras de bor¬
des redondeados y
profundas
quevienen á complicar
y agravarla dolencia.
Por los síntomas que
acabamos de
enumerar sepuede
traslucir cierta
analogía entre la enfermedad
que nos ocu¬pa y
el arestín;
peronosotros
nosinclinamos á
creer queson diferentes:
primero,
porla recidiva
ycaracteres de malignidad
queel arestín reviste
yel
proceso que nos ocupa no; ysegundo,
quela génesis
yetiología de ambos
procesos es
diferente, lo mismo
quelos .caracteres particu¬
lares de que
cada
proceso seacompaña.
Lo que
sí hay
eneste punto
es un errorde nombres
nacido de la similitud de las dolencias. Los franceses ha¬
cen sinónimas las
palabras eauœ-auœ-jambes
jphymatóse,
y nuestro inmortal Risueño tiene como sinónimos los subs¬tantivos arestín y
Jimatosis. A primera vista
sedesprende,
por
la combinación de palabras
y porel enlace del tér¬
mino
Jimatosis,
que setrata de
unasola enfermedad;
pero si leemos ladescripción de ésta,
en unos yotros autores,
vemos que
existe
unadiferencia notable, de la
que nos¬otros sacamos como conclusión que
el eaux-atiw-jambes de
los franceses no es el arestín de nuestro
país,
y que, segu¬ramente, no
deben
sersinónimas las palabras arestín
yJimatosis. Para evitar confusiones, nosotros
proponemosque se
denomine arestín la enfermedad
que contal
nom¬bre
venimosdescribiendo,
yJimatosis á
esaotra
quelos
franceses llaman
eaux-auoo-jambes.
116 La Veteeinaeia Contempoeánea.
Causas.—En la
parte etioldgica
esdonde mejor
se notan las diferencias con elarestín;
puesmientras éste
obedece á condiciones
generales orgánicas, la enfermedad
que nos ocupa,
llamémosla Jimatosis,
esocasionada
porcausas exteriores.
Se
presenta
enlas épocas de las grandes lluvias
y enaquellos animales
que sehallan destinados á trabajos
en que pornecesidad pisan barro
y sehallan sometidos á la
acción de las
humedades,
aguas cenagosas,etc.; lo cual,
unido á la poca
limpieza
yfalta
mayoró
menorde cuida¬
dos
higiénicos, determina, especialmente
enlos animales
linfáticos
(lo contrario
que enel arestín),
eseconjunto
de manifestaciones que
hemos convenido
enllamar fima-
tosis.
Complicaciones.—Si la
terapéutica acude á tiempo,
la enfermedad
concluye
por sertribial é insignificante;
pero en
el
casocontrario la enfermedad
sehace crónica, la
ulceración es un
hecho, la tumefacción toma incremento, el
animal
claudica;
ysi las
cosaspersisten
ental estado,
noes raro ver sobrevenir las alteraciones del casco con todas
sus fatales consecuencias.
Tratamiento.—Cuando la enfermedad se halla en el
período inicial suele
sersuficiente
con poner enprácticá
los
agentes terapéuticos higiénicos: limpieza, ejercicio
moderado,
cama seca,buena alimentación
yalgunas locio¬
nes de agua,
bastan
paratriunfar
en escasonúmero de
días.
Si la enfermedad ha tomado
incremento, modificando
la naturaleza de la
piel, suele darnos huen resultado la pomada sulfurosa;
pormás
quesi las lesiones del órgano
cutáneo son de
alguna entidad, acostumbra á fracasar
dicho tratamiento: en tal caso se
aconseja
usarlas locio¬
nes de agua
jabonosa seguidas de la impregnación de la parte
con unadisolución astringente (el sulfato de hierro
ó
cobre),
nofaltando quien
uselas soluciones de subli¬
mado corrosivo.
Nosotros
seguimos otra marcha, diferente
enparte;
después de bien lavada la parte
con aguatibia jabonosa.
La Veterinaria Contemporánea. 117
friccionamos varias veces al día con una mezcla de
glice-
rina y
percloruro de hierro.
Glicerina 100 gramos.
Percloruro de hierro
líquido.
. .10 id.
Mézclese para usar en
fricciones.
Cuya sustancia, á la
vez queobra
comoastringente poderoso, impide,
porla acción de la glicerina, el reseca¬
miento excesivo de la
epidermis, amortiguando
en su consecuencia el dolor quetal detalle ocasiona.
Al día
siguiente
sevuelve á locionar la parte para
limpiarla del polvo
ydemás agentes allí adheridos; si¬
guiendo después
conel mismo tratamiento del día an¬
terior.
De esta
suerte, continuando
coninsistencia, hemos logrado triunfar de los
casosmás rebeldes de fimatosis, ó
sea de la enfermedad denominada por
nuestros vecinos
eauœ-auœ
jambes.
José M. Alvero
i■-kioeooceco"'
DUDAS CLÍNICAS.
áLOS
FENÓMENOS PIRÉTICOS
DEBEN COMBATIRSESIEMPRE?
lia
pregunta parecerá extravagante,
puesel sentido
común dicta lo que
el práctico debe de hacer tratándose de
un estado
febril;
pero eslo cierto
que, sea pordescuido,
por creer
tribial el fenómeno, ó
por creerperjudicial el
provocar un
descenso de temperatura
enel animal enfer¬
mo,
lo cierto
es que no entodos los
casos seatiende al es¬
tado
febril, muchas
veces secombate de
unamanerasecun¬daria,
comosíntoma sin valor,
y nofaltan
casos enque se
prescinde
enabsoluto
parala curación del enfermo del
tratamiento racional de las manifestaciones
térmicas.
Hecha esta
aclaración,
para que seencuentre justificada
118 La Veterinaeia Contemporánea.
nuestra
pregunta,
veamoslo
que enla práctica sucede respecto á la fiebre
yla regla de conducta
que sedebe de seguir
enpresencia de
unfebricitante.
Desde
luego debemos dar
porsentado
queel estado
febril es una anomalía funcional del
organismo,
y como anomalía ó estadomorboso, la lógica
nosmanda combatir¬
lo. Ahora
bien; la liipertermia patológica puede tener di¬
ferentes
grados,
y en unostendrá
unvalor
efímero y en otros será deimportancia extraordinaria.
En lapráctica
no es
precisamente este detalle el
que seatiende
para com¬batir ó no combatir la
fiebre; todos
losprofesores, al
me¬nos los que
nosotros hemos podido observar,
seatienen
á otroprincipio más práctico, de más
segurosresultados
por el momento,el
cual consiste en llenarsimplemente la in¬
dicación
predominante,
esdecir, atender, cuando
seemplea
el tratamiento
sintomático, á las
manifestaciones de másbulto, dejando relegadas al olvido las
indicaciones quepudiéramos llamar secundarias.
Así,
porejemplo,
sepresenta
unapulmonía
eii eseperíodo álgido
en quetodos los síntomas
nos demuestranun desenlace
dudoso; la respiración
sedificulta, las conjun¬
tivas comienzan á cambiar su
rojo escarlata
porel color
negruzco;
la piel laxa, el pelo mal sentado, la mirada
apa¬gada, la adinamia pronunciada, el aplanamiento persisten¬
tey
el termómetro acusando
más de 40° c.ydécimas. ¿Qué
hacen la inmensa
mayoría de los ^Drofesores
en estecaso?
Atender
simplemente á la derivación; revulsivos,
venganrevulsivos,
ytales agentes
seestrellan
contra unapiel sin circulación, sin
condiciones deenergía vital
ysin cualida¬
des abonadas para que se
realice el deseado
fenómeno de derivación óexpoliación. Los medicamentos
noobran, dice
elprofesor,
y se cruzade brazos
en tan críticos momentos,esperando sin duda, alguna maravilla de
susistemático
yexpectante tratamiento.
Hay otros profesores
que vanmás allá; éstos, obre ó
no la medicación
tópica, echan
manode la
receta consabi¬da,
yla opiata kermetizada sale danzando,
sea cual fuere elperíodo de la enfermedad, así
sehalle
en elperíodo de
La Vbtebinaria Contemporánea 119
descomposición del pulmón. Entretanto, el estado febril,
que
unido á las lesiones orgánicas, acaba por momentos
con el
paciente, debilitando y consumiendo aquel organis¬
mo, pocos, muy pocos
son los profesores que se acuerdan
que
existen medicamentos antitérmicos que realizan ver¬
daderos
milagros terapéuticos;
enestos casos, jamás debe¬
mos olvidar que por
medio de inyecciones—traqueales ó
Idpodérmicas—podemos llevar rápidamente al sistema cir¬
culatorio un
agente
que,disminuyendo las oxidaciones
orgánicas, regularizando los fenómenos térmicos, puede
dar
treguas, restablecer el equilibrio circulatorio y con él
la actividad de la
piel
comoórgano antagónico á los inter¬
nos,
dar actividad á esta parte
yencontrar la deseada
acción de los
revulsivos.
Ya en este
punto,
nodebemos y no queremos pasar
en silencio un
lieclio harto lamentable
quehemos podido
observar en
algunos profesores mal avenidos con los mo¬
dernos adelantos en
la ciencia de
curar.Buscando éstos la
acción antitérmica de los medica¬
mentos, no en casos
racionales, sino en los desesperados,
en
aquellos
enque el azaramiento enti'a ya como circuns¬
tancia
indispensable, hemos visto combatir la fiebre ó tra¬
tar de
combatirla,
con un pocoàs, polvo de quina, adminis¬
trado de
cualquier modo, que para el caso es lo mismo. El
hecho no necesita
comentarios.
Pero
inconscientemente
noshemos desviado de nues¬
tro
punto de partida; esto es, si debemos ó no atender ó
combatir en
todos los
casosel estado febril.
Para contestar
satisfactoriamente á la pregunta, debe¬
mos tener
presente si los efectos del calor morboso en el
organismo
sonperjudiciales en todos los casos, y de tal
suerte
averiguaremos de una manera indirecta, si .debe¬
mos ó no echar mano
de las sustancias defervescentes, sean
cuales fuesen
las circunstancias
que enel animal concurran.
Bajo este punto de vista debemos dividir Iks enferme¬
dades en dos grupos,
congestivas y adinámicas; las primeras
que se
inician por desequilibrios circulatorios y aumento
de
temperatura,
ylas segundas que comienzan con gran-
120 La Veteeinaeia Contempoeánea.
des accesos de fiebre y
debilitación de todas las actividades
orgánicas.
Desde
luego,
enel segundo
caso,nosotros
tratamos de combatir la fiebre portodos los medios
que sehallan á
nuestro
alcance,
porque creemos quequitar el calor
exce¬sivo es
prolongar la vida
ydar treguas á
que sellenen las
restantes indicaciones que
el enfermo pueda exigir.
En el
primer
caso,ó
sea enlas enfermedades
que se inician portrastornos circulatorios, debemos distinguir dos períodos, el de estado
yel de invasión:
enel de estado
com¬batimos en todos los casos la manifestación
pirética;
y en el de invasiónhay
veces en queprescindimos de dicho síntoma,
porcreerlo secundario á
consecuencia quedes¬
aparecerá
enel momento
quela
causadeje de existir:
esmás, quizá
se noshaya ocurrido
enalgunos
casosdejar
obrar en toda su
plenitud al agente oxidante, esperando de
este fenómeno la debilitación de la actividad
orgánica,
porcreer necesario ó hallarse indicado el tratamiento antiflo¬
gístico.
De
cualquier suerte
que sea, creemosinútil atender á
la manifestación
hipertérmica
entodos aquellos
casos en quela enfermedad
esincipiente, de naturaleza congestiva,
y
el animal reclama
en esteprimer período
untratamiento antiflogístico sin contraindicación de ningún género.
En tales casos, antes que
á la fiebre, debe atenderse á
normalizar las acciones nerviosas
vaso-motoras, empleando
los sedantes del
aparato circulatorio ó tendiendo á
norma¬lizar la marcha de la sangre,
haciendo desaparecer los desequilibrios del riego sanguíneo local.
José M. Alvero.
La Veteeiwakia Contemporánea. 121
TERâPÉDTIGA..
EFECTOS LOCALES DE LA ESENCIA DE TREMENTINA.
(CONCLUSIÓN.)
De tal suerte
pasd el segundo día; al tercero vimos con
sorpresa que
la inflamación comenzaba ya ese descenso na¬
tural y
propio de todas las flegmasías que tienen asiento
en
partes declives; la tensión de la piel no era marcada,
el dolor se había
localizado á los puntos de las inyeccio¬
nes, y
el todo indicaba
unapronta desaparición del proceso.
Los días
subsiguientes fueron
yade más tranquilidad
para
el enfermo; las lociones emolientes y los paseos con- tribuj'eron á
quela tumefacción desapareciese por com¬
pleto.
Los exudados
inflamatorios, efecto sin duda de la
ra¬pidez del descenso,
no secoleccionaron y se reabsorbieron
en
totalidad, sin dar lugar,
porlo tanto, á los focos de su¬
puración.
La claudicación fué
cediendo á medida
quela tume¬
facción
desaparecía, hasta el extremo de que en los últi¬
mos paseos ya
hubo necesidad de sacarla con el jinete,
pues
de lo contrario saltaba
entales términos que hubiera
concluido por
lesionarse tercera
vez.Quedó terminada la
cura en13 ó 14 días.
Otro caballo de D. Esteban
Alvarez, venía padeciendo
desde
joven
unarelajación! de los pechos que le impedía
trabajar muchas temporadas.
La causa de la lesión fué el
trabajo de tiro
muy con¬tinuo cuando el animal tenía pocos
años,
y porlo tanto
poca
fuerza
en susmúsculos, y propensos á distensipnes
sus
ligamentos
yórganos tendinosos.
Las
inyecciones, repetidas
pordos veces, hicieron des¬
aparecer
la dolencia
enabsoluto.
122 La Vbtbbinaeia ContempokInea.
Este caso es tanto más
notable,
cuanto queel caballo
había sido tratado dos veces, una con la untura de
sevillà,
yla otra
con unlinimento, sin
que enninguno de los
ca¬sos se obtuviese la curación
completa.
En la
segunda
vez que sele practicaron las inyeccio¬
nes se formaron
grandes colecciones de serosidad,
que pormedio de la
punción fué extraída, sin
quesobreviniesen ni
focos de
supuración ni deformes cicatrices, ni nada
que hiciera desmerecer el valor del animal.*
* *
Un
caballo, de
razaespañola, buen estado de
carnes,y
destinado al tiro ligero, sufrió
unafuerte relajación de
las articulaciones
superiores de la extremidad torácica izquierda.
Prodújose tal lesión á consecuencia de los grandes
es¬fuerzos que
practicó
en unosdías
que, por causasdesco¬
nocidas, llegó á resabiarse
y noquiso tirar del coche;
ve¬rificando cada vez que se
enganchaba, grandes
ydesor¬
denados movimientos.
La lesión fué lo suficiente intensa para
tener
que re¬nunciar á las nuevas tentativas de
doma;
pues,particu¬
larmente en el momento de salir de la
caballeriza,
nopodía
el animal apoyar
la extremidad
enel suelo, tales
eranlos
intensos dolores que
debía experimentar.
En vista de
esto,
propusoel dueño dejarla descansar
unos
días; aplicáronsele
enlos dos primeros
unaslociones refrigerantes
enla parte afecta;
y comola claudicación disminuyese
engrande escala,
novolvimos á
ocuparnos del enfermo en cuatro ó seis días.Al fin de los
cuales, cuando esperábamos
queel des¬
canso habría hecho
desaparecer la cojera
enabsoluto,
vimos que,
al trotar
porel pavimento duro, seguía clau¬
dicando en bastante escala. El
propietario del animal,
que yaconocía los efectos de las inyecciones hipodérmicas,
propuso que
pinchásemos, palabra textual, mejor
que po¬nerle otra medicina que por
cualquier circunstancia lo
pu¬diera marcar,
haciéndole disminuir
de valor.La Veterinaria Contemporánea. 123
Y, efectivamente,
sele hicieron cinco inyecciones de á
cuatro gramos con
la jeringuilla de Pravaz
yla esencia de
trementina;
una enla parte superoposterior de la espalda,
otra en la
porción inferoanterior de la misma región, dos
en la
región articular denominada encuentro,
yotra
enla
parte superior
yposterior del brazo.
Al día
siguiente del
en que sehicieron las inyecciones,
tal era la
violencia
de lainflamación,
quecreimos
conve¬niente
practicar
unasligei-as escarificaciones á fin de dis¬
minuir
algún tanto la tensión local del humor sanguíneo.
El tercer día se notaba
presencia de líquidos extrava¬
sados en toda la
región ocupada
porla inflamación, espe¬
cialmente en los
puntos declives,
y comola tumefacción
era tan
extraordinaria,
nostemimos la formación de abs¬
cesos y para
impedirlo practicamos dos profundas incipun-
ciones á los lados y
debajo de la articulación escápulo-bu-
meral; de
cuyasheridas manó serosidad semisanguinolen-
ta en gran
abundancia. Al propio tiempo ordenamos las
lociones emolientes y
los
paseoscortos.
Las heridas no cicatrizaron mientras hubo
exudados
queeliminar,
setrataron
comosupuradas; además
secon¬
tinuaron las lociones y
los
paseoshasta la curación com¬
pleta,
quetuvo lugar á los diez días.
*
* *
Al mismo tratamiento hemos sometido un
buey
quesehallaba
relajado de los pechos, según término usado ge¬
neralmente.
El enfermo bahía sido ya,
cuando nosotros lo vimos,
víctima de los
gañanes;
puesle habían puesto lo
queellos
llaman las
agujas, sin
quelograran ningún género de me¬
joría.
Le
practicamos ocho inyecciones repartidas
enlas espal¬
das,
encuentros ypechos: la inflamación desarrollada fué
menos intensa que en
los
casosanteriores;
no seestableció supuración de ninguna clase ni salieron al exterior los lí¬
quidos exudados, todos
sereabsorbieron: la
cura serealizó
endoce ó
quince días, la enfermedad desapareció
porcom-
124 La Veteeinaria Contemporánea.
pleto;
yel animal,
quesigue prestando
susservicios de tiro pesado,
noha llegado á resentirse
nuevamente.Pudiéramos
citar más casosclínicos,
pero conlo dicho
nos parece
suficiente
para quenuestros comprofesores
en¬tren en deseos de ensayar
las inyecciones hipodérmicas de
esencia de trementina.
José M. Alvero.
SBGGI0R BXíFRPRJBRp.
Diagnóstico de la tuberculosis por medio de la linfa de
koch.—Degive, Dessart,
yStubbe,
catedráticos de la Es¬cuela Veterinaria de
Bruselas,
han llevado ácabo,
porencargo del Ministerio deAgricultura,
seriostrabajos
conobjeto de
determinar el valorquela linfa
de Kochpueda
tener como medio revelador de la tuberculosis en los animales domésti¬cos. De la comunicaciónque
los citados
veterinarios handiri¬
gido dando
cuenta de los resultadosobtenidos,
sedesprende:
1.°
Que
la tuberculinaconstituye
unmedio quepuede
serventajoso
para confirmareldiagnóstico
de la tuberculosis delganado
vacuno en todosaquellos
casos en los cuales sehayan
mostrado ineficaces losdemás medios de
investigación clínica, particularmente
el examenmicroscópico
yla inoculación
ex¬perimental.
2.°
Que
el aumento detemperatura (dos á
tresgrados) subsiguiente á
lainyección hipodérmica
dekochina,
es un síntoma casiindubitable de la existencia de latuberculosis,
y 3.° Que la faltade reacción quealguna
vez senotadespués
de la
inyección
en animalesafectos de tuberculosis en su úl¬timo
período, debe
ser atribuida al estado marasmódicoen que los enfermos se encuentran.Uso alimenticio de la carne equina y canina. En Mi¬
lán durante el año
próximo pasado,
se consumieron 3.606 ca-La Veterinaria Contemporánea. 125
ballos, 375
mulos
y110
asnos.Desde el 1.° de Abril de 1890
al 31 de Marzo del año
siguiente,
sesacrificaron
enPrusia
63.281 caballos, de los
cuales 618 fueron
en sutotalidad
re¬chazados para
el
consumopúblico,
y2.406
seutilizaron en
parte.Las localidades
endonde
sehace mayor gasto de carne equina,
sonlos distritos de Breslan
ySchleswig (más de 6.000
caballos),
Magdeburg, Merseburg, Arnsberg, Dusseldorf
(3.000), mientras
nollega á 100 el número de los que se con¬
sumieron en Gumbinnen,
Koslin, Bramberg, Lüneburg, Au-
rich,Koblenz,
yducado de Posen. Los mercados en donde se
despacha dicha carné', ascienden
enPrusia á 431.
En Baviera los estahlecimientos en
donde
seexpende
carnede perro,
han aumentado tanto,
queel Gobierno estudia
el modo de
regular tal comercio
yde proteger á los propiete-
rios de lascarnes, pues
la
mayorpai-te de la
carnepu^tá á la
venta
procede de
perrosrobados. í
*
* *
Inpusiqn intravenosa de cloruro de sodio en las
^iTe—
moeragias graves.—Lelchtenstem
da cuenta {Gentrab.f. Chir,
número 36)
de haber experimentado con'resultado satisfacto¬
rio en el hombre la infusión
intravenosa de cloruro de sodio
enocho casosde
hemorragia gastro-entérica
grave,advirtien¬
do que
la actividad cardiaca
sereanimaba notablemente al
mismo
tiempo
quela circulación
seregulaba, y el enfermo re¬
cobraba el conocimiento. La
cantidad de líquido trasfuso
em¬pleada, ha variado de medio á un litro, sin haber ocasionado
accidente de
consideración.
*
* *
Mediosencillo de conservar el virus
perineumónico.—
El
propuesto
porNocard (Bull, déla 8oc. centr. de Mé^. Vêt. 1892,
página 203),
esel siguiente:
«En un
pulmón hepatizado, intacto
ylo más fresco posible,
después de haberle lavado
conagua bien caliente se practica
una excavación de forma
cónica
que se preservadel polvo
126 La Veterinaria Contemporánea.
atmosférico,
cubriéndola con una campana de cristal. La re¬tracción que
experimenta
eltejido pulmonar
liace que gran cantidad de la serosidad virulenta se acumule en la cavidad practicada en elórgano:
con un sifónpreviamente
desinfec¬tado se extrae dicha
serosidad,
yá
un volumen de la mismase añade medio de agua
fenicada
al 5 por100,
yde glicerina
pura, se filtra la mezcla y se guarda en tarros bien cerrados
en
paraje fresco
yal abrigo
de la luz. Nocard hapodido
asiconservar el virus
perineumónico
pormuchotiempo,
yel
vete¬rinario
Mollereau,
que le haexperimentado
en suclientela,
usándole en
inyecciones
subcutáneas practicadas en laregión caudal,
medio de haberasegurarecogido
su eficacia: sietedelmodo indicadosemanas, y aunel virus,dos mesesba con¬y servado ésteperfectamente
suactividad,
ocasionandoextraor¬dinaria
tumefacción,
tan intensa enalguno
de los casos quese hizo
preciso
el amputar al animal la cola.»Invección intravenosa de virusrábico.—En el Instituto antirrábico y en
la
Clínica médica de la Universidad de Bolo¬nia,
el catedrático Murri ylos ayudantes
Novi yPoppi, han
realizado unaexperiencia
de interésgrandísimo.
Un
hombre,
mordido por un perrohidrófobo,
acudió á lacura preventiva de
Pasteur,
noobstante la cual se le presen¬taron los fenómenos de la rabia
paralítica, invadiendo
la cin¬tura, la
vejiga
yel
recto. Entonces sepensó
en recurrir á lainyección
intravenosa de virusfijo, desapareciendo paulatina¬
mente los
síntomas,
yconsiguiéndose
la curación delpacien¬
te. Inútil es decir la
importancia
de este hecho que de confir¬marse de nuevo se tendrá laprueba indiscutible de la bondad del método Pasteur.
Dilatación extraordinaria del estómago en un caballo.
—En la
autopsia
de un caballo de catorce años, elveterinarioKoch, inspector
del mercado deAgen,
enGermania,
ha vistoLa Vetbeinabia Contempoeánea. 127
las colosales
proporciones
queel estómago presentaba. Estaba
repleto de alimentos
yofrecía la forma de un huevo enorme,
pues
medía de longitud
unmetro 90 centímetros, y su trasver¬
sal erade un metro 46 centímetros. Lamucosa
del lado dere¬
cho ocupa una
extensión cuatro
vecesmayor que la del iz¬
quierdo.
Consumo de la caene en diferentes
naciones.—Según
una estadística oficial
inglesa,, el
consumoanual de
carnepor
cadahabitante es en
kilogramos:
111,0 en Australia.
64,4 en los Estados Unidos.
47,6 en La Gran Bretaña.
33,6 en Francia.
31,3 en Germania.
21,8 en Rusia.
29,0 en Austria.
31,3 en
Bélgica
yPaíses Bajos.
39,5 enSuecia y
Noruega.
22,2 en
España.
10,4 en Italia.
El ioduro de potasio en el tratamiento de la glositis
debida al AOTiNOMioosis del buey.—El
profesor Thomasseu,
de la EscuelaVeterinaria de Utrecht,
publicó
en1885 los
sa¬tisfactorios resultados obtenidos con la
administración inter¬
na del ioduro de
potasio,
ylas aplicaciones locales de tintura
de iodo en el tratamiento de la
glositis actinomicósica. Des¬
pués
limitó la
curaá sólo el ioduro, administrado diariamen¬
te, que
también respondió perfectamente á las indicaciones; y
por
último,
en24 de Marzo del año pasado, Nocard dió cuen¬
ta á la Sociedad Central de Medicina
Veterinaria'de París de
lasobservaciones del veterinarioG-odbille
Wignehies, referen¬
tes al mismo asunto. He
aquí
un resumende los resultados
obtenidos:
128 La Veterinaria Contemporánea.
Primer caso. Dosis diaria de 12 gramos en dos veces; me¬
joría
notable al décimodía ycuración
radicalal décimo octavo.Segundo
caso. Diez gramos en dos veces cada veinticuatrohoras;
curación á las dos semanas de tratamiento.Tercer caso. Dosisdecreciente de 15 gramos
el primer día,
de 13 al
segundo,
yde 11,
9,7,
6, en lossucesivos;
dado dealta al enfermo al duodécimo día.
Cuarto caso. Dosis
creciente, empezando
por5
gramoshas¬
ta
12;
seconsiguió el
restablecimiento de la salud en unaquincena de días.
El mismo
distinguido catedrático
Nocard ha tenido oca¬sión de
comprobar
la acciónespecífica del tratamiento
Tho-massen en una vaca de seis años, á la cual administró en el
primer día
6 gramosde ioduro,
y8
endos
vecesdurante
los días consecutivos. El alivio se advirtió al tercerdía,
yla
com¬pleta curación
en una semana.De lo
expuesto resulta,
queel ioduro de potasio
esel
agen¬te infalible contra la mencionada enfermedad.
Cota. ,
IMPORTANTE.
Obedeciendo á los deseos de sus
suscriptores, la Biblio-
feca-Alvero ha
mejorado
suscondiciones materiales
y aumentado el tamaño desusobras. Laprimera entrega
que hemosrecibido, tiene buen papel, elegante impresión
ynumerosos
grabados; esto, unido á la novedad del asunto,
hará degeneral aceptación la
nuevaobra del Sr. Alvero,
pues
trata de Los Microbios Patógenos, estudio
cuya nece¬sidad se
dejaba sentir
enVeterinaria.
Precio de la
entrega 2 reales. Los suscriptores á dicha
obra
recibirán,
comoregalo,
unalámina referente al
asunto y
encuadernable
conel libro.
Imprenta de José Cruzado, Divino Pastor, número9.