El Nuevo Periodismo y el deporte

Dans le document Las estrategias redaccionales y discursivas de las crónicas de Santiago Segurola en El País (1986- (Page 159-165)

3.1. LA PERIODÍSTICA DEL DEPORTE

3.1.2. El Nuevo Periodismo y el deporte

El escritor norteamericano Tom Wolfe (Virginia, 2 de marzo de 1931- 14 de mayo de 2018) y un grupo de periodistas como Gay Talese, Norman Mailer, Truman Capote, Jimmy Breslin, Joan Didion, Barbara Goldsmith, Hunter S. Thompson revolucionaron la profesión del periodismo a mediados de los años 60 con una nueva forma de contar las historias y un estilo que rompía con las pautas convencionales denominado Nuevo Periodismo. Una manera diferente de escribir que generó una conmoción en las entrañas del oficio periodístico. Estos nuevos periodistas de espíritu contestatario cuestionaron la intocable noción glorificada de la objetividad en el periodismo (Abril Vargas, 1999;

Chillón, 1999).

El Nuevo Periodismo surgió rompiendo con el paradigma objetivista y el aburrimiento de una profesión que relataba los sucesos de manera neutra y equidistante. Su éxito se vio favorecido por el contexto de movimientos sociales de contestación al sistema y de fechas simbólicas como Mayo del 68. En El arte de la ficción, David Lodge (2016: 14) explica que ese espíritu impugnador ha caracterizado a los grandes escritores: “Los buenos escritores no son buenos por acatar dócilmente los dogmas, es evidente, sino por la extrema libertad que se conceden a sí mismos a la hora de ponerlos en entredicho o quebrarlos […]. Los grandes narradores suelen ser grandes infractores, grandes desobedientes. […]”

Los integrantes del Nuevo Periodismo apostaron por la contracultura dentro de la tradición underground, renunciaron a la rigidez de los cánones dominantes y aplicaron técnicas de escritura propias de la novela. Los nuevos periodistas de espíritu impugnador se hicieron cargo finalmente de la función tradicional de la novela de describir la realidad social.

159 No era un movimiento ni había manifiesto, consistía en un proceder de contar las cosas y una manera de estar en la vida y de vivirla. El punto clave llegó con la publicación de A sangre fría de Truman Capote, nacida por entregas en 1964, en cuatro números consecutivos en The New Yorker, y encumbrada dos años más tarde en forma de libro.

El autor no denominó periodismo a esta narración sobre hechos auténticos con un gran valor literario sino novela de no ficción. Este libro puso de moda la narrativa documental con obras como Radical chic y Lo que hay que tener de Tom Wolfe, Los ejércitos de la noche y La canción del verdugo de Normal Mailer y La lista de Schindler de Thomas Keneally (Lodge, 2016: 281).

El gran éxito de A sangre fría contribuyó a que toda la crítica se rindiera ante el nacimiento de nuevo género, denominado Nuevo Periodismo con la portavocía de Tom Wolfe, que propugnó las técnicas de la ficción literaria en los textos periodísticos, y que publicó The New Journalism (1973), la canonización del grupo. En esta obra se establecen las características del género prestadas de la novela: “Contar la historia utilizando escenas, elegir el diálogo por delante del estilo indirecto, presentar los acontecimientos desde el punto de vista de alguien que participó en ellos y no desde una perspectiva impersonal e incorporar el tipo de detalles sobre abalorios, posesiones y lenguaje gestual de la gente que en la novela realista sirven como indicios de clase, procedencia y estatus social y personalidad” (Lodge, 2016: 283). Otras particularidades son el uso del presente histórico y la participación del lector como narratario, que crea la fantasía de presenciar un acontecimiento trascendental. En The New Journalism se recopilan diferente autores con textos de esta nueva corriente: Rex Reed con [¿Duerme usted desnuda?], Terry Suthern con [A la rica marihuana y otros sabores], Norman Mailer con [Los ejércitos de la noche], Nicholas Tomalis con [El general sale a exterminar a Charlie Cong], Barbara L.Goldsmith con [La Dolce Viva] Joe McGinnis con [Cómo se vende un presidente], Robert Christgau con [Beth Ann y la macrobiótica], John Gregory Dunne con [El estudio] y el propio Tom Wolfe con [La Izquierda Exquisita] y [Maumauando el parachoques].

El Nuevo Periodismo fue la muestra de que se podía recurrir a la literatura y emplear muchos géneros diferentes simultáneamente. “La resolución elegante de un reportaje y

160 una crónica era algo inaudito y nadie sabía cómo tomárselo ya que hasta el momento no se consideraba que tuvieran dimensión estética. El Nuevo Periodismo llevó esta cuestión a primera plano” explica Wolfe (1988: 25-26). Sus integrantes fueron acusados de impresionistas, de que era una nueva forma ilegítima de escritura, incluso de que se metían en la mente de los personajes, cuando era justamente lo que buscaban.

“Conseguir permanecer con la persona sobre la que vas a escribir el tiempo suficiente para que las escenas tengan lugar en tus propios ojos”, especifica Wolfe (1988: 76).

Los nuevos periodistas crearon un estilo literario innovador y rupturista ante los ataques de publicaciones reaccionarias como Columbia Journalism Review y The New York Review of Books y frente a unos profesionales arcaicos que se resistían a cualquier tipo de innovación acostumbrados a una estructura estable y aparentemente perpetua. Los nuevos periodistas provocaron un pánico exacerbado en una comunidad literaria que mantenía una estructura vertical oxidada. Asegura Wolfe (1973) que existía una clase alta burguesa representada por los novelistas mejor pagados, una clase media simbolizada por ensayistas y críticos literarios, una clase inferior constituida por periodistas, operarios pagados al día, y un lumpenproletariado, miembros de revistas baratas y dominicales. Finalmente los nuevos periodistas le dieron la vuelta a un sistema que se negaban a aceptar, construyeron una nueva hegemonía y sus textos se hicieron populares para todos los públicos. Juan Varela (2008) explica la característica rupturista en el Nuevo Periodismo: “Debajo de todo reportaje con voluntad de estilo sólo debe haber una cosa: reporterismo. Tom Wolfe recuerda el mandato de Felker. Es lo que pedía Bellows. Escríbelo como quieras. Al carajo las convenciones, pon tu voz. Pero que sea cierto, coño, ¡eres un reportero! La nada sutil división entre periodismo y literatura. Los hechos”.

En La banda que escribía torcido (2013), de Marc Weingarten, que narra la historia sobre el Nuevo Periodismo, el autor asegura que los nuevos periodistas son convertidos en nuestros sabios orientadores, nuestros heraldos, incluso en nuestra conciencia moral.

En esta obra se recogen las declaraciones de Truman Capote sobre la elaboración del su libro del que explica la teoría de que se puede coger cualquier tema y convertirlo en una

161 novela testimonio, con la persuasión de los hechos reales y la altura poética de la narrativa.

En conversaciones íntimas con Truman Capote el escritor asegura someter al lenguaje a sus estados de ánimos poéticos con voluntad de estilo y que siempre lo empieza todo por el final y de ahí va hacia el principio. También responde sobre el sufrimiento del oficio de escribir:

“Es una vida muy penosa enfrentarse todos los días con una hoja en blanco, rebuscar entre las nubes y traer algo aquí abajo. Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo y el látigo es únicamente para autoflagelarse” (Capote y Grobel, 1986:

87).

Este nuevo estilo del Nuevo Periodismo tuvo algunos antecedentes: George Orwell (1903-1950) con Homenaje a Cataluña (1938) y el andaluz Manuel Chaves Nogales (1837-1944) con obras como El maestro Juan Martínez que estaba allí (1934), Juan Belmonte, matador de toros; su vida y sus hazañas (1935). No es casualidad que el título de uno de sus libros cumbre A sangre y fuego (1941) se parezca en la titulación al que escribió Capote dos decenios más tarde. Todas sus obras bebían de la actualidad.

Vivía los hechos como un periodista y los contaba como si fuera un novelista. Esta técnica y manera de entender el oficio la recogió en el prólogo de A sangre y fuego:

“Cuento lo que he visto y lo que he vivido más fielmente de lo que yo quisiera” (Chaves Nogales, 2009: 31).

Chaves recurrió a técnicas empleadas más tarde por el Nuevo Periodismo como la construcción del relato escena por escena, al registro de los diálogos en su totalidad, al llamado punto de vista en tercera persona y al uso de detalles significativos en el entorno de los personajes que podían ayudar a caracterizarlos (Álvarez, 2013). Aunque, realmente, Chaves Nogales fue un continuador de la nueva forma de entender el periodismo en España desde el costumbrista Larra con exponentes como Pío Baroja (1872-1956), Azorín (1873-1967), D’Ors (1881-1954), Gómez de la Serna (1888-1963)

162 y Josep Pla (1897 – 1981) en la época del esplendor que vivió el periodismo español desde 1900 hasta 1936.

El Nuevo Periodismo no inventó las técnicas, esas posibilidades ya se habían utilizado con anterioridad. El norteamericano John Hersey (1914-1993) dos decenios antes del nacimiento de A sangre fría de Capote Hersey, cubrió la guerra mundial para Time, Life y The New Yorker, y ya usó estos procedimientos narrativos en sus reportajes, como Hiroshima, editado por Debate (2015).

Desde otros puntos geográficos, cabe destacar, el periodismo literario en Latinoamérica de José Martí (1853-1895), de Gabriel García Márquez (1927-2014) con Relato de un náufrago (1955), de Rodolfo Walsh (1927-1977) con Operación Masacre (1957), y generaciones posteriores con referentes como Tomás Eloy Martínez (1934-2010) y en la actualidad Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957), Alberto Salcedo Ramos (Baranquilla, 1963) o Leila Guerrero (Junín, Argentina, 1967). Sin olvidarnos de Europa con el polaco Kapuscinski (1932-2010), el alemán Wallraff (Burscheid, Alemania) y el italiano Leonardo Sciascia (1921-1989). Ni por supuesto de iniciadores franceses como los escritores Baudelaire (1821-1867) o Marcel Proust (1871-1922).

Cuarenta años después de la irrupción del Nuevo Periodismo, el periodista y profesor de la Universidad de Nueva York, Robert Boynton, es el creador de una nueva tendencia, bautizada con cierto oportunismo como el Nuevo Nuevo Periodismo estadounidense.

Boynton entrevistó durante sus clases del programa de Litetary Reportage a 19 escritores que crean libros de no ficción y que practican lo que él engloba en Nuevo Nuevo Periodismo.

Al igual que formulara Tom Wolfe, Boynton inaugura el Nuevo Nuevo Periodismo con un libro-emblema, The New New Journalism. Conversations with America’s best nonfiction writers on their craft, Boynton (2005). Cuyo título es el mismo que da origen a esta línea de investigación. Los 19 autores recogidos por Boynton son: Ted Conover, Richard Ben Crammer, Leon Dash, Richard Preston, Ron Rosenbaum, Eric Schlosser,

163 Gay Talese, Calvin Trillin, Lawrence Weschler y Lawrence Wright, William Finnegan, Jonathan Harr, Alex Kotowlitz, Jon Krakauer, Jane Kramer, William Langewiesche, Adrian Nicole Le Blanc, Michael Lewis y Susan Orlean. Todos ellos coinciden en que no existe la verdad absoluta ni la objetividad, sino la honestidad del periodista-escritor en llegar al corazón de una historia y hacerla fiable al lector.

A partir de esta terminología de Nuevo Nuevo Periodismo, Agustín Rivera (2011) recoge el guante y hace una lista de Nuevos nuevos periodistas en España con exponentes como Rosa Montero, Maruja Torres, Enric González, Ramón Lobo, Manuel Jabois, entre otros.

En la actualidad, el periodista David Simon (2010) con series de televisión como The Wire ha reclamado este proceso de escritura con expresiones como ‘que se joda el lector medio’. “Siempre me dijeron que pensara en el lector medio. Una persona ignorante que necesita que se le explique todo, ya mismo. Que le jodan, pero bien. Para gente que vive lo que cuentas, para gente de ese mismo mundo”, explica el guionista americano.147

Para resumir, el Nuevo Periodismo no es fue una escuela ni un movimiento planificado, sino una tendencia periodística. Fue alentada por iniciativas de revistas como Rolling Stone, Esquire, Playboy, Harper’s Magazine, Ramparts, The New Yorker, The Village Voice, que pronto observaron el éxito del producto periodístico. Cabe destacar principalmente New York Magazine, revista suplemento que se escribía a la voz de Jim Bellows: “Los diarios no tienen que ser aburridos”. También siguieron esta senda y apostaron por el Nuevo Periodismo revistas deportivas como Sports Illustrated.

Los componentes del Nuevo Periodismo empezaron como periodistas especializados en manifestaciones de la cultura popular norteamericana y uno de los temas predilectos fue el deporte con Sport Illustrated de estandarte. George Plimpton acompañó como reportero en sus entrenamientos al equipo profesional de fútbol americano de los Detroit

147 Simon, D. (2010). The Wire. 10 dosis de la mejor serie de televisión. (Trad. Moreno Carrillo, B.) Errata Naturae

164 Lions, jugó con ellos, convió con los jugadores y hacía los ejercicios en los entrenamientos. Desarrolló tal relación íntima con los deportistas que acabaron pidiéndole que jugara. Esta técnica de escritura dio lugar a las obras: Paper Lion con el fútbol americano; The Bogey Man en su periplo por el golf profesional; y Shadow Box sobre sus experiencias en el boxeo. A cerca de la figura de Ali uno de las mejores estampas es la que creó el reportero David Remnick con la obra King of the World:

Muhammad Ali and the Rise of an American Hero (1998). La materia prima del deporte refleja costumbres, estéticas y maneras de vivir extraordinarias para la literatura, como así lo demuestra la recopilación de textos deportivos de Gay Talese con The Silent Season of a Hero (2010) que investiga la vida y obra de estrellas y derrotados del deporte. Sobre todo desde el punto de vista de boxeadores como Floyd Patterson, espiándolos y hablando con todo tipo de familiares y compañeros.

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