De la cultura y la identidad cultural

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MARCO TEÓRICO

1. Sobre los objetos de estudio

1.1. De la cultura y la identidad cultural

El primer uso de la palabra cultura tiene su origen en el siglo XVII en Europa, donde se utilizaba como reemplazo a civilización, en el sentido de una sociedad con un orden político. Lo opuesto era considerado barbarie y salvajismo. Progresivamente, los racionalistas fueron matizando concepciones en torno a cultura y civilización, poniendo a la primera más cercana a un orden externo, racional, universal y progresista; mientras que cultura, se refiere a las tradiciones locales, al territorio, al espíritu. Recién hacia mediados del siglo XX, el concepto de cultura se asoció más a una visión humanista, relacionada con el desarrollo intelectual y espiritual del individuo, que incluía a todas las características, actividades e intereses de su pueblo.

Aunque existen diversas definiciones, en general, todas coinciden en que cultura es lo que le da vida al ser humano: sus tradiciones, costumbres, fiestas,

23 conocimiento, creencias, moral. Existen manifestaciones culturales que expresan con mayor intensidad que otras su sentido de identidad, hecho que las diferencias de otras actividades que son parte común de la vida cotidiana. Por ejemplo, manifestaciones como la fiesta, el ritual de procesiones, la música, la danza. A estas representaciones culturales de gran repercusión pública, la UNESCO las ha registrado bajo el concepto de “patrimonio cultural inmaterial”.

Se podría decir que la cultura tiene varias dimensiones y funciones sociales, que generan: un modo de vivir, cohesión social, creación de riqueza y empleo y equilibrio territorial. (Molano, 2007)

Admitiendo que “la cultura es un universo de sentidos que no se comunica ni existe independientemente de su modo de producción, de circulación y de recepción, consumo o reconocimiento” (Brunner, 1996). Reconocemos entonces la cultura como un sistema que, de alguna manera, busca perpetuarse al tiempo que evolucionar en tanto es capaz de remitir y transmitir sus valores; sin importar el medio que utilice para ello. Como resultado de este proceso al interior de un grupo humano, delimitado por variables territoriales, étnicas, sociales, lingüísticas o de cualquier otra índole; se producen una serie de rasgos (más o menos constantes) que terminan definiendo una identidad para dicho grupo.

Hablar de identidad cultural requiere, en primera instancia, entender el sentido de pertenencia a un grupo. Pertenecer implica compartir costumbres, creencias, valores e ideales. En general rasgos culturales que definen y caracterizan, en tanto las variables mencionadas en el párrafo anterior agrupan y delimitan.

La identidad, vista como el conjunto de elementos materiales y simbólicos que permiten al individuo reconocerse como parte de un grupo, institución, raza, género, pueblo, nación, le confiere certeza de que el deber ser que ha intentado seguir responde al compromiso que tiene con su sociedad. Le dota del sentido de pertenencia, lo protege, pero también lo obliga a cumplir el rol que le corresponde. (Montesinos, 2007)

24 Hablamos entonces de que la identidad no solo da sentido de pertenencia, además establece un modelo paradigmático de conducta. La pertenencia establece además la necesidad de corresponder al nicho o refugio brindado con el respeto, aceptación y seguimiento de las normas y modelos impuestos por la comunidad.

La identidad se liga a la historia y al patrimonio cultural. Ésta no puede existir sin la memoria, sin la capacidad de reconocer elementos simbólicos que le ayudan a construir el patrimonio de su cultura. La identidad es entonces tan plural en sentidos como lo es la cultura misma. De este modo la producción de sentidos abarca terrenos tan amplios y diversos como la etnía, el nivel socio económico o el género que podríamos considerar como configurantes de las macro identidades. Por otra parte, encontramos que en territorios específicos, se dan peculiaridades resultantes de los procesos históricos, sociales y etnológicos que constituyen micro identidades específicas. El estudio de estas micro identidades podrían ayudar a configurar un ‘mapa’ cada vez más completo (y complejo) de la cultura.

El estudio de las identidades locales se vuelve un foco importante en los estudios culturales en la actualidad. En los estudios más recientes se ha presenciado una tendencia a valorar el papel de la cultura, los rasgos que identifican a un pueblo, como actor de su desarrollo territorial. “La identidad es el viejo territorio del patrimonio y no es de extrañar que entre los objetivos reconocidos por la mayor parte de actuaciones patrimoniales que se realizan en estos ámbitos, figure la reconstrucción de las identidades locales” (Molano, 2007).

Para cualquier intento de comprender la forma en que los individuos se perciben o son percibidos por el grupo humano del cual son parte activa es

25 necesario entonces definir los rasgos identitarios que permiten identificar a dicho grupo (o por los que el grupo de auto define). Existe un consenso en este sentido, que nos acerca al concepto de las micro identidades.

Por eso se dice que la sociología no puede tratar el tema de la identidad como un fenómeno ligado solo a la conservación de ciertas formas de vida social, pues la identidad misma está sujeta a cambios que forman parte de transformaciones sociales más amplias. (Bermejo & Muller, 2014).

Para entender lo que conceptualmente se entiende por identidad cultural, primero se debe entender qué es la identidad. Conceptualmente, identidad es un término que debe entenderse desde la pluralidad, el problema de la identidad es el problema de las identidades, y éste tiene tres enfoques, principalmente; el primero es el estático, el que otorga a un individuo su identidad según el lugar al que pertenece, no muta, y permite distinguir lo que es propio de un grupo. El segundo enfoque es el histórico, el que relata que las identidades se transforman según los acontecimientos, es algo abierto siempre en proceso de cambio. El tercer enfoque, en cambio, se acerca a pensar la identidad como una construcción discursiva, una creación que parte desde la narración del sujeto.

Entonces, ¿Cuál es la identidad cultural Latinoamericana? La primera aproximación sería la interpretación indianista. En este sentido si queremos pensar en la verdadera identidad Latinoamericana, deberíamos remontarnos 500 años atrás, antes de la colonización y pensar en nuestra cultura actual, como lo fue antes de Colón. Reconectarnos con la civilización de la igualdad y el poder cósmico. Por un lado, la recuperación de idiomas como el quechua, con las vestimentas y costumbres propias de sus pueblos es un intento de rescate cultural.

Por otro lado, se presenta la teoría que somos unas sociedades occidentales, es decir, nuestra cultura no presenta mayores cambios a las de los países occidentalizados, a diferencia del Medio Oriente o África, América Latina no presenta culturas tradicionales vigentes que sean realmente distintas a las

26 occidentales. Lo cual responde a la teoría que somos una cultura cuya identidad se manifiesta como resultado de los medios masivos.

Otra teoría que surge es la del mestizaje. Se sostiene que la cultura Latinoamericana es el resultado de la fusión de las culturas originarias, negra y europea. Por ende, la identidad Latinoamericana es un caso de consciencia que quiere alcanzar la modernidad, gracias a los alcances occidentales, pero está presa en una parte de su pasado indígena y de la tradición colonial.

Ahora que se entienden todas las posturas y tesis respecto a la identidad cultural latinoamericana, hay que tener especial atención en la comprensión que una tesis alcanza mayor verisimilitud y arraigo que otra en ciertos espacios culturales. Por ejemplo, en México y Guatemala la teoría indianista tiene mayor arraigo. La del mestizaje cultural, por ejemplo, tiene mayor arraigo en Colombia, tanto como en Venezuela. La teoría de la modernidad en cambio, tiene mayor valoración en países como Argentina o Uruguay, donde culturalmente tienen una mayor identificación hacia la colonización europea. Así como el rescate de sus costumbres y cultura. “Las identidades latinoamericanas serían internamente y externamente conflictivas, conviviendo en ellas dos posiciones y figuras sociales contrapuestas, las del dominador y la del dominado, que conviven en un mismo sujeto y colectividad.” (Vergara, Jorge, & Gundermann, 2010).

Por ende, resulta conflictivo pensar en una única identidad cultural en Latinoamérica, la sola idea, niega la existencia de otras identidades, ya que imposibilita la captación de la diversidad, provisoriedad y diferenciación que se está produciendo actualmente. Para Jean Paul Sartre el ser humano es un proyecto en coexistencia siempre abierta e incompleta, que solo se estabiliza con la muerte, que representa a la vez, el triunfo de la mirada de los otros y, la imposibilidad de autodefinirme (Sartre, 2006 [1943]).

27 Estudiar las identidades ecuatorianas, y particularmente la guayaquileña, es implica la revisión de variables de carácter histórico y explorar las relaciones de dominación de una comunidad blanco-mestiza sobre la sumisión de otra de origen nativo. Como otros grupos geo étnicos del Ecuador, Guayaquil es el resultado de una población asentada (Álvarez, 2002), que ha moldeado su identidad a partir de procesos de conquista y colonización (Bauer, 2010). La construcción identidad guayaquileña implica no solo variables históricas, como ya se dijo, sino otras de carácter estructural como la identidad de género.

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